Puntos Clave
- La prevalencia de infecciones por parvovirus B19 aumentó en Estados Unidos y Europa a mediados del 2024. Lo mismo paso en América del Sur.
- El parvovirus B19 humano es un virus ADN que conocemos desde 1974. Se descubrió, accidentalmente, al testear unidades de sangre para transfusión en busca del virus de la hepatitis B (de ahí la “B” de su nombre).
- Este virus es el agente etiológico del eritema infeccioso, “enfermedad del cachetazo”, o “quinta” enfermedad exantemática (“quinta” por qué fue la número 5 de las enfermedades de la niñez que cursan con fiebre y exantema en ser descubierta).
- En niños y adultos sanos, la infección por parvovirus B19 es relativamente leve o incluso asintomática.
- En ciertas poblaciones, (personas inmunodeprimidas, embarazadas o con trastornos hematológicos como la enfermedad de células falciformes), la infección con este virus respiratorio (que se propaga principalmente en gotitas de la tos o el estornudo de una persona infectada) puede ser más grave.
- El contagio se produce cuando existe viremia, la primera semana de la infección. Cuando aparece el exantema, o las artralgias (segunda presentación característica más frecuente, principalmente en adultos), ambos fenómenos mediados por complejos inmunes, el paciente ya no contagia el virus.
- La prevalencia de infecciones por parvovirus B19 aumentó en Estados Unidos y Europa a mediados del 2024. Lo mismo paso en América del Sur.
- No es una enfermedad de declaración obligatoria y No existe una vigilancia de rutina para ella, por lo que el CDC no puede rastrear directamente el número de casos.
- A pesar del aumento notable en las infecciones por parvovirus B19, post pandemia, NO se vio un aumento en la gravedad de las infecciones ni ningún cambio en la naturaleza de sus complicaciones.
- Los síntomas tienen 2 fases. En la primera, no son específicos: fiebre, malestar y dolores musculares. En la segunda fase, (entre 7 y 10 dias después de la primera) los niños suelen desarrollar un sarpullido rojo intenso en la cara.
- La mayoría de las personas infectadas solo necesitan tratamientos para aliviar los síntomas y recuperarse por completo.
- Para las personas que entran en los grupos de riesgo, la infección por parvovirus B19 puede provocar complicaciones más graves, aunque en un pequeño porcentaje de casos.
Conociéndote
El parvovirus B19 humano es un virus ADN que conocemos desde 1974. Se descubrió, accidentalmente, al testear unidades de sangre para transfusión en busca del virus de la hepatitis B (de ahí la “B” de su nombre).
La primera infección en humanos documentada data de 1981.
Este virus es el agente etiológico del eritema infeccioso, “enfermedad del cachetazo”, o “quinta” enfermedad exantemática (“quinta” por qué fue la número 5 de las enfermedades de la niñez que cursan con fiebre y exantema en ser descubierta).
¿Qué enfermedad produce el parvovirus B19?
En niños y adultos sanos, la infección por parvovirus B19 es relativamente leve o incluso asintomática.
Uno de sus principales síntomas en los niños es el eritema infeccioso, una erupción rojiza en las mejillas, también conocida como quinta enfermedad, o enfermedad del cachetazo.
En ciertas poblaciones, (personas inmunodeprimidas, embarazadas o con trastornos hematológicos como la enfermedad de células falciformes), la infección con este virus respiratorio (que se propaga principalmente en gotitas de la tos o el estornudo de una persona infectada) puede ser más grave.
El contagio se produce cuando existe viremia, la primera semana de la infección. Cuando aparece el exantema, o las artralgias (segunda presentación característica más frecuente, principalmente en adultos), ambos fenómenos mediados por complejos inmunes, el paciente ya no contagia el virus (2). También existe la transmisión vertical (madre a niño en gestación, durante el embarazo).
No existe vacuna ni terapia antiviral para la infección.
¿Por qué estamos hablando ahora de este virus?
La prevalencia de infecciones por parvovirus B19 aumentó en Estados Unidos y Europa a mediados del 2024. Lo mismo paso en América del Sur.
Esto llevó al CDC de los Estados Unidos a emitir recientemente una alerta sanitaria al respecto. El objetivo de este fue sensibilizar a los efectores de salud ante la presencia de este virus, principalmente en las poblaciones más vulnerables.
Una enfermedad subdiagnósticada
A diferencia del sarampión, las paperas o la varicela, la infección por parvovirus B19 NO es una enfermedad de declaración obligatoria y NO existe una vigilancia de rutina para ella, por lo que el CDC no puede rastrear directamente el número de casos. Lo mismo sucede en Argentina, dónde tampoco esta enfermedad, es de denuncia obligatoria.
Para documentar su prevalencia, se debe recurrir a indicadores indirectos, como pruebas de muestras clínicas y de plasma agrupadas de laboratorios comerciales, así como informes de complicaciones del parvovirus B19 entre personas embarazadas y personas con enfermedad de células falciformes.
Las cifras recogidas por el CDC sorprendieron a los expertos:
- Entre las personas de todas las edades, la proporción con anticuerpos Ig M contra el parvovirus B19, o signos de infección reciente, aumentó de menos del 3% durante 2022-2024 al 10% en junio de 2024 (la presencia de Ig M marca una infección aguda o reciente).
- Entre los niños de 5 a 9 años, el porcentaje de anticuerpos Ig M contra el parvovirus B19 aumentó del 15% durante 2022-2024 al 40% en junio de 2024.
