Toda la actualidad de la medicina en español. Escrita y revisada por médicos.

¿Puede una vacuna prevenir la demencia? Lo que nos está enseñando la vacuna contra el herpes zóster

Durante décadas, la vacunación contra el herpes zóster tuvo un objetivo claro: prevenir el herpes zóster y sus complicaciones, especialmente la neuralgia posherpética. Sin embargo, una serie de estudios publicados entre 2025 y 2026 en Nature, JAMA, Nature Medicine y The Lancet Neurology encontró una asociación inesperada: las personas vacunadas presentaron menos diagnósticos de demencia durante los años posteriores. Aunque no se puede establecer por el momento una relación causal, resulta promisorio. Lo revisamos en INFOMED.

Puntos Clave

  • El virus varicela-zóster permanece latente durante décadas después de la infección inicial por varicela. Se estima que aproximadamente 1 de cada 3 personas desarrollará herpes zóster a lo largo de su vida.
  • La investigación reciente abrió una hipótesis inesperada: además de prevenir el herpes zóster y la neuralgia posherpética, la vacunación podría asociarse con una reducción del riesgo de demencia.
  • Un estudio publicado en Nature en 2025 analizó 296.324 adultos mayores de Gales y registró 35.307 nuevos diagnósticos de demencia durante 7 años de seguimiento.
  • La vacunación contra herpes zóster se asoció con una reducción absoluta de 3.5 puntos porcentuales y una reducción relativa cercana al 20% en el riesgo de desarrollar demencia.
  • En el mismo estudio, la vacunación produjo además una reducción aproximada del 37% en la incidencia de herpes zóster, confirmando que la intervención estaba generando el efecto biológico esperado sobre la reactivación del virus varicela-zóster.
  • Los hallazgos fueron posteriormente replicados en Australia, mediante un estudio publicado en JAMA, y en Canadá, mediante un análisis publicado en The Lancet Neurology. 
  • Los estudios disponibles sugieren que el beneficio podría ser más pronunciado en mujeres que en hombres. Esta observación apareció de manera repetida en distintas investigaciones y plantea nuevas preguntas sobre posibles diferencias biológicas e inmunológicas en la respuesta a la vacunación.
  • La vacuna recombinante adyuvada Shingrix, actualmente considerada la estrategia preferida para la prevención de herpes zóster en numerosos países, también mostró asociaciones favorables respecto al riesgo de demencia.
  • En un estudio publicado en Nature Medicine, los individuos vacunados presentaron aproximadamente 164 días adicionales libres de diagnóstico de demencia durante el seguimiento.
  • A pesar del entusiasmo generado por estos resultados, la evidencia actual todavía no permite afirmar que la vacunación contra herpes zóster prevenga de manera definitiva la demencia.
  • Actualmente, múltiples grupos internacionales intentan determinar si la asociación observada refleja un verdadero efecto causal.

Un viejo virus con consecuencias más allá de la piel

El virus varicela-zóster (VZV) es uno de los ejemplos más fascinantes de persistencia viral en humanos: tras producir la varicela durante la infancia, el virus no desaparece, sino que permanece latente durante décadas en los ganglios sensitivos del sistema nervioso periférico y puede reactivarse años después como herpes zóster.

La magnitud del problema es considerable. Se estima que aproximadamente 1 de cada 3 personas desarrollará herpes zóster a lo largo de su vida, mientras que el riesgo aumenta significativamente después de los 50 años.

Solo en Estados Unidos se registran alrededor de 1 millón de casos anuales, y la incidencia continúa aumentando a medida que envejece la población.

La complicación más conocida es la neuralgia posherpética, un síndrome de dolor neuropático persistente que puede prolongarse durante meses o incluso años. Sin embargo, durante la última década comenzaron a acumularse evidencias que vinculan la reactivación del VZV con fenómenos mucho más amplios, incluyendo aumento del riesgo de accidente cerebrovascular, eventos cardiovasculares y deterioro cognitivo.

Estas observaciones llevaron a una pregunta que inicialmente parecía casi especulativa: si la reactivación viral contribuye al daño neurológico acumulativo, ¿podría la vacunación contra herpes zóster reducir también el riesgo de demencia?

Un experimento natural en casi 300.000 adultos mayores: ¿Si probamos vacunando?

La investigación que colocó definitivamente esta hipótesis en el centro del debate científico fue publicada en 2025 en Nature por Markus Eyting, Min Xie, Pascal Geldsetzer y colaboradores (1).

