Puntos Clave
- El resfrío común, la influenza y la rinitis alérgica comparten síntomas respiratorios, pero representan entidades biológicamente diferentes, con mecanismos fisiopatológicos y riesgos de complicaciones distintos.
- El resfrío común es la enfermedad infecciosa más frecuente de la especie humana. Los adultos presentan entre 2 y 4 episodios anuales y los niños entre 6 y 8. Los rinovirus explican aproximadamente entre el 30 y el 50% de los casos.
- La influenza provoca alrededor de 1.000 millones de infecciones anuales, entre 3 y 5 millones de casos graves y entre 290.000 y 650.000 muertes cada año en el mundo.
- La fiebre elevada, las mialgias intensas, la cefalea y la postración son características de la influenza y reflejan su naturaleza sistémica.
- Durante la primera semana posterior a una infección por influenza confirmada, el riesgo de infarto agudo de miocardio puede aumentar más de 6 veces.
- En pacientes hospitalizados por gripe, aproximadamente el 12 % desarrolla alguna complicación cardiovascular aguda, principalmente insuficiencia cardíaca o síndromes coronarios.
- La influenza favorece la aparición de neumonía bacteriana secundaria. La coinfección bacteriana se asocia con un aumento cercano a 3 veces en el riesgo de muerte intrahospitalaria.
- La rinitis alérgica afecta entre el 10 y el 40% de la población mundial y constituye una de las enfermedades crónicas más prevalentes.
- El prurito nasal y ocular es uno de los hallazgos más útiles para diferenciar una alergia respiratoria de una infección viral.
- El resfrío suele resolverse en 7 a 10 días, mientras que la tos y la astenia posinfluenza pueden persistir durante varias semanas. Los síntomas alérgicos pueden mantenerse durante meses.
- Hasta el 80% de los pacientes con asma presentan rinitis alérgica asociada y entre el 10 y el 40% de quienes tienen rinitis alérgica desarrollarán asma a lo largo de la vida.
- La coloración amarilla o verdosa de las secreciones nasales no permite diferenciar una infección viral de una bacteriana.
- Los antibióticos no tienen utilidad en la enorme mayoría de los resfríos comunes.
- La vacunación antigripal continúa siendo la principal estrategia preventiva frente a la influenza y sus complicaciones respiratorias y cardiovasculares.
Tres enfermedades extremadamente frecuentes
Pocas condiciones médicas generan tantas consultas como las infecciones respiratorias altas y las enfermedades alérgicas. Millones de consultas médicas cada año corresponden a alguna de estas 3 entidades.
# Resfrío común
El resfrío común es probablemente la enfermedad infecciosa más frecuente de la especie humana. Una revisión clásica publicada en The Lancet describió que los adultos presentan entre 2 y 4 episodios anuales, mientras que los niños pueden sufrir entre 6 y 8 infecciones por año, e incluso más durante los primeros años de escolarización (1).
# Influenza
La influenza tiene una carga sanitaria muy diferente. Una revisión epidemiológica publicada en 2025 estimó que cada año ocurren aproximadamente 1.000 millones de infecciones por influenza en el mundo, de las cuales entre 3 y 5 millones desarrollan enfermedad grave. La mortalidad anual atribuible oscila entre 290.000 y 650.000 muertes (2).
# Rinitis alérgica
La rinitis alérgica tampoco es una enfermedad menor. Una revisión internacional que incluyó 184 estudios y casi 6.000 publicaciones identificadas encontró una prevalencia mediana global de rinitis alérgica del 18.1% en adultos, aunque con variaciones importantes entre regiones.
Otras estimaciones sitúan la prevalencia mundial entre el 10 y el 40% de la población, con una tendencia sostenida al aumento durante las últimas décadas (3,4).
El resfrío común: mucho más que un cuadro banal
Existe la percepción de que el resfrío es una única enfermedad causada por un único virus. En realidad, se trata de un síndrome clínico.
Más de 200 virus pueden producir un cuadro compatible con el resfrío común. Los rinovirus representan el principal agente etiológico y explican entre el 30 y el 50% de los casos identificados.
También participan coronavirus estacionales, adenovirus, enterovirus, virus parainfluenza y virus respiratorio sincicial (1,5).
Un aspecto interesante es que los síntomas no dependen exclusivamente del daño viral directo: la mayor parte de la congestión, la rinorrea y el malestar general son consecuencia de la respuesta inflamatoria local desencadenada por el huésped.
Una revisión publicada en Clinical Microbiology Reviews mostró que gran parte de la sintomatología deriva de la liberación de mediadores inflamatorios y no de la destrucción tisular masiva causada por el virus (6).
