Puntos Clave
- La tirzepatida es un agonista dual de los receptores de GIP y GLP-1, de administración subcutánea semanal. Su mecanismo combina efectos sobre secreción de insulina dependiente de glucosa, glucagón, apetito, saciedad, vaciamiento gástrico y peso corporal.
- No es una medicación cosmética. Está indicada para enfermedades metabólicas crónicas, principalmente diabetes tipo 2 y obesidad, o sobrepeso con comorbilidades relacionadas con el peso.
- En SURMOUNT-1 participaron 2.539 adultos con obesidad o sobrepeso sin diabetes. A las 72 semanas, la reducción media de peso fue de 15 % con 5 mg, 19.5 % con 10 mg y 20.9 % con 15 mg, frente a 3.1 % con placebo.
- En el mismo estudio, hasta El 57 % de los pacientes tratados con 15 mg logró reducir 20 % o más del peso corporal, un nivel de descenso ponderal que históricamente era poco frecuente con tratamiento farmacológico.
- En personas con obesidad y prediabetes, la extensión de SURMOUNT-1 a 176 semanas mostró una reducción aproximada de 93 % en la progresión a diabetes tipo 2 frente a placebo, junto con descenso ponderal sostenido a 3 años.
- En SURPASS-2, en pacientes con diabetes tipo 2, tirzepatida redujo la hemoglobina glicosilada entre 2.01 y 2.30 puntos porcentuales y produjo mayor descenso de peso que semaglutida 1 mg semanal.
- Los eventos adversos más frecuentes son gastrointestinales: náuseas, diarrea, vómitos, constipación, dispepsia y reflujo. La titulación lenta, la educación alimentaria y el seguimiento cercano mejoran la tolerabilidad y adherencia.
- La pérdida de peso debe acompañarse de protección de masa muscular. El tratamiento requiere aporte proteico adecuado, actividad física y ejercicios de fuerza, especialmente en adultos mayores, pacientes frágiles y personas con descenso ponderal rápido.
- En Argentina Tirzepatida se comercializa como Mounjaro®, en jeringas prellenadas KwikPen, 2.5 y 5 mg. Está aprobado para el tratamiento de la diabetes tipo 2, de la obesidad y del sobrepeso con comorbilidades asociadas a este.
Una nueva familia terapéutica
Durante décadas, el tratamiento farmacológico de la obesidad estuvo marcado por la escasez de recursos terapéuticos seguros y eficaces: por un lado, una enfermedad crónica, frecuente, progresiva y asociada a múltiples complicaciones; por el otro, herramientas farmacológicas de eficacia modesta, tolerabilidad variable y, en algunos casos, antecedentes de seguridad que obligaron a retirar fármacos del mercado.
La llegada de los agonistas del receptor de GLP-1 cambió ese escenario. Primero en diabetes tipo 2, luego en obesidad, estos fármacos mostraron que era posible intervenir sobre el eje intestino-cerebro-páncreas-adipocito y lograr descensos de peso clínicamente relevantes, junto con mejoras metabólicas.
La tirzepatida dio un paso más: no actúa solo sobre el receptor de GLP-1, sino también sobre el receptor de GIP, el péptido insulinotrópico dependiente de glucosa.
Esa doble acción explica parte de su potencia clínica: en los ensayos de fase 3, la tirzepatida logró reducciones de peso cercanas o superiores al 20 % en personas con obesidad sin diabetes, reducciones importantes de hemoglobina glicosilada en diabetes tipo 2, y mejorías en presión arterial, triglicéridos, circunferencia de cintura y otros marcadores cardiometabólicos.
En un estudio publicado en The New England Journal of Medicine, el ensayo SURMOUNT-1 evaluó tirzepatida en adultos con obesidad o sobrepeso sin diabetes y mostró reducciones de peso muy superiores al placebo a las 72 semanas (1).
Participaron 2.539 adultos. La reducción media de peso fue de 15 % con 5 mg, 19.5 % con 10 mg y 20.9 % con 15 mg, frente a 3.1 % con placebo. En términos absolutos, esto representó pérdidas promedio cercanas a 16, 22 y 24 kg, respectivamente. Además, el 85-91 % de los pacientes tratados con tirzepatida logró bajar al menos 5 % del peso corporal, frente a 35 % con placebo.
