Puntos Clave
- El virus Andes es el único hantavirus con transmisión interpersonal aceptada por organismos internacionales.
- La vía clásica de infección sigue siendo la inhalación de aerosoles contaminados con excretas de roedores infectados.
- El brote de Epuyén (Chubut, 2018-2019) consolidó la evidencia epidemiológica de transmisión persona a persona.
- El brote internacional asociado al crucero MV Hondius reactivó el debate sobre el posible rol de aerosoles respiratorios.
- Hasta el momento no existe evidencia de transmisión aérea sostenida comparable a COVID-19 o sarampión.
- Algunos investigadores consideran plausible que ciertos contagios ocurran mediante microgotas respiratorias en ambientes cerrados y mal ventilados.
- La mortalidad histórica del síndrome cardiopulmonar por hantavirus suele ubicarse entre 30 y 40 %.
- El período de incubación puede extenderse hasta 42 días, motivo por el cual algunas cuarentenas son particularmente prolongadas.
Lo que sabemos de Hantavirus
Durante décadas, los hantavirus fueron considerados infecciones estrictamente zoonóticas.
La explicación epidemiológica parecía relativamente simple: personas expuestas a aerosoles contaminados con orina, saliva o heces de roedores infectados desarrollaban cuadros febriles que podían evolucionar hacia insuficiencia respiratoria grave. La transmisión ocurría desde el reservorio animal hacia el humano y se detenía allí.
El virus Andes comenzó a desafiar ese paradigma conocido.
Identificado principalmente en el sur de Argentina y Chile, este hantavirus asociado al roedor Oligoryzomys longicaudatus, conocido como ratón colilargo, mostró desde los años noventa un comportamiento epidemiológico distinto al observado con otros miembros de la familia.
Brotes familiares, contagios entre convivientes y cadenas de transmisión difíciles de explicar exclusivamente por exposición ambiental empezaron a aparecer en Patagonia, particularmente en contextos de contacto estrecho y prolongado (1,2).
Con el tiempo, organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) y el European Centre for Disease Prevention and Control (ECDC) terminaron aceptando que el virus Andes puede transmitirse entre personas, algo excepcional dentro de los hantavirus conocidos (2-4).
Aunque la existencia de transmisión interpersonal ya no es el verdadero centro de la discusión, el mecanismo exacto sigue siendo motivo de debate.
El brote de Epuyén y el cambio de paradigma
La discusión actual sobre el virus Andes no puede entenderse sin el brote de Epuyén, Chubut, ocurrido entre 2018 y 2019.
Ese episodio incluyó 34 casos confirmados y se transformó en uno de los análisis epidemiológicos más importantes sobre hantavirus realizados hasta ahora. El trabajo posterior, publicado en The New England Journal of Medicine, describió múltiples cadenas de transmisión compatibles con contagio persona a persona, incluyendo eventos compatibles con “super-spreaders” (5).
Los investigadores observaron situaciones particularmente llamativas: reuniones sociales donde aparecieron varios casos secundarios, contagios en convivientes y contactos estrechos cuya cronología resultaba difícil de atribuir exclusivamente a exposición simultánea a roedores infectados.
En ese contexto comenzó a discutirse con más fuerza si algunas transmisiones podían involucrar secreciones respiratorias o incluso partículas aerosolizadas en ambientes cerrados.
Es importante entender qué significa esto. Hasta ese momento, la transmisión interpersonal aceptada para virus Andes se explicaba principalmente por:
- contacto estrecho prolongado.
- convivencia.
- intercambio de secreciones.
- saliva.
- exposición cercana durante la fase prodrómica del paciente infectado (2-5).
No se trataba de afirmar que el virus Andes se comporta “como el COVID-19”, sino de discutir si pequeñas partículas respiratorias podrían participar en algunos contagios específicos en espacios cerrados y mal ventilados.
El crucero MV Hondius: el brote que reactivó el debate
La discusión volvió con fuerza en 2026 a partir del brote internacional asociado al crucero MV Hondius.
La embarcación había partido desde Ushuaia y posteriormente se notificaron múltiples casos de infección por virus Andes en pasajeros y tripulación. Las primeras comunicaciones oficiales de la OMS y el ECDC informaron al menos 7 casos confirmados y 3 muertes, aunque reportes posteriores elevaron la cifra total a más de 10 casos (2,3).
El episodio llamó la atención rápidamente por varias razones: involucró a pasajeros de múltiples países; ocurrió en un ambiente cerrado; generó cuarentenas internacionales prolongadas; y obligó a activar sistemas de rastreo epidemiológico en varios continentes.
Además, algunos casos secundarios parecían difíciles de explicar únicamente por contacto físico directo evidente, algo que volvió a alimentar la hipótesis de transmisión mediante microgotas respiratorias o aerosoles en determinadas circunstancias (1).
En Medscape retoman precisamente esta discusión. Algunos expertos entrevistados sostuvieron que ciertos eventos observados tanto en Epuyén como en el Hondius podrían no ajustarse completamente al modelo clásico de transmisión por secreciones y contacto estrecho exclusivamente (1).
Aun así, la mayoría de los especialistas coincide en que la evidencia sigue siendo predominantemente epidemiológica y no experimental.
El propio ECDC remarcó que la inferencia de transmisión interpersonal continúa basándose principalmente en reconstrucciones epidemiológicas y no en demostraciones virológicas definitivas del mecanismo exacto de contagio (3).
“Aerosoles” no significa transmisión aérea sostenida
Probablemente este sea el punto más importante para interpretar correctamente el debate actual.
Cuando algunos investigadores mencionan aerosoles o microgotas respiratorias, eso no implica necesariamente que el virus Andes tenga una dinámica epidemiológica comparable a influenza, sarampión o SARS-CoV-2.
