Estado clínico de una cohorte de pacientes después de la hospitalización por Covid 19

por | 2 Nov, 2021 | Post Covid | 0 Comentarios

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Más de la mitad de los pacientes sobrevivientes del Covid-19, que tuvieron enfermedad grave o crítica con hospitalización, persiste con síntomas a los 4 meses del inicio de la enfermedad.

El 51% declaró al menos 1 síntoma que no tenía antes del del Covid-19:

– 31% reportó astenia.
– 21% reportó síntomas cognitivos.
– 16% reportó disnea de reciente comienzo.

En casi el 40% de los pacientes evaluados ambulatorios se objetivó algún tipo de deterioro cognitivo.

Casi 1/4 de los pacientes presentó síntomas psiquiátricos y 3/4 de los que estuvieron internados en UTI tuvo signos de neuromiopatía con debilidad.

Estás son algunas de las conclusiones publicadas en marzo de este año en JAMA en Estado clínico de una cohorte de pacientes después de la hospitalización por Covid-19, escrito por un grupo de la Universidad de París, Francia.

Evaluaron a 478 pacientes que habían estado internados por Covid-19 grave o crítico en un hospital universitario de París, entre los 3 y 4 meses de la fecha de inicio de síntomas, con entrevistas telefónicas a todos, y a los seleccionados (todos los que estuvieron en unidad de cuidados intensivos más los que tenían síntomas persistentes distintos, a anosmia), se los convocó a una consulta ambulatoria, donde se realizó un exámen físico, una TC de tórax, pruebas de función pulmonar (test de marcha de 6 minutos, test de provocación de la hiperventilación y DLCO), laboratorio y ecocardiograma transtorácico.

Además, se los sometió a cuestionarios de screening de astenia, déficit neurocognitivo y disnea. La edad media de los pacientes fue de 60.9 años, y el 57.8% eran hombres.

En la entrevista telefónica (n=478), evaluaron una lista de síntomas y usaron un cuestionario de screening cognitivo.

De 478 pacientes, 244 (51%) , declararon al menos 1 síntoma que no existía antes del Covid-19:

– Astenia (31%).

– Síntomas cognitivos (21%), incluídos trastorno de la memoria, lentitud mental y problema de concentración, al menos una vez a la semana.

– Disnea de reciente comienzo(16%), y parestesias persistentes (12.1%, siendo llamativo esto, en otros trabajos de post-COVID no se reportan con tanta frecuencia).

Se invitó a todos los pacientes que habían estado en UTI (Unida de Cuidados Intensivos, 142, de los cuales 73 habían estado intubados), y a aquellos con sintomas persistentes, a una visita ambulatoria.

En total asistieron al control 177 pacientes: 97 que habían estado en UTI (de 142 invitados) y 80 pacientes que no habían estado en UTI (de 152 invitados). Se ve aquí en proporción, como los que estuvieron más graves estuvieron «más interesados» en el control ambulatorio. En la visita ambulatoria, en las encuestas de salud y de astenia, las puntuaciones dieron al menos una afectación moderada.

En la evaluación neurológica, de los pacientes con quejas cognitivas (159), el deterioro cognitivo se confirma en 61 (38.4%) pacientes. Esto fue más frecuente en los de 75 años o más.

En los pacientes que habían estado internados en UTI se observó ansiedad, depresión y síntomas de estrés post-traumático en el 23.4, 18.1 y 7.4%, respectivamente. Entre los 51 pacientes que habían estado intubados, se observó debilidad muscular por neuromiopatía en el 27.5% de los pacientes.

Se les realizó una TC de tórax a 171 pacientes: el 75.5% de los que habían estado intubados tenían alteraciones, y el 58.2% de los que no habían estado intubados.

La anomalía más común, los infiltrados en vidrio esmerilado, presente en el 42.4% de los pacientes (37.2% de los que no estuvieron intubados y 55.1% de los que sí).

19.3%, presentaron lesiones fibróticas a predominio subpleural, en los 4 lóbulos, con compromiso de menos de 1/4 del parénquima. La fibrosis estuvo presente en el 38.8% de los que 12.2 de los que no habían estado intubados, y 36.2% de los que si). Las reticulaciones estuvieron presentes en el 69.6%.

Se realizó una evaluación respiratoria de los 177 pacientes: En la puntuación de Nijmegen, 20.9% tuvo una respiración disfuncional. En más de la mitad de confirmó esto comuna prueba de provocación de la hiperventilación. Ninguno de estos tenía fibrosis.

De los 78 pacientes de los pacientes que relataron disnea, en 61 (78.2%) se pudo identificar una causa:

–  Alteraciones tomográficas en 44 (56.4%).
– Confirmación se la disfunción provocación de la hiperventilación en 14 (17%).
– Enfermedad pulmonar preexistente en 7 pacientes (asma no controlado, EPOC, SAOS).
– Disfunción ventricular inquieta en 3 pacientes.
– Desacondicionamiento físico, en 2 pacientes.

La media de la DLCO fue de 78% del esperado en 152 pacientes evaluados fue del 77% en los 49 pacientes eu tuvieron Síndrome de Distrés Respiratorio del Adulto.

Se les realizó un ecocardiograma a 83 pacientes: 8 (9.6%) tenían menos de 50% de fracción de eyección de ventrículo izquierdo, y ninguno tenía menos de un 40%. Todos habían estado en UTI. Esto nos marca como en los pacientes que cursaron una internación en UTI, el ecocardiograma podría ser mandatorio.

95 de 478 pacientes (19.9%) habían experimentado insuficiencia renal aguda (IRA) durante la internación: solo 2 persisitían con insuficiencia renal a los 4 meses. Ambos habían estado en UTI.

El 97.2% de los pacientes tenía anticuerpos positivos contra el SARS-CoV-2 a los 4 meses.

En conclusión, a los 4 meses de haber estado internados, más de la mitad presentó al menos 1 síntoma, siendo los más frecuentes astenia, problemas cognitivos y disnea (seguido por parestesias persistentes).

En los que se realizó una TC de tórax, se vieron alteraciones persistentes con frecuencia, siendo la fibrosis poco frecuentes (hubo alteraciones, pero no fueron graves).

La disfunción cardíaca persistente fue poco frecuente, y todos los casos de dieron en los que habían estado en UTI (casi el 10%). De los pacientes que presentaron IRA, la mayoría se había recuperado.

Se ve aquí como un buen enfoque de control post-COVID de pacientes internados, con un examen ambulatorio y estudios complementarios, podría aplicarse a todos los que estuvieron en unidad de cuidados intensivos, y a aquellos con síntomas persitentes distintos a anosmia. Está evaluación debería incluir examen físico, test de screening de calidad de vida, astenia, trastornos neurocognitivos y psiquiátricos, TC de tórax, prueba de función pulmonar y un ecocardiograma transtorácico.

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