Un dato clínicamente muy relevante: hasta 57 % de los pacientes tratados con 15 mg logró una reducción de 20 % o más del peso corporal (1).
El GLP-1, o péptido similar al glucagón tipo 1, aumenta la secreción de insulina cuando la glucemia está elevada, reduce la secreción de glucagón, enlentece el vaciamiento gástrico y actúa en centros hipotalámicos y mesolímbicos vinculados con apetito, saciedad y recompensa alimentaria.
El GIP, o péptido insulinotrópico dependiente de glucosa, también participa en la secreción de insulina dependiente de glucosa, pero además parece tener efectos sobre el tejido adiposo y sobre la integración metabólica de la respuesta alimentaria.
La tirzepatida no es simplemente “un GLP-1 más potente”: es una molécula diseñada para activar ambos receptores, con una señalización diferencial que se traduce en efectos clínicos relevantes.
En el prospecto local de Mounjaro disponible para Argentina, la tirzepatida figura como agonista de acción prolongada de los receptores de GIP y GLP-1, con indicación en adultos con diabetes mellitus tipo 2 no suficientemente controlada y también para el control del peso como complemento de dieta baja en calorías y aumento de actividad física, en adultos con obesidad o con sobrepeso y al menos una comorbilidad relacionada con el peso (2).
Por qué importa: obesidad, diabetes y riesgo cardio-metabólico
La obesidad no es solo exceso de peso: es una enfermedad crónica, multifactorial y recidivante, caracterizada por disfunción del tejido adiposo, inflamación de bajo grado, resistencia a la insulina, alteraciones neurohormonales del apetito y aumento del riesgo de diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, apnea obstructiva del sueño, enfermedad hepática esteatósica metabólica, artrosis, enfermedad renal crónica y varios tipos de cáncer.
La magnitud del problema explica por qué estos fármacos modificaron tanto la conversación médica. La obesidad afecta a más de 1.000 millones de personas en el mundo si se considera el conjunto de niños, adolescentes y adultos.
En adultos, su prevalencia global se duplicó desde 1990. En Argentina, según la 4ª Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, el exceso de peso alcanza a más de 6 de cada 10 adultos: 36.2 % tiene sobrepeso y 25.4 % obesidad. El problema es diario en el consultorio clínico.
En diabetes tipo 2, el peso corporal no es un dato accesorio. La reducción sostenida del peso mejora la sensibilidad a la insulina, reduce la glucotoxicidad, disminuye la presión arterial, mejora los triglicéridos y el colesterol HDL, reduce la grasa hepática y puede modificar la trayectoria de la enfermedad.
Las guías actuales ya no separan de manera rígida el tratamiento de la glucemia del tratamiento del peso.
Las recomendaciones de la American Diabetes Association (ADA) de 2026 ubican el manejo del peso como un componente central en la prevención y tratamiento de la diabetes tipo 2. En el capítulo de obesidad y manejo del peso, la ADA destaca el papel de las terapias farmacológicas con alta eficacia para reducción ponderal, entre ellas tirzepatida, especialmente en personas con diabetes tipo 2 y exceso de peso (3).
En paralelo, una guía clínica publicada en Diabetes, Obesity and CardioMetabolic CARE en 2026 sobre tratamiento farmacológico de la obesidad en adultos destaca que tirzepatida 15 mg se asoció con una reducción de 93 % en el desarrollo de diabetes tipo 2 en la extensión a 3 años de SURMOUNT-1, junto con una reducción de peso cercana al 19.7 % (4).
Ese dato es importante porque desplaza la conversación: no se trata solo de cuántos kilos baja un paciente, sino de cuántos eventos metabólicos futuros podrían prevenirse.
Indicaciones clínicas: ¿a quién considerar para tirzepatida?
La tirzepatida puede considerarse en 2 grandes escenarios clínicos.
El primero es la diabetes mellitus tipo 2. En este contexto, se indica en adultos con diabetes tipo 2 no suficientemente controlada, como complemento de dieta y ejercicio, en monoterapia cuando la metformina no se considera apropiada por intolerancia o contraindicación, o añadida a otros fármacos antidiabéticos. Su atractivo clínico es doble: reduce hemoglobina glicosilada y produce descenso de peso, con bajo riesgo intrínseco de hipoglucemia cuando no se combina con insulina o sulfonilureas.
