Puntos Clave
- El dengue produce 390 millones de infecciones anuales en el mundo, con 100 millones de casos clínicos. En Argentina, el brote 2023-2024 registró más de 500.000 casos y 300 muertes.
- En México llevaron adelante un ensayo clínico novedoso de control del mosquito Aedes Aegypti, basado en una estrategia novedosa: la fumigación selectiva intradomiciliaria.
- El ensayo incluyó 8.200 hogares y 35.000 residentes en Tapachula, México. La técnica Pulverización Residual Intradomiciliaria de Seguridad (TIRS, por sus siglas en inglés), aplica insecticidas residuales en superficies internas de las viviendas, en sitios de reposo de Aedes aegypti.
- Los resultados mostraron una reducción del 24% en la incidencia de dengue confirmado por laboratorio.
- El efecto fue mayor en zonas centrales con cobertura completa.
- La densidad de mosquitos en viviendas tratadas fue 40-50% menor.
- El TIRS se proyecta como herramienta complementaria a las vacunas y al control ambiental. Es así que podríamos sumar una capa más a las medidas de protección múltiples que necesitamos para prevenir las infecciones por Arbovirus, con el dengue a la cabeza.
El dengue: un desafío continuo
El dengue se ha consolidado como una de las enfermedades infecciosas más extendidas del mundo, un problema que trasciende las fronteras regionales y que hoy amenaza tanto a países tropicales como a regiones templadas.
La Organización Mundial de la Salud estima que cada año se producen aproximadamente 390 millones de infecciones, de las cuales alrededor de 100 millones se manifiestan de forma clínica, con cuadros que van desde fiebre autolimitada hasta formas graves con shock y hemorragias.
La mitad de la población mundial vive actualmente en áreas donde el virus circula de manera endémica o con brotes recurrentes.
En el continente americano, la situación ha alcanzado niveles récord. Solo en 2024 se notificaron 4.5 millones de casos, el valor más alto desde que existen registros consolidados. Brasil, México, Colombia y Argentina concentraron la mayor parte de la carga, y lo ocurrido en nuestro país fue histórico: durante la temporada 2023–2024 se informaron más de 500.000 casos, con más de 300 muertes, cifras que superaron todos los brotes previos.
La tasa de incidencia nacional rondó los 1.100 casos por cada 100.000 habitantes, una magnitud inédita que puso bajo presión al sistema sanitario.
En el Boletín Epidemiológico Nacional de 2025 se siguen notificando casos de forma sostenida, con circulación activa de los serotipos DENV-1 y DENV-2.
Las medidas clásicas de control vectorial, como la eliminación de criaderos domiciliarios, la fumigación espacial en la vía pública o el uso de larvicidas en reservorios de agua, han demostrado ser necesarias pero insuficientes. Su eficacia depende de la participación comunitaria, la cobertura territorial y la oportunidad de la intervención, y en la práctica los resultados rara vez son sostenidos.
La disponibilidad de vacunas, como Qdenga®, representa un avance, pero su uso aún no está extendido ni aprobado en todos los países, y su impacto poblacional todavía es limitado.
En este escenario, resulta esencial explorar nuevas herramientas que complementen las estrategias ya existentes.
El concepto de TIRS: fumigar donde realmente importa
El Targeted Indoor Residual Spraying (TIRS) parte de una idea sencilla: si la mayor parte de las picaduras que transmiten el dengue ocurren dentro del hogar, el control vectorial debe concentrarse en ese espacio.
A diferencia de la fumigación espacial que se realiza en las calles y que dispersa insecticida en el aire, con efectos fugaces y de dudosa eficacia, el TIRS consiste en aplicar insecticidas de acción residual en los lugares donde los mosquitos adultos Aedes aegypti descansan habitualmente dentro de la vivienda.
Se trata de superficies bajas de las paredes, rincones oscuros, espacios debajo y detrás de muebles y zonas frescas que el insecto utiliza como refugio durante el día.
Un nuevo ensayo clínico publicando en The NEJM
En el estudio publicado en NEJM se utilizaron insecticidas de nueva generación, combinando piretroides con reguladores de crecimiento, lo que permitió mantener la actividad residual durante cuatro a seis meses. Esto cubrió prácticamente toda la temporada de transmisión del dengue en la región de estudio.
La hipótesis era que, reduciendo de manera sostenida la densidad de mosquitos adultos dentro de las casas, se disminuiría la probabilidad de transmisión viral y, por ende, la incidencia de enfermedad.
El ensayo se llevó a cabo en Tapachula, una ciudad de Chiapas, México, donde el dengue es endémico y las condiciones climáticas favorecen la circulación del vector.
Entre 2019 y 2022, se reclutaron más de 8.200 hogares y aproximadamente 35.000 residentes, distribuidos en 50 conglomerados: 25 de ellos fueron asignados a recibir la intervención con TIRS y los otros 25 permanecieron como control, con las medidas estándar de salud pública.
