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Suicidio en Argentina: por qué ya es la principal forma de muerte violenta

En Argentina, el suicidio superó a las muertes viales y a los homicidios dolosos y desde 2023 constituye la principal categoría de muerte violenta registrada por el Sistema Nacional de Información Criminal. En 2024 hubo 4.249 casos y en 2025 la cifra ascendió a 5.209. Detrás del número hay además un patrón definido: predominan ampliamente los varones y los adultos jóvenes (1,2). Lo revisamos en INFOMED.

Puntos Clave

  • Desde 2023, el suicidio es la principal categoría de muerte violenta registrada por el SNIC en Argentina. En 2024 representó el 41.7 % de estas muertes y superó tanto a las muertes viales como a los homicidios dolosos.

  • En 2025 se registraron 5.209 suicidios, frente a 4.249 en 2024. El aumento interanual fue de 22.6 % y la tasa alcanzó aproximadamente 11.8 por 100.000 habitantes mayores de 5 años, el mayor valor de la serie reciente.

  • La tendencia antecede al último año. Los casos pasaron de 3.304 en 2017 a 4.249 en 2024 y posteriormente a 5.209 en 2025. El comportamiento durante la pandemia tampoco fue lineal: en 2020 los suicidios inicialmente disminuyeron y comenzaron a aumentar nuevamente desde 2021.

  • Los varones concentran cerca de 4 de cada 5 muertes por suicidio. Además, las edades jóvenes tienen un peso considerable: en 2024, el 38 % de los casos correspondió a personas de 20 a 34 años y las tasas más altas se observaron entre los 20 y los 29 años.

  • Existen diferencias territoriales importantes. En 2024, Entre Ríos alcanzó 19,8 suicidios por 100.000 habitantes mayores de 5 años, mientras que CABA registró 5,9. Estas variaciones deben interpretarse considerando estructura poblacional, factores sociales y posibles diferencias de registro.

  • “Principal causa de muerte violenta” no significa “principal causa de muerte”. Es una definición operacional del SNIC (Sistema Nacional de Información Criminal) que compara suicidios, muertes viales, homicidios dolosos y homicidios culposos por otros hechos. Mantener esta precisión evita sobredimensionar o interpretar incorrectamente el dato.

  • Los registros permiten establecer tendencias, pero no demostrar causalidad. Crisis económica, pandemia, aislamiento, consumo de sustancias, trastornos mentales y otros determinantes pueden participar del fenómeno, pero la evolución temporal por sí sola no permite asignar el aumento a un factor específico.

  • La prevención requiere una estrategia sanitaria y poblacional. Detección precoz, acceso a atención de salud mental, seguimiento de las personas que realizaron intentos, reducción del acceso a medios letales y comunicación responsable son intervenciones centrales propuestas por organismos internacionales.

Un cambio epidemiológico que ocurrió casi en silencio

Durante años, cuando se hablaba de muertes violentas en Argentina, la primera imagen probablemente era la de los accidentes de tránsito o los homicidios. Los números ahora muestran que esa realidad cambió.

El Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC), dependiente del Ministerio de Seguridad de la Nación, registró en 2024, 4.249 suicidios, equivalentes a una tasa de 9.8 cada 100.000 habitantes mayores de 5 años. En el mismo año hubo 3.539 muertes viales, 1.802 homicidios dolosos y 599 homicidios culposos por otros hechos (1).

Es decir, los suicidios representaron por sí solos el 41.7% de las 10.189 muertes violentas incluidas en estas 4 categorías.

El cambio no ocurrió de un día para otro:

  • En 2017 se habían registrado 3.304 suicidios
  • En 2018, 3.903
  • En 2019, 3.647
  • En 2020, 3.262
  • En 2021, 3.648
  • En 2022, 3.959
  • En 2023, alrededor de 4.200
  • En 2024, 4.249


Entre 2017 y 2024, por lo tanto, el número anual aumentó aproximadamente 29%. Durante 2017, 2018 y 2019, las muertes viales fueron todavía la principal categoría de muerte violenta.

En 2020, con las restricciones de movilidad de la pandemia, las muertes viales descendieron 29.5% respecto de 2019 y los suicidios pasaron transitoriamente al primer lugar. En 2021 y 2022 las muertes viales volvieron a superar a los suicidios.

Pero en 2023 ocurrió el verdadero punto de inflexión: por primera vez en un año sin restricciones importantes de circulación, el suicidio pasó a ocupar el primer lugar. La situación se mantuvo en 2024. Y los datos correspondientes a 2025 amplificaron la señal: se registraron 5.209 suicidios, frente a 4.249 en 2024, un incremento interanual de 22.6%. La tasa alcanzó aproximadamente 11.8 cada 100.000 habitantes mayores de 5 años, la cifra más elevada de la serie reciente (2).