Los autores aprovecharon una circunstancia excepcional ocurrida en Gales cuando comenzó la campaña nacional de vacunación contra herpes zóster con la vacuna viva atenuada Zostavax.

Debido a limitaciones logísticas, las autoridades sanitarias establecieron un criterio extremadamente rígido de elegibilidad basado exclusivamente en la fecha de nacimiento: las personas nacidas a partir del 2 de septiembre de 1933 podían vacunarse, y quienes habían nacido apenas unos días antes quedaban excluidos.

La consecuencia fue la creación involuntaria de un experimento natural extraordinariamente valioso desde el punto de vista epidemiológico. Individuos nacidos con pocos días o semanas de diferencia quedaron expuestos a probabilidades radicalmente distintas de vacunación pese a tener características clínicas, demográficas y socioeconómicas prácticamente idénticas.

Los investigadores analizaron los registros sanitarios de 296.324 adultos mayores, de los cuales 282.541 no presentaban diagnóstico previo de demencia.

La política sanitaria produjo una diferencia enorme en las tasas de vacunación:

  • Entre quienes quedaron apenas una semana por encima del límite etario, la cobertura fue prácticamente nula (0.01%).
  • Entre quienes quedaron apenas una semana por debajo, alcanzó 47.2%.

Durante los 7 años de seguimiento, se registraron 35.307 nuevos diagnósticos de demencia.

Los resultados fueron sorprendentes: la vacunación se asoció con una reducción absoluta de 3.5 puntos porcentuales en la probabilidad de desarrollar demencia. En términos relativos, esto representó una disminución cercana al 20% del riesgo de demencia durante los años posteriores a la vacunación (1).

La magnitud del hallazgo fue inesperada. Para ponerlo en contexto, pocos tratamientos preventivos en neurología logran reducciones relativas de riesgo de esta magnitud para un desenlace tan complejo como la demencia.

El estudio también confirmó que la vacuna estaba produciendo el efecto esperado sobre la enfermedad objetivo: durante el seguimiento se registraron 14.465 episodios de herpes zóster, y la vacunación redujo la incidencia de la enfermedad en aproximadamente 37% (1).

Otro dato llamativo fue que el beneficio observado sobre demencia fue más marcado en mujeres que en hombres, una observación que posteriormente reaparecería en otros trabajos.

Quizás el aspecto más importante del estudio no fue únicamente el resultado, sino su calidad metodológica. Muchos especialistas consideraron que la estrategia utilizada reducía gran parte de los sesgos clásicos de los estudios observacionales y se aproximaba, en algunos aspectos, a la lógica de un ensayo clínico aleatorizado.

Australia: la primera gran validación independiente

Un hallazgo aislado rara vez modifica paradigmas médicos. Por eso la comunidad científica esperaba una validación independiente. Esa validación llegó en 2025 con un estudio publicado en JAMA por Michael Pomirchy y colaboradores (2).

Los investigadores aprovecharon nuevamente una situación generada por políticas públicas de vacunación: al igual que en Gales, el programa australiano establecía criterios de elegibilidad definidos por edad, permitiendo comparar individuos extraordinariamente similares entre sí, pero con probabilidades diferentes de recibir la vacuna.

Los resultados reprodujeron la dirección del efecto observada previamente.

Las personas elegibles para vacunación desarrollaron menos demencia que aquellas excluidas del programa. Aunque las magnitudes exactas variaron respecto del estudio galés, la asociación se mantuvo consistente.

Desde una perspectiva científica, este trabajo fue particularmente importante porque demostró que el hallazgo no dependía de una única población, un único sistema sanitario ni una única base de datos.

La reproducibilidad constituye uno de los pilares de la investigación clínica, y el estudio australiano aportó precisamente esa validación.

Canadá aporta la tercera confirmación consecutiva

La evidencia se fortaleció todavía más en 2026. Investigadores canadienses publicaron en The Lancet Neurology una nueva evaluación utilizando programas provinciales de vacunación contra herpes zóster y diseños de experimento natural similares a los utilizados previamente en Gales y Australia (3).

Los resultados volvieron a mostrar una asociación favorable entre vacunación y menor incidencia de demencia.

Según los análisis publicados, la vacunación se asoció con una reducción absoluta cercana a 2 puntos porcentuales en nuevos diagnósticos de demencia durante aproximadamente 5.5 años de seguimiento (3).