El diseño fue particular y merece una explicación. Se lo conoce como “fried-egg design”, en alusión a la forma de un huevo frito: la “yema” representa el área central del conglomerado, donde se aplicó la intervención de manera intensiva, y la “clara” constituye una zona de amortiguamiento que rodea al núcleo tratado para evitar que los mosquitos provenientes de áreas externas contaminen los resultados. Esta disposición permitió medir con mayor precisión el efecto directo de la fumigación dentro de las viviendas.
El objetivo principal del ensayo fue evaluar la incidencia de casos de dengue confirmados por laboratorio.
Como objetivos secundarios se analizaron los casos de Zika y chikungunya y la densidad de mosquitos capturados dentro de las casas, medida a través de estudios entomológicos periódicos.
El insecticida elegido
El insecticida organofosforado pirimifos-metil (Actellic 300CS, Syngenta) se seleccionó después de que los estudios iniciales mostraran una alta susceptibilidad de los mosquitos A. aegypti y un efecto residual estimado de hasta 7 meses.
Los resultados: lo que muestran los números
Los resultados aportaron una señal clara a favor de la intervención. En las zonas control, la incidencia acumulada de dengue fue de 4.5 casos por cada 100 personas-año. En contraste, en las zonas tratadas con TIRS la incidencia fue de 3.4 casos por cada 100 personas-año. Esto significa una reducción relativa del 24% en la probabilidad de enfermar, con un riesgo relativo de 0.76 y un intervalo de confianza del 95% que fue estadísticamente significativo (0.63-0.91).
Traducido en términos prácticos, por cada 1.000 personas protegidas con TIRS se evitaron aproximadamente 11 casos de dengue sintomático por año. Aunque pueda parecer un número modesto, aplicado a ciudades enteras o regiones con millones de habitantes, el impacto potencial se vuelve considerable.
El beneficio fue aún más evidente en las áreas centrales del “fried-egg design”. Allí, donde la cobertura fue más completa y el efecto de borde estuvo más controlado, la reducción superó el 30%.
En cambio, en las zonas periféricas del diseño, expuestas al ingreso de mosquitos de áreas no tratadas, el efecto se diluyó.
Este hallazgo resalta la importancia de lograr coberturas comunitarias amplias y homogéneas para maximizar el impacto del TIRS.
En cuanto a otras arbovirosis, la circulación de Zika y chikungunya durante el período de estudio fue baja, por lo que no se detectaron diferencias significativas. Sin embargo, el descenso en la densidad de mosquitos sugiere que, en contextos de mayor circulación de estos virus, los resultados podrían ser semejantes.
El análisis entomológico fue contundente: en las viviendas tratadas, las capturas de mosquitos adultos fueron entre 40 y 50% menores que en los hogares control, una diferencia que se mantuvo durante meses y que coincide con la duración del efecto residual del insecticida. Esta reducción vectorial sostenida refuerza la relación causal con la disminución en la incidencia de casos.
Fortalezas, limitaciones y proyecciones de estos hallazgos
El ensayo representa un avance en la búsqueda de estrategias efectivas contra el dengue.
Su fortaleza reside en la magnitud de la población incluida, en el diseño aleatorizado, en la confirmación virológica de los casos y en la evaluación tanto de indicadores clínicos como entomológicos.
La reducción observada, aunque moderada, es consistente y se suma al arsenal de medidas disponibles.
No obstante, no se trata de una solución definitiva. Los autores señalan que el TIRS, aplicado de manera aislada, difícilmente logre controlar por completo un brote epidémico, pero sí puede complementar de forma eficaz a la vacunación, al control ambiental y a la educación comunitaria.
Las limitaciones también deben destacarse. La sostenibilidad del TIRS depende de la capacidad logística y económica de los sistemas de salud. El riesgo de aparición de resistencia a los insecticidas exige monitoreo permanente. Además, la experiencia de un ensayo con un “fried-egg design” puede no reflejar exactamente lo que ocurre en la práctica cuando las ciudades implementan programas de manera masiva, donde los bordes son inevitables y la cobertura puede ser irregular.
Las conclusiones: ¿qué nos deja este estudio?
El ensayo publicado en NEJM demuestra que la fumigación intradomiciliaria dirigida es una estrategia factible y con resultados concretos.
La reducción del 24% en la incidencia de dengue es estadísticamente significativa y epidemiológicamente relevante.
Aunque no es una herramienta definitiva, el TIRS abre una nueva perspectiva en el control de arbovirosis, especialmente en contextos urbanos donde el mosquito encuentra su hábitat natural en el interior de las viviendas. Sumamos así una capa más a la protección multicapa que necesitamos para prevenir las infecciones por Arbovirus, con el dengue a la cabeza.
Para países como Argentina, que enfrentan brotes cada vez más extensos y severos, esta evidencia es particularmente valiosa. El desafío será integrar esta estrategia en un marco de control vectorial más amplio, junto con vacunas, control ambiental y vigilancia epidemiológica. Si se logra articular, el TIRS puede convertirse en un aliado clave para reducir la carga creciente del dengue en la región.