Hasta el momento:
- no existe evidencia de transmisión aérea sostenida.
- no se observan contagios casuales masivos.
- no hay evidencia de circulación comunitaria explosiva.
- el número reproductivo estimado sigue siendo bajo en comparación con virus respiratorios clásicos (2,3,6).
Incluso en el brote del crucero, las autoridades sanitarias internacionales consideraron que las medidas de aislamiento, rastreo y cuarentena fueron suficientes para contener el evento (2).
El CDC también remarcó recientemente que el riesgo poblacional general sigue siendo bajo y que la transmisión parece requerir contactos cercanos y relativamente prolongados (4).
En otras palabras: el debate actual no gira alrededor de si el virus Andes “se volvió de transmisión aérea”, sino sobre si determinados escenarios podrían favorecer una participación mayor de partículas respiratorias pequeñas en algunos contagios.
¿Por qué preocupa tanto el virus Andes?
Aunque los casos siguen siendo relativamente infrecuentes, el virus Andes continúa generando preocupación por su elevada gravedad clínica.
El síndrome cardiopulmonar por hantavirus puede evolucionar rápidamente desde un cuadro febril inespecífico hacia insuficiencia respiratoria grave, edema pulmonar no cardiogénico, shock y falla multiorgánica.
Las tasas históricas de letalidad suelen ubicarse entre 30 y 40 %, dependiendo del brote, el acceso a terapia intensiva y el momento del diagnóstico (2,3).
Además, uno de los aspectos más complejos desde el punto de vista epidemiológico es el largo período de incubación.
Diversos organismos internacionales describen ventanas de incubación de hasta 42 días, motivo por el cual algunos contactos del brote del Hondius debieron permanecer en cuarentena durante períodos mucho más prolongados que los utilizados habitualmente para otros virus respiratorios (2,7).
Actualmente no existen antivirales específicos aprobados ni vacunas disponibles para uso general.
El tratamiento continúa siendo fundamentalmente de soporte intensivo, con oxigenoterapia, ventilación mecánica y manejo hemodinámico precoz en los casos graves (2,3).
Un debate abierto, pero lejos del alarmismo
A más de 30 años de los primeros brotes descritos en Patagonia, el virus Andes sigue ocupando un lugar singular dentro de la virología y la epidemiología moderna.
Hoy existe consenso en varios puntos:
- la transmisión zoonótica desde roedores mediante aerosoles contaminados está completamente aceptada.
- la transmisión interpersonal también existe.
- ciertos ambientes cerrados podrían facilitar algunos eventos de contagio.
Lo que todavía permanece abierto es el peso exacto que podrían tener las partículas respiratorias pequeñas dentro de esa transmisión entre humanos.
La evidencia actual no respalda escenarios de transmisión aérea sostenida ni comportamientos epidémicos comparables a los observados con otros virus respiratorios de alta transmisibilidad.
Sin embargo, los brotes recientes volvieron a mostrar que todavía existen zonas grises importantes sobre cómo se comporta exactamente este hantavirus en determinadas circunstancias epidemiológicas.
Probablemente la respuesta no sea binaria. Distintos factores podrían interactuar de manera compleja en algunos contextos específicos (1,5). Estos podrían ser:
- la carga viral.
- la proximidad física.
- la duración del contacto.
- la ventilación ambiental.
- las secreciones respiratorias.
- la presencia de posibles “super-spreaders” o súper diseminadores.
Mientras tanto, las recomendaciones sanitarias continúan enfocadas en la ventilación adecuada, el aislamiento de los casos sospechosos, el rastreo estrecho de contactos y la reducción de la exposición a roedores en áreas endémicas.
Las conclusiones: ¿Qué nos deja este artículo?
El debate sobre el virus Andes refleja una situación relativamente frecuente en epidemiología: la evidencia científica evoluciona más rápido que las certezas absolutas.
Hoy existe consenso en que este hantavirus representa una excepción dentro de su familia por su capacidad de transmisión interpersonal, pero todavía persisten interrogantes sobre el peso exacto que podrían tener las partículas respiratorias pequeñas en determinados contextos de contagio.
El brote internacional asociado al crucero MV Hondius no modificó el consenso global ni sugiere un escenario comparable al observado con virus respiratorios de alta transmisibilidad como SARS-CoV-2 o sarampión.
Sin embargo, volvió a mostrar que algunos episodios epidemiológicos continúan siendo difíciles de explicar exclusivamente mediante contacto físico directo o intercambio evidente de secreciones.
El mensaje sanitario sigue siendo prudente y relativamente estable: el riesgo poblacional general continúa siendo bajo, pero en áreas endémicas o ante contactos estrechos con casos sospechosos, las medidas de ventilación, aislamiento precoz, rastreo epidemiológico y protección respiratoria siguen teniendo un rol central.
A más de 30 años de los primeros brotes descritos en Patagonia, el virus Andes continúa ocupando un lugar singular dentro de las enfermedades infecciosas emergentes: un virus infrecuente, potencialmente grave y todavía rodeado de zonas grises epidemiológicas que la ciencia intenta terminar de comprender.
Referencias
- https://www.medscape.com/viewarticle/andes-virus-debate-could-airborne-spread-play-role-2026a1000h1x
- https://www.who.int/emergencies/disease-outbreak-news/item/2026-DON601
- https://www.ecdc.europa.eu/sites/default/files/documents/TAB-hantavirus-06052026.pdf
- https://www.cdc.gov/media/releases/2026/transcript-update0515-on-cdcs-hantavirus-response.html
- https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa2009040
- https://asm.org/articles/2026/may/how-does-andes-hantavirus-spread-between-people
- https://www.washingtonpost.com/wellness/2026/05/23/why-quarantine-hantavirus-is-so-long/