- Entre las muestras de plasma agrupadas, el porcentaje que tenía una alta concentración de ADN de parvovirus aumentó del 1.5% en diciembre de 2023 al 19.9% en junio de 2024.
En Estados Unidos se recomienda realizar pruebas de detección del parvovirus B19 en todos los productos derivados del plasma y en las unidades de plasma. La transmisión del virus a través de productos sanguíneos es extremadamente rara.
En cambio, el virus se propaga principalmente a través de gotitas respiratorias o de la madre al feto durante el embarazo.
La teoría de la deuda de inmunidad por el Covid-19 (otra vez)
Durante la primera parte de la pandemia del Covid-19, gracias a todas las medidas de prevención, los encierros, el uso de barbijo y la suspensión de actividades (colegios, reuniones, trabajos presenciales, etcétera), estuvimos casi exclusivamente expuestos a un virus nuevo, muy transmisible y contra el cual no teníamos inmunidad: el SARS-CoV-2. Esto hizo que no nos expusiéramos (ni adquiriéramos inmunidad), durante casi un par de años, a los virus circulantes hasta el momento de la irrupción del Coronavirus. Esto fue muy marcados entre niños, que se escolarizaban, interaccionan y jugaban vía zoom.
Es así que cuando se levantaron las restricciones pandémicas, se vió un rápido incremento, y en ocasiones, un comportamiento atípico, de los virus clásicos, y el parvovirus B19 no parece ser una excepción a esto. Esta situación es lo que conocemos como la “deuda de inmunidad” generada por la pandemia. En efecto, las infecciones por parvovirus B19 disminuyeron en los primeros años del Coronavirus.
Entre 2018 y 2019, los niveles más altos de resultados positivos en las pruebas de parvovirus B19 se dieron entre los niños de 3 a 5 años, cuando las tasas fueron del 2% al 5%.
Entre 2021 y 2022, dijo, las tasas en ese grupo de edad cayeron a menos del 1%.
En 2024 el virus recuperó el tiempo perdido.
A pesar del aumento notable en las infecciones por parvovirus B19, NO se vio un aumento en la gravedad de las infecciones ni ningún cambio en la naturaleza de sus complicaciones.
Para la mayoría, solo algo parecido a un resfrío
No todas las personas infectadas con parvovirus B19 desarrollan síntomas, pero entre las personas sanas, quienes se enferman, generalmente desarrollan síntomas en 2 fases:
- Primera fase. Comienza aproximadamente una semana después de la infección, y dura aproximadamente 5 días. Los síntomas no son específicos: fiebre, malestar y dolores musculares. El parvovirus B19 es más contagioso durante esta fase, cuando la carga viral es más alta y las personas pueden estornudar y toser.
- Segunda fase. Comienza entre 7 y 10 días después de la primera. En esta fase, los niños suelen desarrollar un sarpullido rojo intenso en la cara, de ahí el nombre de eritema infeccioso y su apodo, “enfermedad de la mejilla abofeteada o del cachetazo”. Para entonces, ya no son contagiosos. El sarpullido en las mejillas puede ir seguido, entre 1 y 4 días después, de un sarpullido en forma de encaje en otras partes del cuerpo o de dolor en las articulaciones.
La mayoría de las personas infectadas solo necesitan tratamientos para aliviar los síntomas y recuperarse por completo.
Para algunos, más cuidados (y riesgos)
Para las personas que entran en los grupos de riesgo, la infección por parvovirus B19 puede provocar complicaciones más graves, aunque en un pequeño porcentaje de casos.
# Aplasia medular
El parvovirus B19 infecta los precursores de los glóbulos rojos en la médula ósea, lo que puede provocar anemia, especialmente en personas inmunodeprimidas o con trastornos hemolíticos crónicos.
# Enfermedad neonatal
Si las mujeres embarazadas transmiten la infección al feto, la mayoría de los casos se resuelven sin problemas, pero surgen complicaciones entre el 5- 10% de los casos. Esos eventos adversos incluyen:
- Anemia fetal.
- Hidropesía no inmune.
- Pérdida fetal.
Estas complicaciones son más probable que ocurran como resultado de infecciones en la primera mitad del embarazo.
El parvovirus B19 no parece generar malformaciones o defectos de nacimiento.
Es probable que la mayoría de las personas embarazadas que se enteren de que han estado expuestas al parvovirus B19, NO se infecten y, por lo tanto, no puedan transmitirlo a su feto. Esto se debe a que, a los 40 años, más del 70% de los adultos tienen anticuerpos detectables contra el parvovirus B19 de una infección previa, que se cree que protegen contra la reinfección (muchas personas la han padecido en la infancia).
Si las personas embarazadas se enteran de que han estado expuestas al parvovirus B19 o tienen síntomas de infección, deben informar a su médico, quien luego puede realizarles pruebas de anticuerpos que demostrarían que han estado previamente infectadas y son inmunes.
Incluso si las mujeres embarazadas se infectan y transmiten el virus a su feto, no significa que vayan a tener complicaciones.
Las mujeres embarazadas infectadas deben ser monitoreadas durante semanas para detectar signos de anemia en el feto. La ecografía Doppler se utiliza para evaluar el flujo sanguíneo en la arteria cerebral media del feto, que puede correlacionarse con la anemia. La ecografía también se utiliza para detectar signos de hidropesía, o acumulación de líquido, en el feto, lo que sugiere anemia grave.
No siempre es necesario intervenir.