¿Qué relación tiene el comer rápido con la ganancia de peso corporal, la diabetes y la enfermedad cardiovascular?

por | 29, Sep, 2022 | Nutrición

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Distintas investigaciones analizaron la velocidad con la que los individuos ingieren los alimentos, en relación con su peso corporal, la incidencia de diabetes mellitus y de enfermedad cardiovascular. Un estudio japonés de hace algunos años trata de responder esta pregunta, al analizar la incidencia del síndrome metabólico, según la velocidad de la ingesta (1). Lo revisamos en INFOMED.

PUNTOS CLAVE

  • El hambre y la saciedad son mecanismos desarrollados durante la evolución para asegurar la supervivencia.

  • La saciedad depende de distintos factores, entre ellos la disminución de los niveles de grelina, el aumento de los niveles de leptina, y la composición de los alimentos, siendo las proteínas el nutriente más saciante, y los alimentos ultra procesados, los menos. Las fibras también son importantes, ya que aportan volumen a las comidas.

  • La sensación de saciedad llega a partir de los 20 minutos del comienzo de la ingesta.

  • En un estudio japonés presentado en el Congreso de la American Heart Association en 2017 analizaron la velocidad con que se come, con la incidencia de síndrome metabólico (obesidad central, glucosa ≥100, triglicéridos ≥150, HDL-c ≤40, TA ≥ 135/85).

  • Incluyeron 1084 japoneses, con una edad media de 51.2 años, y mayoría hombres. Los siguieron 5 años.

  • Los «comedores rápidos», comparados con los «comedores lentos», tuvieron un riesgo 5.49 veces mayor de padecer síndrome metabólico, y un 89% más de riesgo al comparar con los individuos que comían a una velocidad normal.

  • La asociación con la velocidad de la ingesta fue particularmente importante para la incidencia de obesidad y aumento de la glucosa.

  • Comer más lentamente podría ser un elemento de las recomendaciones a los individuos que desean prevenir o tratar el síndrome metabólico.

Hambre versus saciedad

Durante su evolución, los animales desarrollaron distintos mecanismos para asegurar su supervivencia. Entre estos tenemos el hambre y la saciedad (2).

El hambre es la herramienta que tiene el cuerpo para avisar que necesita nutrientes. Esta es el motor de la búsqueda y consumo alimentos. Los humanos, con el tiempo, aprendieron a controlarla e ignorarla, con más o menos de éxito.

En el lado opuesto al hambre, está la saciedad. Esta es la señal del cerebro que nos dice que la ingesta de alimentos ya fue «suficiente», y que hay que parar de comer.

La señal por la que el cuerpo entiende que «comió suficiente» depende de distintos factores:

  • En primer lugar, el estómago se distiende con la llegada de los alimentos, y los receptores nerviosos, que se encuentran su pared, envían la señal al cerebro de que el estómago «se está llenando».
  • Se producen cambios hormonales: disminuyen los niveles de grelina, la hormona responsable de la sensación de hambre, y aumentan los de leptina, que genera sensación de saciedad, y disminuye el apetito.

El equilibrio entre el hambre y la saciedad es un elemento importante para el mantenimiento de un peso corporal saludable.

El problema de la velocidad…

La velocidad con la que se ingieren los alimentos es muy importante. El cuerpo necesita unos 20 minutos para hacer llegar al cerebro la sensación de saciedad.

En los individuos que comen muy rápidamente, esta señal puede llegar cuando ya se ha ingerido más de lo necesario para el metabolismo, así como para estar «saciado».

Las proteínas son el nutriente con más poder para generar saciedad. Es por esto que los alimentos ricos en proteínas pueden ayudar en las distintas dietas para bajar de peso (3). También las fibras ayudan, ya que aportan volumen a las comidas, generando trabajo digestivo durante más tiempo y atrasando la sensación de hambre. Le siguen los hidratos de carbono y las grasas.

En el extremo opuesto a las proteínas están los alimentos ultra procesados: a más nivel de procesamiento, menor poder saciante (4).

También tienen relación con la saciedad el sabor, olor y textura de los alimentos. Masticar más veces ayuda a estar expuesto estos elementos un tiempo mayor, con la ayuda del sentido gusto y del olfato (5).

Para medir la velocidad con que come un individuo, se suelen usar cuestionarios, en los cuales los individuos se colocan en la categoría de velocidad que creen que comen. En laboratorio se puede medir en gramos/minuto.

Un comedor lento suele comer 33 gramos/minuto, versus uno rápido, 50 gramos por minuto. Esto implica 1/2 kilo de comida comerlo en 15, versus 10 minutos respectivamente (6).

¿Qué es el síndrome metabólico?

El síndrome metabólico, síndrome X o síndrome de insulinoresistencia (7), es la presencia de los factores de riesgo metabólicos para la enfermedad cardiovascular y la diabetes mellitus.

La obesidad, principalmente la abdominal, se asocia con la resistencia a los efectos de la insulina, lo que generalmente lleva a la diabetes mellitus tipo 2. La insulinoresistencia, con la hiperinsulinemia e hipertrigliceridemia asociadas, pueden llevar a la disfunción del endotelio vascular, a un perfil anormal de lípidos, y a la hipertensión arterial, lo que lleva al desarrollo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica.

