Puntos Clave
- Un estudio publicado en Science cuestiona la idea de que percepción e imaginación sean procesos distintos, mostrando que comparten los mismos circuitos neuronales.
- La diferencia entre ambos no es cualitativa sino cuantitativa: las mismas neuronas se activan con patrones muy similares.
- La imaginación puede entenderse como una forma de percepción interna, con activación real de circuitos sensoriales.
- Esto explica por qué ciertas experiencias mentales pueden sentirse vívidas, cercanas a la percepción real.
- Fenómenos como alucinaciones o flashbacks podrían interpretarse como una activación interna que supera el umbral perceptivo.
- Se identificó un “código neuronal” estable para objetos y rostros, compartido entre percepción e imaginación.
- El cerebro reutiliza patrones de información, funcionando como un sistema generativo basado en experiencias previas.
- Modelos de inteligencia artificial permiten decodificar representaciones mentales, apoyando la idea de un código compartido.
- Estos hallazgos abren posibilidades en interfaces cerebro-máquina y en el estudio de la cognición.
- El estudio conecta neurociencia básica y clínica, sugiriendo nuevas estrategias terapéuticas basadas en la regulación de la actividad mental interna.
Imaginar no es algo abstracto: es percepción sin estímulo
Desde la práctica clínica, la imaginería mental suele pensarse como un fenómeno “cognitivo”, en contraste con la percepción, que sería un fenómeno “sensorial”. La investigación publicada en Science rompe esa dicotomía.
Lo que demuestra es que la imaginación visual no es una representación simbólica desligada de los sentidos, sino una reactivación parcial de los mismos circuitos neuronales que codifican la percepción visual.
Esto tiene implicancias profundas: cuando un paciente recuerda una cara, anticipa una escena o revive una imagen, no está “pensando en imágenes”; está, en un sentido fisiológico, volviendo a activarlas.
El estudio: acceso directo a neuronas humanas
El trabajo se apoya en una oportunidad poco frecuente en investigación: el registro intracraneal en humanos.
El estudio incluyó a 16 pacientes con epilepsia farmacorresistente, sometidos a implante de electrodos profundos como parte de su evaluación prequirúrgica. Estos electrodos permitieron registrar actividad de neuronas individuales en la corteza temporal ventral, región clave para el reconocimiento de objetos y rostros.
El diseño experimental tuvo 2 momentos:
- Momento de Percepción. Los pacientes observaban imágenes de rostros y objetos.
- Momento de Imaginación. Posteriormente, se les pedía que evocaran mentalmente esas mismas imágenes.
Esta comparación directa, neurona por neurona, es lo que diferencia a este trabajo de la literatura previa basada en resonancias magnéticas funcionales.
Un mismo código: evidencia cuantitativa
Los resultados son consistentes y cuantificables.
En la primera fase de percepción, los investigadores lograron identificar un patrón selectivo en aproximadamente 80% de las neuronas registradas, es decir, neuronas que respondían de manera específica a determinados estímulos (por ejemplo, una cara concreta o un objeto particular).
Cuando los pacientes pasaban a la fase de imaginación, ocurrió lo central del estudio:
cerca del 40% de esas mismas neuronas se reactivaron. Esa reactivación no fue inespecífica: replicó el mismo patrón de respuesta observado durante la percepción.
Este punto es clave: no se trata solo de que “se encienden las mismas áreas”, sino de que las mismas neuronas codifican la misma información de la misma manera.
En términos de fisiología, esto sugiere la existencia de un código neuronal compartido entre percepción e imaginación.
Diferencia entre ver e imaginar: intensidad, no naturaleza
Una de las preguntas inevitables es por qué, si el código es el mismo, no confundimos constantemente lo imaginado con lo percibido.
El estudio aporta una respuesta plausible: durante la percepción, la activación neuronal es más amplia y más intensa, impulsada por input sensorial externo.
Durante la imaginación, la activación es más limitada (cerca del 40%) y modulada internamente.
Esto sugiere que el cerebro discrimina realidad de representación interna no por el tipo de señal, sino por su magnitud y extensión.
Desde el punto de vista clínico, esta diferencia cuantitativa puede ser crítica. Alteraciones en este equilibrio podrían explicar:
- Alucinaciones visuales, donde la activación interna alcanza niveles “perceptivos”.
- Flashbacks en trastorno por estrés postraumático, donde la reactivación es intensa y vívida.
- Fenómenos intrusivos en distintos cuadros psiquiátricos.
Un cerebro que funciona como un modelo generativo
Otro aspecto relevante del trabajo es su articulación con modelos de inteligencia artificial.
Los autores utilizaron redes neuronales profundas para interpretar los patrones registrados y lograron:
- Decodificar qué imagen estaba viendo o imaginando el paciente a partir de la actividad neuronal.
- Predecir la respuesta cerebral frente a imágenes nuevas, no presentadas previamente.
Esto posiciona al cerebro humano como un sistema con propiedades similares a los modelos generativos actuales: utiliza representaciones previas para reconstruir o simular nuevas experiencias.
En otras palabras, la imaginación no sería un fenómeno accesorio, sino una función central del sistema nervioso: anticipar, recombinar y simular el mundo.
Implicancias clínicas: ¿cómo se puede aplicar en la práctica?
Aunque se trata de un estudio básico, sus implicancias clínicas pueden llegar a ser relevantes.
En psiquiatría, esto podría aportar un marco fisiopatológico para fenómenos que hasta ahora eran descriptivos. Si percepción e imaginación comparten código, entonces los trastornos de la percepción podrían entenderse como desregulaciones en la activación de ese código.
En neurología, abre la puerta a estrategias de neuromodulación más dirigidas, en las que no solo se estimulen regiones, sino patrones específicos de actividad.
Y en rehabilitación cognitiva, sugiere que entrenar la imaginería podría tener efectos directos sobre circuitos perceptivos, con potencial impacto en memoria y aprendizaje.
Las conclusiones: ¿qué nos deja este estudio?
Este trabajo aporta una pieza que faltaba en la neurociencia humana: evidencia directa, a nivel de neurona individual, de que percepción e imaginación no son procesos separados, sino expresiones distintas de un mismo sistema.
Así, la imaginación deja de ser un fenómeno “interno” en sentido abstracto y pasa a entenderse como una percepción endógena, regulada en intensidad.
Como limitaciones, hay que señalar el tamaño muestral reducido y el hecho de que la población estudiada corresponde a pacientes con epilepsia. Sin embargo, la consistencia de los hallazgos y la metodología empleada hacen que el impacto del trabajo sea significativo.