En 2025 los suicidios representaron alrededor del 47% de las muertes violentas incluidas en esta clasificación, frente a aproximadamente 32% correspondientes a muertes viales y 15 % a homicidios dolosos (2).

¿Qué significa exactamente “principal causa de muerte violenta”?

Este punto requiere una aclaración. Decir que el suicidio es hoy la principal “forma de muerte violenta” no significa que sea una de las principales causas de muerte de toda la población argentina.

En epidemiología, las principales causas generales de mortalidad siguen estando dominadas por enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedades respiratorias y otras enfermedades no transmisibles. El concepto utilizado aquí pertenece al SNIC. El sistema agrupa dentro de las muertes violentas 4 categorías:

  • Suicidios
  • Muertes viales
  • Homicidios dolosos
  • Homicidios culposos por otros hechos

Por eso, el dato debe expresarse con precisión: desde 2023, el suicidio es la categoría más frecuente entre las muertes violentas registradas por el SNIC en Argentina.

También existen diferencias metodológicas entre esta fuente y las estadísticas sanitarias de mortalidad de la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS).

La DEIS obtiene sus datos fundamentalmente de los informes estadísticos de defunción y clasifica las causas mediante la Clasificación Internacional de Enfermedades. El SNIC, en cambio, incorpora información procedente fundamentalmente de registros policiales y fuerzas de seguridad. Ninguna fuente es perfecta.

El propio informe advierte que las estadísticas sanitarias pueden presentar eventos de intención no determinada, en parte por dificultades en la certificación médica de algunas muertes externas. Esto puede llevar a subestimar los suicidios. El SNIC también puede presentar subregistro cuando un episodio no genera intervención de las fuentes que nutren su sistema (1).

Más que invalidarse, ambas fuentes deberían considerarse complementarias.

Una mortalidad fuertemente concentrada en los varones

La distribución por sexo es una de las características más consistentes del fenómeno. Entre 2017 y 2024, aproximadamente 79.2 % de las personas que murieron por suicidio fueron varones (1).

En 2024, de los casos en los que pudo establecerse el género, hubo 3.231 varones y 767 mujeres. Los varones representaron 76% del total registrado; además, en 5,9% de los casos faltaba información sobre género (1).

La diferencia no significa necesariamente que los varones presenten más ideación o intentos suicidas. Lo que muestra esta base es específicamente una diferencia en mortalidad por suicidio. También existe un importante gradiente etario. En 2024, el 38% de los suicidios ocurrió entre los 20 y los 34 años (1).

Se registraron:

  • 561 casos entre 20 y 24 años
  • 567 entre 25 y 29 años
  • 486 entre 30 y 34 años

Las tasas fueron particularmente elevadas en los grupos de 20–24 y 25–29 años: 16 por 100.000 habitantes en ambos casos.

Entre los adolescentes de 15 a 19 años se registraron 312 muertes, con una tasa de 8.8 por 100.000 (1).

Entre los varones, las franjas con mayor número de casos estuvieron precisamente entre los 20 y los 34 años. No es un dato menor. El suicidio afecta de manera desproporcionada a personas que se encuentran en etapas de la vida en las que la mortalidad por enfermedades crónicas todavía es relativamente baja.

Un país con diferencias de hasta 3 veces entre jurisdicciones

El promedio nacional también esconde una marcada heterogeneidad geográfica. En 2024, Entre Ríos presentó una tasa de 19.8 suicidios cada 100.000 habitantes mayores de 5 años, aproximadamente 2.6 veces la registrada en la provincia de Buenos Aires, de 7.5 por 100.000 (1).

Entre las tasas más elevadas estuvieron también:

  • San Luis, con 17.5 por cada 100.000 habitantes
  • Formosa, con 16.4 por cada 100.000 habitantes
  • La Rioja, con 15.5 por cada 100.000 habitantes
  • Catamarca, con 15.2 por cada 100.000 habitantes
  • Santa Fe, con 13.6 por 100.000 por cada 100.000 habitantes

En el extremo inferior aparecieron Río Negro, con 5.1, y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con 5.9 por 100.000 (1).

Estas diferencias no permiten concluir por sí solas por qué una jurisdicción presenta mayor mortalidad que otra. Pueden intervenir factores demográficos, socioeconómicos, culturales, sanitarios, disponibilidad de medios letales y también diferencias en la calidad de los registros.