El segundo escenario es el control crónico del peso como complemento de dieta baja en calorías y aumento de actividad física para pérdida y mantenimiento del peso en adultos con índice de masa corporal igual o mayor a 30 kg/m², o igual o mayor a 27 kg/m² y menor de 30 kg/m² si existe al menos una comorbilidad relacionada con el peso, como hipertensión arterial, dislipidemia, apnea obstructiva del sueño, enfermedad cardiovascular, prediabetes o diabetes tipo 2 (2).
En términos prácticos, el mejor candidato no es “quien quiere bajar unos kilos”, sino quien tiene una enfermedad metabólica crónica con riesgo clínico atribuible al exceso de adiposidad.
Esto incluye pacientes con obesidad franca, pacientes con sobrepeso y comorbilidades, personas con diabetes tipo 2 y exceso de peso, pacientes con prediabetes y alto riesgo cardiometabólico, personas con apnea obstructiva del sueño asociada a obesidad, y pacientes con enfermedad hepática esteatósica metabólica en quienes la reducción de peso puede tener impacto clínico.
A quién no indicársela: contraindicaciones y precauciones
La tirzepatida no debe indicarse como tratamiento cosmético ni como herramienta de descenso de peso en personas sin indicación clínica.
Tampoco debe usarse sin seguimiento médico, sin evaluación de comorbilidades, sin plan nutricional, ni sin discutir expectativas realistas.
Las contraindicaciones y advertencias más relevantes incluyen antecedente personal o familiar de carcinoma medular de tiroides y síndrome de neoplasia endocrina múltiple tipo 2. Esta advertencia surge de hallazgos de tumores de células C tiroideas en roedores; su relevancia exacta en humanos no está demostrada, pero forma parte de la advertencia regulatoria en los prospectos de Estados Unidos para Mounjaro y Zepbound (5,6).
Debe usarse con precaución en pacientes con antecedentes de pancreatitis, enfermedad biliar, gastroparesia o síntomas gastrointestinales severos.
También requiere prudencia en personas con retinopatía diabética avanzada si el descenso de la glucemia será rápido, porque las mejoras bruscas del control glucémico pueden asociarse a empeoramiento transitorio de la retinopatía en algunos contextos.
En pacientes tratados con insulina o sulfonilureas, el riesgo de hipoglucemia aumenta por la combinación terapéutica, no por la tirzepatida en sí.
En esos casos, suele ser necesario anticipar una reducción de dosis de insulina o secretagogos, especialmente si el paciente ya tiene hemoglobina glicosilada cercana al objetivo, ingesta reducida o pérdida de peso rápida.
En embarazo no debe iniciarse. Si una paciente busca embarazo, conviene suspenderla con anticipación. La vida media de la tirzepatida es prolongada, de aproximadamente 5 días, y por eso sus efectos persisten varias semanas luego de la suspensión.
En lactancia, la indicación debe individualizarse y, en general, evitarse salvo evaluación especializada.
¿Cómo se administra?
La tirzepatida se administra por vía subcutánea, 1 vez por semana, el mismo día de cada semana, con o sin alimentos. Puede aplicarse en abdomen, muslo o parte superior del brazo, rotando los sitios de inyección.
El esquema habitual comienza con 2.5 mg 1 vez por semana durante 4 semanas. Esa dosis inicial no se considera una dosis terapéutica plena para control glucémico o descenso de peso; su objetivo principal es mejorar tolerabilidad gastrointestinal.
Luego se aumenta a 5 mg 1 vez por semana. Si se necesita mayor efecto y la tolerancia es adecuada, puede escalarse en incrementos de 2.5 mg cada 4 semanas: 7.5 mg, 10 mg, 12.5 mg y 15 mg semanales. La dosis máxima es 15 mg 1 vez por semana (5,6).
Si el paciente olvida una dosis, la recomendación general es aplicarla dentro de los 4 días, es decir, dentro de las 96 horas posteriores. Si pasaron más de 4 días, se omite esa dosis y se retoma el esquema semanal habitual. No corresponde duplicar dosis para compensar la omisión (7).
