Un pequeño problema
La contaminación por microplásticos se ha convertido en una preocupación global.
Se plantearon en los últimos años interrogantes acerca de su presencia dentro del cuerpo humano y sus efectos nocivos.
Si bien se han detectado microplásticos en varios órganos del cuerpo humano, como los pulmones, el intestino, el hígado, la placenta, el semen, y el torrente sanguíneo, hasta donde sabemos, no ha habido estudios publicados que informen sobre su presencia en el cerebro humano.
La presencia de la barrera hematoencefálica es probablemente un factor limitante importante para el acceso de estas partículas al cerebro humano.
Algunos estudios en animales han demostrado que
los microplásticos pueden dañar la barrera hematoencefálica y llegar al cerebro a través de la ingestión oral, lo que podría llegar a tener efectos neurotóxicos.
Otro sitio de entrada potencial para los micro y nano plásticos en el cerebro humano es la
vía olfatoria.
Repasando la vía olfatoria
Esta vía involucra neuronas olfativas en la nariz que transmiten información sobre los olores al sistema olfativo central del cerebro.
Los axones olfativos pasan a través de la lámina cribiforme del hueso etmoides y llegan a los bulbos olfatorios, que están conectados al sistema límbico del cerebro.
¿Una puerta de entrada?
Existen diferentes niveles de evidencia que sugieren que
la vía olfativa podría permitir la translocación de partículas exógenas al cerebro.
Se han detectado partículas ambientales de carbono negro en varias regiones del cerebro humano, y una de las concentraciones más altas se encontró en el bulbo olfatorio, midiendo 420.8 partículas/mm³.
En raras ocasiones, la forma ameboide de Naegleria fowleri, de 15 a 30 μm de tamaño,
penetra en el cerebro a través de la nariz, causando meningoencefalitis amebiana. Los individuos afectados suelen presentar la enfermedad después del contacto con cuerpos de agua dulce contaminados, o después de enjuagarse la nariz con agua corriente no esterilizada.
Además, se ha evocado la permeabilidad de esta barrera como una posible ruta de administración de fármacos más rápida y segura al cerebro, así como el acceso al líquido cefalorraquídeo a través de los vasos linfáticos nasales.
Un nuevo estudio
Dada la presencia potencial de microplásticos en el aire, y su identificación previa en la cavidad nasal humana, un grupo de investigadores planteó la hipótesis de que la fracción de tamaño más pequeño de los microplásticos podría llegar al bulbo olfatorio.
Para confirmar esta hipótesis,
investigaron la presencia de microplásticos dentro del bulbo olfatorio humano, obtenido de 15 individuos fallecidos durante autopsias forenses, en San Pablo, Brasil.
Además, se propusieron analizar las características de los microplásticos, incluido su tamaño, morfología, color y composición polimérica.
Usaron para esto el examen directo del tejido y la filtración del tejido digerido seguido de espectroscopia infrarroja.
Los resultados: ¿Qué encontraron en este estudio?
La edad media de los 15 individuos fallecidos fue de 69.5 años (de 33 a 100 años). 12 eran hombres, y 3 mujeres.
Se detectaron microplásticos en los bulbos olfatorios de 8 de los 15 individuos.
Se identificaron un total de
16 partículas y fibras de polímeros sintéticos, con un 75 % siendo partículas, y un 25% siendo fibras.
El polímero más común detectado fue
polipropileno (43.8 %).
Los tamaños de los microplásticos variaron de 5.5 μm a 26.4 μm para partículas, y la longitud media de la fibra fue de 21.4 μm.
Las conclusiones: ¿Qué nos deja este estudio?
Esta serie de casos
aporta pruebas de la presencia de microplásticos en el bulbo olfatorio humano, lo que sugiere una posible vía de translocación de estos al cerebro.
Los hallazgos subrayan la necesidad de realizar más investigaciones sobre las implicaciones para la salud de la exposición a los microplásticos, en particular en lo que respecta a la neurotoxicidad y la posibilidad de que estos eludan la barrera hematoencefálica.