Las comparaciones territoriales deben interpretarse especialmente con cautela cuando las poblaciones son pequeñas: unos pocos casos adicionales pueden modificar sustancialmente una tasa anual.

La pandemia no explica por sí sola lo que ocurrió

Es tentador buscar una causa única para un aumento de esta magnitud. Los datos no permiten hacerlo.

En 2020, primer año de la pandemia, los suicidios registrados disminuyeron 10.6% respecto de 2019: pasaron de 3.647 a 3.262. La tasa descendió de 8.8 a 7.8 por 100.000 habitantes mayores de 5 años (1).

El aumento apareció después:

  • 3.648 casos en 2021
  • 3.959 en 2022, alrededor de 4.200 en 2023
  • 4.249 en 2024
  • 5.209 en 2025

Esto permite describir una tendencia temporal, pero no demostrar que la pandemia, la situación económica, el desempleo, la desigualdad o cualquier otro factor aislado hayan causado el aumento.

El suicidio es un fenómeno multifactorial en el que pueden confluir trastornos mentales, consumo problemático de sustancias, enfermedades físicas, antecedentes de intentos previos, crisis vitales, dificultades socioeconómicas, violencia, aislamiento social y acceso a medios letales, entre muchos otros factores.

La Organización Panamericana de la Salud insiste justamente en que su prevención requiere intervenciones simultáneas a nivel individual, sanitario y poblacional, y no una explicación monocausal (3).

Una muerte potencialmente prevenible

Una de las características más importantes del suicidio desde el punto de vista sanitario es que una proporción de estas muertes puede prevenirse.

La prevención incluye identificar precozmente a las personas en riesgo, garantizar acceso oportuno a atención en salud mental, dar seguimiento después de un intento, reducir el acceso a determinados medios letales, capacitar a los equipos sanitarios y comunicar el suicidio responsablemente en los medios (3,4).

En la práctica, el dato epidemiológico tiene además una traducción clínica.

Una consulta médica puede ser uno de los pocos puntos de contacto de una persona en crisis con el sistema de salud. Preguntar directamente por ideación suicida cuando existe sospecha clínica no induce ni aumenta el riesgo de suicidio y puede permitir identificar a una persona que necesita evaluación inmediata (3).

El desafío, entonces, es evitar 2 extremos. El primero es minimizar el problema. Más de 5.000 muertes en un año y un crecimiento de más de 20 % interanual constituyen una señal epidemiológica que merece atención. El segundo es simplificarlo. Las estadísticas describen con bastante precisión qué está ocurriendo, pero mucho menos claramente por qué está ocurriendo.

Y esa diferencia entre asociación y causalidad importa.

Las conclusiones: ¿qué nos deja esta revisión?

Argentina atraviesa un cambio relevante en el perfil de sus muertes violentas. Desde 2023, los suicidios superan a las muertes viales y a los homicidios dentro del registro del SNIC. En 2024 hubo 4.249 casos y en 2025, 5.209, un incremento de 22.6% en apenas un año (1,2).

La carga se concentra especialmente en los varones y en edades jóvenes. En 2024, alrededor de 4 de cada 5 víctimas fueron hombres a lo largo de la serie y el 38 % de los casos ocurrió entre los 20 y los 34 años.

Los números justifican hablar del problema. Pero también obligan a hacerlo bien: sin buscar explicaciones monocausales, sin extrapolar asociaciones y sin convertir una emergencia sanitaria en una sucesión de titulares.

Referencias

  1. Ministerio de Seguridad Nacional. Dirección Nacional de Estadística Criminal. Sistema Nacional de Información Criminal-Sistema de Alerta Temprana. Informe Suicidios 2017-2024. Buenos Aires: Ministerio de Seguridad Nacional; 2025. Disponible en: https://cloud-snic.minseg.gob.ar/Informes/SAT/SAT_SS/Informe_Suicidios_2024.pdf
  2. Ministerio de Seguridad Nacional. Dirección Nacional de Estadística Criminal. Estadísticas criminales de la República Argentina. Datos 2025. Buenos Aires: Ministerio de Seguridad Nacional; 2026. Disponible en: https://www.argentina.gob.ar/seguridad/estadisticascriminales
  3. Organización Panamericana de la Salud. Prevención del suicidio. Washington, DC: OPS/OMS. Disponible en: https://www.paho.org/es/temas/prevencion-suicidio
  4. World Health Organization. Preventing suicide: a global imperative. Geneva: WHO; 2014. Disponible en: https://www.who.int/publications/i/item/9789241564779

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