La titulación debe ser clínica, no automática.
En algunos pacientes conviene permanecer más tiempo en una dosis si hay náuseas, vómitos, constipación, reflujo, hiporexia marcada o pérdida de peso demasiado rápida. En otros, puede alcanzarse buen control glucémico y ponderal con dosis intermedias, sin necesidad de llegar a 15 mg.
¿Qué resultados esperar en obesidad sin diabetes?
El programa SURMOUNT es la base principal de evidencia para tirzepatida en control del peso.
El ensayo SURMOUNT-1, publicado en The New England Journal of Medicine, incluyó adultos con obesidad o sobrepeso con al menos una comorbilidad relacionada con el peso, pero sin diabetes. Los participantes fueron asignados a tirzepatida 5 mg, 10 mg, 15 mg o placebo durante 72 semanas, junto con intervención sobre estilo de vida (1).
La reducción de peso fue dosis-dependiente y clínicamente muy importante. El peso corporal inicial promedio era de aproximadamente 104.8 kg y el índice de masa corporal medio, de 38 kg/m².
A las 72 semanas, el descenso medio fue de 15 % con 5 mg, 19.5 % con 10 mg y 20.9 % con 15 mg, frente a 3.1 % con placebo. En kilos, esto equivale a una reducción promedio aproximada de 16, 22 y 24 kg, respectivamente, frente a cerca de 2 kg con placebo (1).
En SURMOUNT-1, el 85, 89 y 91 % de los participantes tratados con 5, 10 y 15 mg, respectivamente, logró reducir al menos 5 % del peso corporal.
Además, el 50 % de los tratados con 10 mg y el 57 % de los tratados con 15 mg alcanzó una reducción de 20 % o más del peso corporal, frente a 3 % con placebo (1).
Estos umbrales tienen significado clínico:
- una reducción de al menos 5 % del peso corporal ya se asocia con beneficios metabólicos medibles.
- una reducción de 10 % suele mejorar presión arterial, glucemia, triglicéridos y apnea del sueño.
- reducciones de 15 % o más pueden modificar de manera más profunda la trayectoria de diabetes, hígado graso, movilidad y riesgo cardiometabólico.
Con tirzepatida, una proporción importante de pacientes alcanza umbrales de reducción de peso que antes eran poco frecuentes con tratamiento farmacológico.
En 2025, otro ensayo publicado en The New England Journal of Medicine, SURMOUNT-5, comparó tirzepatida con semaglutida 2.4 mg en adultos con obesidad sin diabetes.
A las 72 semanas, la reducción media de peso fue de 20.2 % con tirzepatida frente a 13.7 % con semaglutida. La diferencia fue de 6.5 puntos porcentuales a favor de tirzepatida (8).
Este estudio es importante porque responde una pregunta frecuente en consultorio: si el objetivo principal es reducción ponderal en una persona con obesidad sin diabetes, la evidencia directa disponible muestra mayor eficacia promedio con tirzepatida que con semaglutida. Eso no significa que siempre sea la mejor opción para todos. Tolerabilidad, disponibilidad, costo, comorbilidades, preferencias del paciente, experiencia previa, cobertura y objetivos terapéuticos siguen siendo determinantes.
¿Qué resultados esperar en diabetes tipo 2?
En diabetes tipo 2, la tirzepatida fue evaluada en el programa SURPASS.
En un ensayo publicado en The New England Journal of Medicine, SURPASS-2 comparó tirzepatida con semaglutida 1 mg semanal en pacientes con diabetes tipo 2 tratados con metformina (9).
El estudio incluyó 1.879 pacientes. La hemoglobina glicosilada basal promedio era de 8.28 %, y el peso corporal medio, de 93.7 kg.
A las 40 semanas, la reducción de hemoglobina glicosilada fue de 2.01 puntos porcentuales con tirzepatida 5 mg, 2.24 puntos con 10 mg y 2.30 puntos con 15 mg, frente a 1.86 puntos con semaglutida 1 mg.
La reducción de peso también fue mayor con tirzepatida: la diferencia frente a semaglutida fue de 1.9 kg con 5 mg, 3.6 kg con 10 mg y 5.5 kg con 15 mg (9).