Clínicamente predominan:
- Congestión nasal.
- Rinorrea.
- Estornudos.
- Odinofagia leve.
- Tos de intensidad variable.
La fiebre es infrecuente en adultos y, cuando aparece, suele ser baja.
Influenza: una enfermedad sistémica
La principal diferencia entre la influenza y el resfrío común es que la influenza es una enfermedad sistémica.
Los virus influenza A y B tienen una capacidad mucho mayor para inducir una respuesta inflamatoria generalizada. El resultado es el clásico síndrome febril agudo acompañado por mialgias, cefalea, postración y marcada disminución de la capacidad funcional.
Los pacientes suelen describir con precisión el momento exacto en que comenzaron los síntomas.
El impacto epidemiológico es considerable: la influenza genera millones de hospitalizaciones anuales y constituye una causa relevante de mortalidad respiratoria y cardiovascular.
Diversas estimaciones globales atribuyen a la influenza alrededor de 400.000 muertes respiratorias y unas 300.000 muertes cardiovasculares por año (7).
La relación entre influenza y eventos cardiovasculares ha adquirido creciente relevancia durante los últimos años. En un estudio autocontrolado publicado en The New England Journal of Medicine en 2018, realizado en Ontario, Canadá, el riesgo de infarto agudo de miocardio fue más de 6 veces superior durante los primeros 7 días posteriores a una infección por influenza confirmada por laboratorio en comparación con períodos control del mismo individuo (razón de incidencia 6.05) (10). El incremento fue especialmente marcado en adultos mayores y en personas con enfermedad cardiovascular previa.
El impacto clínico también se observa en pacientes hospitalizados. Una investigación publicada en Annals of Internal Medicine en 2020, que analizó más de 80.000 internaciones por influenza en Estados Unidos, mostró que el 11.7% presentó algún evento cardiovascular agudo durante la hospitalización. La insuficiencia cardíaca ocurrió en el 6.2% de los pacientes, la enfermedad coronaria aguda en el 5.7%, las crisis hipertensivas en el 1%, el shock cardiogénico en el 0.3% y la miocarditis en el 0.1% (11).
Las complicaciones respiratorias tampoco son infrecuentes. La influenza puede producir neumonía viral primaria, neumonía bacteriana secundaria o cuadros mixtos. Entre los principales microorganismos involucrados se encuentran Streptococcus pneumoniae, Staphylococcus aureus, Haemophilus influenzae y Streptococcus pyogenes.
En una cohorte multicéntrica de pacientes hospitalizados con neumonía adquirida en la comunidad e influenza confirmada, aproximadamente 1 de cada 10 presentó coinfección bacteriana documentada. La presencia de coinfección se asoció con un aumento cercano a 3 veces en el riesgo de mortalidad intrahospitalaria (OR ajustado 3.00) y de ingreso a unidades de cuidados intensivos (12).
Estos datos ayudan a entender por qué la influenza no debe interpretarse como un simple “resfrío fuerte”.
En personas mayores, embarazadas, pacientes con enfermedad cardiovascular, diabetes, obesidad, enfermedad pulmonar crónica o inmunosupresión, la gripe puede actuar como desencadenante de insuficiencia cardíaca, infarto agudo de miocardio, accidente cerebrovascular, neumonía, insuficiencia respiratoria y muerte.
Por este motivo, la vacunación antigripal es considerada actualmente una intervención de prevención cardiovascular secundaria en numerosos pacientes de alto riesgo.
La rinitis alérgica: una epidemia silenciosa
A diferencia del resfrío y la influenza, la rinitis alérgica no es una infección.
Se trata de una enfermedad inflamatoria mediada por inmunoglobulina E (IgE), caracterizada por una respuesta inmunológica exagerada frente a alérgenos ambientales.
El documento ARIA (Allergic Rhinitis and its Impact on Asthma), una de las referencias internacionales más importantes en el tema, estimó que más de 500 millones de personas viven con rinitis alérgica en todo el mundo (8).
Una revisión publicada en World Allergy Organization Journal mostró prevalencias que oscilan entre el 9 y el 42% según la región estudiada, con una tendencia ascendente particularmente marcada en áreas urbanas (4).
Los síntomas cardinales incluyen:
- Estornudos a repetición o “en salvas”.
- Rinorrea acuosa.
- Obstrucción nasal.
- Prurito nasal.
- Prurito ocular.
- Conjuntivitis alérgica.
La presencia de picazón continúa siendo uno de los hallazgos clínicos más útiles para diferenciar una alergia de una infección viral.