Este incluye a 5 factores de riesgo de enfermedades cardiometabólicas graves, como la enfermedad cardíaca, el accidente cerebrovascular y la diabetes.

Estos 5 factores de riesgo son, según la ATP III:

  • – Obesidad central o abdominal (perímetro de cintura ≥102 o ≥88 centímetros en el hombre y mujer, respectivamente).
  • – Triglicéridos elevados (≥150 mg/dL), o recibir un tratamiento para su control.
  • – Colesterol-HDL bajo (≤50 y ≤40 mg/dL en el hombre y la mujer, respectivamente), o recibir un tratamiento para su control.
  • – Glucosa en sangre ≥100 mg/dL, o recibir un tratamiento para su control.
  • – Presión arterial≥ 130/85 mm Hg, o recibir tratamiento para su control.

Con 3 de estos 5 elementos, se hace el diagnóstico. Su prevalencia es del 22% en la población general. Esta depende de la edad: a los 20 años, en 6.7% de la población lo padece, y este número trepa al 42% en mayores de 70 años.

Se calcula que en el futuro el síndrome metabólico puede superar al tabaquismo como el principal factor de riesgo de enfermedad cardíaca. Cada vez más personas desarrollan el síndrome debido al aumento en las tasas generales de sobrepeso y obesidad.

Se estima que alrededor de un tercio (34%) de la población adulta de los Estados Unidos tienen síndrome metabólico.

¿Qué evidencia hay acerca de la relación entre comer rápido, el aumento de peso y la enfermedad cardiovascular?

Comer demasiado rápido puede provocar aumento de peso y aumentar el riesgo de padecer enfermedades cardíacas (infarto de miocardio, accidente cerebrovascular) según una investigación (1), cuyos resultados se presentaron en las Sesiones Científicas de la American Heart Association 2017.

El estudio fue llevado adelante por Takayuki Yamaji, un cardiólogo de la Universidad de Hiroshima, y sus colegas, en Japón. El estudio se centró en la relación entre la velocidad de comer y la incidencia de síndrome metabólico.

Estudiaron los hábitos alimentarios de 1083 adultos japoneses (642 eran hombres, 414 mujeres), con una edad media de 51.2 años. Los siguieron durante 5 años en promedio.

Ninguno tenía un síndrome metabólico, o alguno de sus elementos, al comienzo del estudio, en el año 2008. Mediante un cuestionario, los participantes dieron información sobre su estilo de vida, hábitos alimenticios, actividad física y antecedentes médicos.

Si los participantes habían aumentado al menos 10 kilogramos desde los 20 años, esto se calificaba como “aumento de peso”. Los participantes se dividieron en 3 grupos, según su velocidad de alimentación:

  • Comedores lentos
  • Comedores normales
  • Comedores rápidos

Durante el período de seguimiento de 5 años, 84 personas desarrollaron síndrome metabólico.

En general, una mayor velocidad de alimentación se correlacionó con un mayor aumento de peso, una mayor glucemia, niveles más altos de colesterol LDL («colesterol malo»), y un mayor perímetro de cintura.

Las personas que comían rápido tenían casi el doble de probabilidades de desarrollar síndrome metabólico, en comparación con sus contrapartes que comían a una velocidad normal. En efecto, la incidencia de síndrome metabólico fue de 11.6, 6.5 y 2.3% en los comedores rápidos, normales, y lentos, respectivamente.

El riesgo de desarrollar un síndrome metabólico en el grupo de comedores rápidos fue un 89% mayor, al compararlos con los que comían a una velocidad normal, y 5.49 veces mayor, al compararlos con los que comían lento.

En un análisis que tuvo en cuenta variables múltiples, el comer rápido fue un factor de riesgo independiente para desarrollar un síndrome metabólico: este aumentó casi al doble (riesgo relativo, OR, Odds Ratio, 1.99).

El comer rápido se asoció con un aumento del riesgo de cada elemento del síndrome metabólico, en especial con el aumento del perímetro abdominal de reciente presentación, y el aumento de la glucosa en ayunas.

La velocidad al comer se asoció con la obesidad y la futura prevalencia del síndrome metabólico.

Por lo tanto, comer despacio podría ser un elemento del estilo de vida crucial para prevenir el síndrome metabólico, al menos para la población japonesa en la que se realizó el estudio.

Comer rápido provoca una mayor fluctuación de la glucosa, lo que puede provocar resistencia a la insulina, que es uno de los mecanismos asociados al síndrome metabólico.

¿Qué nos deja este estudio para la práctica diaria?

El comer despacio podría ser un elemento del estilo de vida crucial para prevenir el síndrome metabólico, al menos para la población japonesa en la que se realizó el estudio.

Se podría aconsejar a los pacientes ingerir los alimentos lentamente, como una estrategia válida de prevención del síndrome metabólico, así como en forma terapéutica, una vez que sus elementos ya están presentes.

Sobre el autor

Ramiro Heredia

Ramiro Heredia

AUTOR

Médico especialista en Medicina Interna. MN 117882 – Egresado de la Universidad de Buenos Aires. Médico de Planta, División Urgencias – Hospital de Clínicas José de San Martín. Coordinador del módulo Clínico, Curso bienal de Emergentología – SAPUE.

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