Desde el punto de vista práctico, esto la convierte en una opción especialmente atractiva para pacientes con diabetes tipo 2 y obesidad, o con diabetes tipo 2 y necesidad de evitar aumento de peso.
También puede ser útil cuando se busca intensificar tratamiento antes de iniciar insulina basal, siempre que no existan contraindicaciones y que el contexto clínico lo permita.
Un punto clínico clave: si el paciente está con insulina o sulfonilureas, hay que revisar dosis desde el inicio. La pérdida de apetito, la menor ingesta y la mejora rápida de la glucemia pueden precipitar hipoglucemias si no se ajustan los fármacos que sí producen hipoglucemia.
Prediabetes: un dato que cambió la conversación
Uno de los hallazgos más relevantes de la evidencia reciente es el efecto de tirzepatida sobre la progresión desde prediabetes a diabetes tipo 2.
En la extensión de SURMOUNT-1 a 176 semanas, en personas con obesidad y prediabetes, tirzepatida redujo el riesgo de progresión a diabetes tipo 2 en aproximadamente 93 % frente a placebo.
A los 3 años, el descenso de peso seguía siendo importante: 12.3 % con 5 mg, 18.7 % con 10 mg y 19.7 % con 15 mg, frente a 1.3 % con placebo (4).
En pacientes con obesidad y prediabetes, el tratamiento no solo reduce peso: puede modificar de manera sustancial la probabilidad de cruzar el umbral diagnóstico hacia diabetes tipo 2.
Beneficios cardiometabólicos más allá del peso
La pérdida de peso explica buena parte del beneficio de la tirzepatida, pero probablemente no todo.
En los estudios clínicos se observaron mejoras en presión arterial sistólica, circunferencia de cintura, triglicéridos, colesterol HDL, glucemia en ayunas, hemoglobina glicosilada, marcadores de resistencia a la insulina y, en algunos análisis, parámetros vinculados a grasa hepática.
En SURMOUNT-1, además de la reducción de peso, se observaron descensos de circunferencia de cintura y presión arterial, junto con mejorías en lípidos y marcadores glucémicos.
El patrón fue consistente: a mayor descenso ponderal, mayor mejoría cardiometabólica global (1).
La pregunta cardiovascular debe formularse con precisión. Tirzepatida mejora factores de riesgo cardiometabólicos, pero eso no es lo mismo que demostrar reducción de eventos cardiovasculares mayores en todos los grupos de pacientes. Para semaglutida ya existe evidencia robusta de reducción de eventos cardiovasculares en poblaciones específicas. Para tirzepatida, la interpretación debe apoyarse en los datos disponibles y en la actualización de guías, diferenciando mejoría de factores de riesgo de evidencia dura de desenlaces cardiovasculares.
Apnea obstructiva del sueño: otra complicación donde el peso importa
La apnea obstructiva del sueño es una de las comorbilidades más frecuentes y subdiagnosticadas de la obesidad.
En pacientes con obesidad, ronquido, somnolencia diurna, hipertensión resistente, cefalea matinal o sueño no reparador, la búsqueda activa de apnea del sueño debería formar parte de la evaluación inicial.
En el programa SURMOUNT-OSA, tirzepatida fue evaluada en adultos con obesidad y apnea obstructiva del sueño moderada a severa. En estos estudios, el tratamiento redujo de manera significativa el índice de apnea-hipopnea, el peso corporal y la presión arterial sistólica. El dato es importante porque muestra que el beneficio clínico no se limita al número de kilos: puede impactar en una complicación concreta de la obesidad, con consecuencias sobre sueño, presión arterial, riesgo cardiovascular y calidad de vida.
La pérdida de peso puede mejorar la apnea obstructiva del sueño, pero no reemplaza la evaluación formal ni el tratamiento con presión positiva continua cuando está indicado.
Seguridad: ¿qué eventos adversos son esperables?
Los eventos adversos más frecuentes son gastrointestinales: náuseas, diarrea, vómitos, constipación, dispepsia, reflujo, dolor abdominal, eructos y distensión son los síntomas que más aparecen durante la titulación.
Suelen ser más frecuentes al inicio y luego de cada aumento de dosis. En la mayoría de los pacientes son leves o moderados, pero en algunos obligan a frenar la escalada, reducir dosis o suspender.