¿Qué síntomas ayudan realmente a diferenciarlas?
La fiebre sigue siendo uno de los mejores discriminadores clínicos.
La fiebre alta orienta claramente hacia influenza u otra infección viral sistémica.
La ausencia de fiebre favorece el diagnóstico de rinitis alérgica.
La congestión nasal aislada tiene poco valor diagnóstico porque puede aparecer en las 3 entidades.
El prurito nasal y ocular tiene una elevada especificidad para alergia.
Las mialgias intensas, la cefalea marcada y la postración son mucho más frecuentes en influenza.
La duración también aporta información útil:
- El resfrío suele resolverse en 7 a 10 días.
- La influenza puede prolongar la tos y la astenia durante varias semanas.
- La rinitis alérgica puede persistir durante meses mientras continúe la exposición al alérgeno.
La conexión entre las alergias y el asma
Uno de los conceptos más importantes desarrollados por ARIA es el de “vía aérea única”.
Hasta el 80% de los pacientes asmáticos presentan rinitis alérgica y entre el 10 y el 40% de los pacientes con rinitis alérgica desarrollan asma a lo largo de su vida (8,9).
Esto explica por qué el control adecuado de la inflamación nasal puede mejorar síntomas bronquiales y reducir exacerbaciones asmáticas.
Mitos y verdades
Existen algunos mitos y verdades en relación con estas tres entidades.
1. “Si hay mocos verdes, seguro es una infección bacteriana”
Mito.
La coloración amarilla o verdosa de las secreciones refleja la presencia de neutrófilos y productos inflamatorios. No permite distinguir con fiabilidad entre infección viral y bacteriana.
2. “La gripe es un resfrío fuerte”
Mito.
Aunque comparten algunos síntomas, la influenza es una enfermedad distinta, con una fisiopatología diferente, mayor inflamación sistémica y riesgo real de hospitalización y muerte.
3. “Las alergias pueden dar fiebre”
Mito.
La rinitis alérgica no produce fiebre. Cuando aparece fiebre debe considerarse otra etiología.
4. “Los antibióticos no sirven para el resfrío”
Verdad.
La enorme mayoría de los resfríos son virales. Los antibióticos no acortan la duración de los síntomas ni previenen complicaciones.
5. “La vacuna antigripal puede reducir eventos cardiovasculares”
Verdad.
La evidencia acumulada durante la última década demuestra beneficios cardiovasculares clínicamente relevantes en poblaciones de riesgo, comparables en algunos escenarios a otras estrategias preventivas ampliamente aceptadas.
6. “Las alergias están aumentando ”
Verdad.
Numerosas cohortes internacionales muestran incrementos sostenidos en la prevalencia de rinitis alérgica durante las últimas décadas, particularmente en áreas urbanizadas (3,4,8).
Conclusiones: ¿qué nos deja este repaso?
Aunque resfrío, influenza y rinitis alérgica comparten síntomas respiratorios superiores, representan entidades biológicamente distintas y con implicancias clínicas muy diferentes.
El resfrío continúa siendo la infección humana más frecuente y está dominado por rinovirus.
La influenza sigue causando cientos de miles de muertes anuales y constituye una enfermedad sistémica capaz de desencadenar complicaciones respiratorias y cardiovasculares graves.
La rinitis alérgica, por su parte, afecta a cientos de millones de personas y se ha convertido en una de las enfermedades crónicas más prevalentes del mundo.
En la práctica, la presencia de fiebre alta, mialgias intensas y comienzo abrupto orienta hacia influenza; el predominio de congestión nasal y la evolución autolimitada favorece el diagnóstico de resfrío; mientras que el prurito nasal y ocular, la ausencia de fiebre y la persistencia prolongada de los síntomas sugieren rinitis alérgica.
La correcta diferenciación permite evitar tratamientos innecesarios, optimizar el uso de antivirales y antibióticos e identificar pacientes con riesgo de complicaciones.
Referencias
- https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(03)12162-9/fulltext
- https://www.researchgate.net/publication/396865168_Seasonal_Influenza_A_Narrative_
Review_of_Epidemiology_Clinical_Features_and_Preventive_Strategies - https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35344304/
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36267097/
- https://www.researchgate.net/publication/374557700_Understanding_the_Common_Cold
_An_Infectious_Disease - https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/15172021/
- https://ourworldindata.org/influenza
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/18331513/
- https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9021509/
- https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa1702090
- https://www.acpjournals.org/doi/10.7326/M20-1509
- https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9116507/









