Puntos Clave
- La exposición aguda al cigarrillo electrónico se asocia con aumentos significativos en la frecuencia cardíaca y la presión arterial sistólica y diastólica en comparación con no usuarios.
- En comparación con fumadores convencionales, los usuarios agudos de e-cigarrillos presentan una menor frecuencia cardíaca, aunque sin diferencias en la presión arterial.
- Los vapeadores actuales que nunca fumaron no muestran alteraciones cardiovasculares significativas frente a no usuarios, pero sí parámetros más favorables que los fumadores activos.
- La transición a corto y mediano plazo del cigarrillo convencional al electrónico puede mejorar el flujo sanguíneo y la presión arterial, particularmente en mujeres y jóvenes.
- No se halló evidencia concluyente que vincule el uso de e-cigarrillos con
enfermedades cardiovasculares, disfunción cardíaca ni remodelado estructural.
Metodología
Se llevó a cabo una búsqueda sistemática en seis bases de datos, seleccionando estudios originales en humanos, modelos animales y ensayos in vitro, con exclusión de investigaciones cualitativas.
La exposición al e-cigarrillo se clasificó en tres categorías: aguda, a corto/mediano plazo y a largo plazo. Se aplicaron herramientas específicas de evaluación del riesgo de sesgo en estudios en humanos y se realizaron metaanálisis cuando la heterogeneidad lo permitió.
Resultados
Se incluyeron 63 estudios en el análisis principal, 12 en el metaanálisis y 32 en análisis de subgrupos según factores socio demográficos.
Más del 50% de los estudios en humanos presentaron bajo riesgo de sesgo. La exposición aguda al e-cigarrillo se asoció con un aumento significativo de la frecuencia cardíaca (FC) (diferencia media [DM] 11,3 lpm; p<0,01) y de la presión arterial (PA) sistólica (DM 12,9 mmHg; p<0,01) y diastólica (DM 7,7 mmHg; p<0,01) en comparación con no usuarios. En contraposición, la FC fue menor en usuarios agudos de e-cigarrillo frente a fumadores convencionales (DM −5,4 lpm; p<0,01), sin diferencias significativas en PA sistólica o diastólica.
En usuarios actuales de e-cigarrillos que nunca fumaron, no se hallaron diferencias
significativas en FC o PA en reposo respecto a no usuarios, aunque sí se observaron
valores menores de FC (DM −2,6 lpm; p<0,01) y PA diastólica (DM −3,2 mmHg; p<0,01) al compararlos con fumadores activos de cigarrillos convencionales.
Aunque se reportaron indicios de disfunción endotelial asociada al uso de e-cigarrillos, la transición de corto a mediano plazo desde el cigarrillo convencional hacia el e-cigarrillo podría traducirse en mejoras en el flujo sanguíneo y la PA, especialmente en mujeres y personas jóvenes.
Hasta la fecha, no se ha encontrado evidencia concluyente que vincule el uso de e-cigarrillos con enfermedades cardiovasculares establecidas ni con disfunción o remodelado cardíaco.
Conclusiones
La revisión destaca ciertos efectos agudos del e-cigarrillo sobre parámetros
cardiovasculares, así como beneficios potenciales en usuarios que transicionan desde el cigarrillo convencional. Sin embargo, la evidencia actual sigue siendo limitada y se
requieren estudios longitudinales de alta calidad para dilucidar los riesgos cardiovasculares a largo plazo del uso de estos dispositivos.
Discusión
La revisión sistemática presentada aporta evidencia relevante sobre los efectos
cardiovasculares del cigarrillo electrónico, en un contexto de creciente preocupación por su impacto a corto y largo plazo. Si bien los datos muestran un aumento agudo de la frecuencia cardíaca y la presión arterial tras su uso, estos cambios hemodinámicos no difieren significativamente de los observados con el cigarrillo convencional, e incluso son menos marcados en cuanto a la frecuencia cardíaca. Esta observación concuerda con trabajos previos, como los de Benowitz et al., quienes han señalado que la exposición a nicotina, independientemente del vehículo de administración, genera respuestas simpaticomiméticas agudas similares, aunque con perfiles tóxicos distintos en relación con los productos de combustión.
No obstante, la ausencia de evidencia concluyente sobre la asociación entre el uso de
cigarrillos electrónicos y enfermedades cardiovasculares, estructurales o eventos clínicos mayores refuerza la necesidad de estudios longitudinales y multicéntricos. En esta línea, algunas sociedades científicas han advertido que, aunque el vapeo podría representar una estrategia de reducción de daños para fumadores adultos que no logran cesar el consumo convencional, su uso no está exento de riesgos y su seguridad a largo plazo aún es incierta.
Esta postura se alinea con los hallazgos de la revisión, que sugiere beneficios potenciales en la transición del cigarrillo al vapeo, particularmente en parámetros como la presión arterial y el flujo vascular, aunque sin poder establecer aún una relación causal directa con mejoras en el pronóstico cardiovascular.
Otro punto crítico es la variabilidad en la composición de los líquidos utilizados para vapear, y su potencial efecto citotóxico o pro inflamatorio, como ha sido señalado en estudios in vitro y en modelos animales. Tal heterogeneidad limita la extrapolación de resultados y plantea un desafío metodológico para futuras investigaciones clínicas. Además, el perfil socio demográfico de los usuarios (jóvenes, no fumadores previos y mujeres en crecimiento porcentual) introduce nuevas variables que deben ser consideradas, tanto en la investigación como en la formulación de políticas sanitarias.
En conclusión, aunque el cigarrillo electrónico podría representar un riesgo cardiovascular menor en comparación con el cigarrillo tradicional en exposiciones agudas y transitorias, su inocuidad a largo plazo no está demostrada. La comunidad científica debe mantener una postura crítica y basada en la evidencia, evitando tanto la demonización sin sustento como la aceptación acrítica de estos dispositivos como una alternativa segura.