En SURMOUNT-1, los eventos adversos gastrointestinales fueron los más comunes y ocurrieron con mayor frecuencia con tirzepatida que con placebo. La mayoría fueron leves a moderados y se concentraron durante el período de escalada de dosis. La discontinuación por eventos adversos fue de 4.3 % con 5 mg, 7.1 % con 10 mg y 6.2 % con 15 mg, frente a 2.6 % con placebo (1).
La prevención empieza antes de la receta: hay que explicar al paciente que comer porciones grandes, comidas muy grasas, alcohol o ingestas rápidas puede empeorar los síntomas.
También conviene anticipar que la sensación de saciedad puede ser intensa y que no debe forzarse a comer como antes.
La hidratación, la ingesta proteica suficiente, la fibra, el manejo de la constipación y la educación alimentaria son parte del tratamiento.
Entre los eventos menos frecuentes pero clínicamente relevantes están la enfermedad biliar, la colelitiasis, la colecistitis, la pancreatitis, la deshidratación por vómitos o diarrea, el deterioro de función renal secundario a depleción de volumen, reacciones de hipersensibilidad y reacciones en el sitio de inyección.
En el prospecto local se mencionan, entre otros, hipoglucemia cuando se combina con ciertos antidiabéticos, reacciones alérgicas, mareos, hipotensión en pacientes tratados para control del peso, reflujo, caída de cabello, fatiga, reacciones en el sitio de inyección, aumento del pulso, aumento de enzimas pancreáticas y eventos biliares poco frecuentes (2).
La caída de cabello merece una aclaración: no implica toxicidad directa del fármaco, sino el efluvio telógeno asociado a pérdida rápida de peso, menor ingesta calórica, déficit proteico o déficit de micronutrientes.
Monitoreo clínico: antes de iniciar y durante el tratamiento
Antes de iniciar tirzepatida conviene documentar peso, talla, índice de masa corporal, circunferencia de cintura, presión arterial, frecuencia cardíaca, antecedentes de pancreatitis, litiasis vesicular, enfermedad gastrointestinal severa, cirugía bariátrica, trastornos de la conducta alimentaria, embarazo o deseo gestacional, antecedentes personales o familiares de carcinoma medular de tiroides o neoplasia endocrina múltiple tipo 2, y medicación actual.
En laboratorio, el mínimo razonable incluye glucemia, hemoglobina glicosilada si hay diabetes o prediabetes, función renal, hepatograma y perfil lipídico.
En pacientes con diabetes, se debe revisar el esquema completo para anticipar reducción de insulina o sulfonilureas.
En pacientes con obesidad, conviene evaluar comorbilidades: hipertensión, dislipidemia, apnea obstructiva del sueño, enfermedad hepática esteatósica metabólica, enfermedad cardiovascular, enfermedad renal crónica, artrosis, depresión, ansiedad y conducta alimentaria.
Durante la titulación, el seguimiento debe ser más cercano. Una visita o contacto cada 4 a 8 semanas permite ajustar dosis, revisar tolerancia y reforzar objetivos.
Una vez estabilizado el tratamiento, el seguimiento puede espaciarse, pero no desaparecer: la obesidad y la diabetes tipo 2 son enfermedades crónicas.
Suspender el acompañamiento porque el paciente “bajó bien” es una receta para recuperar peso, perder masa muscular, abandonar hábitos o usar dosis inadecuadas.
¿Cómo manejar los efectos adversos gastrointestinales?
La estrategia más efectiva es la titulación lenta. Si el paciente tiene náuseas persistentes, vómitos, reflujo importante o constipación severa, no conviene aumentar dosis. A veces, mantener 4 a 8 semanas adicionales la misma dosis resuelve el problema. En otros casos, hay que volver a la dosis previa.
Las recomendaciones dietarias son simples pero importantes: porciones pequeñas, comer lento, evitar comidas muy grasas, evitar alcohol en exceso, priorizar proteínas, distribuir la ingesta durante el día, hidratarse bien y suspender la comida al aparecer saciedad.
Muchos pacientes fracasan no por falta de eficacia, sino porque nadie les explicó que su tolerancia digestiva cambia.
La constipación debe tratarse activamente. Aumentar fibra puede ayudar, pero si la ingesta de agua es baja puede empeorar. En algunos pacientes se requieren laxantes osmóticos, especialmente durante la titulación. Si hay dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, fiebre, ictericia, coluria o dolor en hipocondrio derecho, hay que descartar patología biliar o pancreatitis.
Masa muscular, nutrición y ejercicio: el punto que no puede faltar
La pérdida de peso inducida por tirzepatida incluye reducción de masa grasa, pero también puede acompañarse de pérdida de masa magra.
Esto no es exclusivo de tirzepatida: ocurre con cualquier descenso ponderal importante, especialmente si es rápido, si la ingesta proteica es insuficiente o si el paciente no realiza entrenamiento de fuerza.
Por eso, el tratamiento debe incluir un plan nutricional con aporte proteico adecuado, actividad física aeróbica y, especialmente, ejercicios de fuerza o resistencia.
En adultos mayores, pacientes frágiles, personas con sarcopenia, mujeres posmenopáusicas y pacientes con pérdida rápida de peso, este punto es central.
El objetivo no es solo bajar kilos: es mejorar composición corporal, la función metabólica, la capacidad cardiorrespiratoria, la fuerza, la movilidad y la calidad de vida.
¿Qué pasa al suspenderla?
La obesidad es una enfermedad crónica y recidivante. Cuando se suspende un tratamiento eficaz, el peso tiende a recuperarse en una proporción variable. Esto se vio con agonistas GLP-1 y también con tirzepatida.
En la práctica, el tratamiento no se trata de un “plan de 3 meses” para bajar de peso, sino de una intervención crónica que puede requerir mantenimiento prolongado.
En SURMOUNT-4, los pacientes que habían recibido tirzepatida durante una fase inicial abierta de 36 semanas fueron luego asignados a continuar tirzepatida o cambiar a placebo. Quienes continuaron el tratamiento siguieron bajando de peso, mientras que quienes pasaron a placebo recuperaron una proporción importante del peso perdido.
Ese diseño mostró con claridad algo que la clínica ya sugería: cuando se retira una terapia eficaz para una enfermedad crónica, la biología tiende a empujar en sentido contrario.
Eso no significa que todos los pacientes deban usarla de por vida. Significa que la decisión de suspender, reducir dosis o espaciar seguimiento debe ser planificada, no improvisada. Si se suspende por costo, acceso, efectos adversos, embarazo, cirugía o decisión compartida, conviene intensificar acompañamiento nutricional, actividad física, control de peso, sueño, salud mental y comorbilidades.
La recuperación ponderal no es “falta de voluntad”: es fisiología de una enfermedad crónica.
Tirzepatida frente a semaglutida: ¿cómo elegir?
La comparación entre tirzepatida y semaglutida es inevitable.
En términos de reducción de peso, los datos directos de SURMOUNT-5 favorecen a tirzepatida en adultos con obesidad sin diabetes a las 72 semanas. En ese estudio, la reducción media de peso fue de 20.2 % con tirzepatida frente a 13.7 % con semaglutida 2.4 mg, una diferencia de 6.5 puntos porcentuales (8).
En diabetes tipo 2, el ensayo SURPASS-2 también mostró mayor reducción de hemoglobina glicosilada y peso con tirzepatida frente a semaglutida 1 mg semanal. La reducción de hemoglobina glicosilada fue de 2.01 a 2.30 puntos porcentuales con tirzepatida, frente a 1.86 puntos con semaglutida; y la pérdida de peso fue mayor con tirzepatida en todas las dosis evaluadas (9).
La elección no debe basarse solo en eficacia ponderal promedio.
Semaglutida cuenta con evidencia cardiovascular robusta en determinadas poblaciones, amplia experiencia clínica y diferentes formulaciones según país.
Tirzepatida ofrece mayor potencia promedio para descenso de peso y control glucémico.
Argentina: disponibilidad, prescripción y alerta sobre productos no autorizados
En Argentina, tirzepatida se comercializa como Mounjaro® por el laboratorio Adium.
Incluye indicaciones para diabetes tipo 2 y control del peso, con administración semanal y titulación progresiva (2).
Un punto crítico para médicos y pacientes es la seguridad del producto.
En octubre de 2025, ANMAT advirtió sobre unidades de “TIRZEC” tirzepatida 5 mg/0.5 ml, un producto sin autorización ni aval de ANMAT, cuya procedencia y seguridad no podían garantizarse. En esa comunicación, ANMAT señaló que ese producto no se encontraba registrado en la República Argentina y solicitó al personal de salud, distribuidores, instituciones y población verificar stock y contactar a la autoridad sanitaria si contaban con unidades (10).
Errores frecuentes
El primer error es indicar tirzepatida como si fuera un tratamiento estético: no lo es. Es una medicación para enfermedades metabólicas crónicas.
El segundo error es no explicar que la dosis inicial de 2.5 mg es de adaptación: muchos pacientes esperan grandes resultados inmediatos y se frustran. Otros, por el contrario, quieren escalar rápido para “bajar más”, aumentando el riesgo de intolerancia.
El tercer error es no ajustar otros tratamientos. En diabetes, no revisar insulina o sulfonilureas puede producir hipoglucemia. En hipertensión, no controlar presión durante el descenso de peso puede favorecer la hipotensión o mareos. En pacientes con diuréticos, vómitos o diarrea pueden precipitar deshidratación y deterioro renal.
El cuarto error es no proteger masa muscular. La indicación debe ir acompañada de proteínas, fuerza y seguimiento nutricional.
El quinto error es suspender el fármaco sin un plan.
Si el tratamiento se interrumpe, el paciente necesita una estrategia de mantenimiento. De lo contrario, la recuperación de peso es probable.
¿Cómo explicárselo al paciente?
“La tirzepatida es una medicación semanal que actúa sobre señales hormonales del intestino y del cerebro que regulan apetito, saciedad, glucosa e insulina. No es una vacuna ni una solución mágica. Ayuda a comer menos, mejorar la glucemia y bajar peso, pero funciona mejor y es más segura si se acompaña de alimentación adecuada, actividad física, ejercicios de fuerza y controles. Empezamos con una dosis baja para que el cuerpo se adapte y vamos subiendo de a poco según tolerancia y respuesta. Si aparecen náuseas, vómitos, dolor abdominal intenso, signos de deshidratación o síntomas de hipoglucemia, hay que avisar.”
Las conclusiones: ¿qué nos deja la evidencia?
La tirzepatida representa uno de los avances farmacológicos más importantes de los últimos años en obesidad y diabetes tipo 2.
Su doble agonismo GIP/GLP-1 se traduce en reducciones de peso de gran magnitud, mejor control glucémico y mejoría de múltiples marcadores cardiometabólicos.
En obesidad sin diabetes, los ensayos SURMOUNT muestran descensos ponderales que modifican el estándar de eficacia esperado para un fármaco.
En SURMOUNT-1, las dosis de 10 y 15 mg lograron reducciones medias de peso de 19.5 % y 20.9 % a las 72 semanas, y hasta 57 % de los pacientes con 15 mg bajó 20 % o más de su peso corporal (1).
En diabetes tipo 2, el programa SURPASS mostró reducciones importantes de hemoglobina glicosilada y peso, con una potencia superior a comparadores activos en varios estudios (9). En prevención de diabetes tipo 2, los datos extendidos de SURMOUNT-1 sugieren un beneficio metabólico de gran magnitud en personas con obesidad y prediabetes, con una reducción aproximada de 93 % en la progresión a diabetes tipo 2 (4).
Referencias
- https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa2206038
- https://adium.com.ar/web/wordpress/wp-content/uploads/2025/09/MOUNJARO_Prospecto_para_Pacientes_Profesionales_ADIUM.pdf
- https://diabetesjournals.org/care/article/49/Supplement_1/S166/163915/8-Obesity-and-Weight-Management-for-the-Prevention
- https://diabetesjournals.org/docm-care/article/1/1/5/164233/Pharmacologic-Treatment-of-Obesity-in-Adults
- https://www.accessdata.fda.gov/drugsatfda_docs/label/2026/215866s009lbl.pdf
- https://www.accessdata.fda.gov/drugsatfda_docs/label/2026/217806s002lbl.pdf
- https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK585056/
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40353578/
- https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa2107519
- https://www.argentina.gob.ar/noticias/anmat-advierte-sobre-unidades-de-tirzec-1