La magnitud del efecto fue algo menor que la observada en Gales, pero la dirección del hallazgo fue la misma.

Tres estudios realizados en tres países distintos, utilizando sistemas sanitarios diferentes y metodologías similares, llegaron a conclusiones comparables.

Shingrix: la nueva generación de vacunas también muestra resultados alentadores

Una crítica frecuente a los primeros estudios era que analizaban principalmente la vacuna viva atenuada Zostavax, actualmente reemplazada en muchos países por la vacuna recombinante adyuvada Shingrix.

La respuesta comenzó a llegar en 2024 con un estudio publicado en Nature Medicine por Maxime Taquet y colaboradores (4).

Los investigadores aprovecharon la transición entre ambas vacunas y compararon más de 100.000 personas vacunadas con Zostavax y más de 100.000 vacunadas con Shingrix.

Los resultados sugirieron que la vacuna recombinante podría asociarse con beneficios incluso mayores.

Durante los 6 años posteriores a la vacunación, quienes recibieron Shingrix presentaron un menor riesgo de desarrollar demencia. Los autores estimaron que esta diferencia equivalía a aproximadamente 164 días adicionales libres de demencia entre quienes eventualmente desarrollaban la enfermedad (4).

Nuevamente, el beneficio fue más pronunciado en mujeres, reproduciendo un patrón observado previamente en Gales.

Estos resultados son especialmente relevantes porque Shingrix es actualmente la vacuna preferida en numerosos países debido a su elevada eficacia para prevenir herpes zóster y neuralgia posherpética.

¿Cómo podría una vacuna contra herpes zóster reducir el riesgo de demencia?

La respuesta todavía no se conoce, sin embargo, existen varias hipótesis biológicamente plausibles.

La primera involucra directamente al virus.

El VZV posee marcado neurotropismo. Puede permanecer latente durante décadas dentro del sistema nervioso y reactivarse repetidamente. Algunos investigadores plantean que estas reactivaciones, incluso cuando son subclínicas, podrían inducir procesos neuroinflamatorios acumulativos capaces de favorecer neurodegeneración.

Bajo esta hipótesis, la vacunación reduciría la frecuencia de reactivación viral y, por lo tanto, disminuiría la exposición del sistema nervioso a estos fenómenos inflamatorios.

Una segunda explicación involucra mecanismos vasculares.

El herpes zóster se asocia con un aumento transitorio del riesgo de accidente cerebrovascular e infarto de miocardio. Reducir la frecuencia de estas complicaciones podría disminuir indirectamente algunos tipos de demencia, especialmente la demencia vascular.

Una tercera hipótesis apunta al sistema inmunológico.

Algunos investigadores sugieren que determinadas vacunas podrían generar efectos inmunomoduladores que exceden la prevención específica de una infección concreta. Este concepto, conocido como efectos heterólogos de las vacunas, continúa siendo objeto de intensa investigación.

Por ahora, ninguna de estas explicaciones fue demostrada de manera definitiva.

Lo que todavía no sabemos

A pesar del entusiasmo generado por estos hallazgos, es importante mantener una interpretación prudente.

Ninguno de los estudios disponibles fue diseñado originalmente para evaluar demencia como desenlace primario.

Además, aunque los experimentos naturales reducen muchos sesgos, siguen siendo estudios observacionales.

Por lo tanto, todavía no puede afirmarse de manera definitiva que la vacunación contra herpes zóster prevenga la demencia.

Tampoco sabemos si el efecto observado es consecuencia directa de la prevención de la reactivación viral o si intervienen mecanismos inmunológicos más complejos.

Finalmente, permanece sin respuesta una pregunta fundamental: si el beneficio realmente existe, ¿qué magnitud tiene en distintos grupos de pacientes y durante cuánto tiempo persiste?

Las conclusiones: ¿qué nos deja esta historia?

Durante décadas, la vacunación contra herpes zóster tuvo un objetivo claro: prevenir herpes zóster y neuralgia posherpética. Sin embargo, la evidencia acumulada entre 2025 y 2026 sugiere que sus efectos potenciales podrían extenderse mucho más allá.

Los estudios publicados en Nature, JAMA, Nature Medicine y The Lancet Neurology mostraron asociaciones consistentes entre vacunación contra herpes zóster y menor incidencia posterior de demencia.

En el trabajo realizado en Gales, la reducción relativa del riesgo alcanzó aproximadamente el 20% durante 7 años de seguimiento, mientras que investigaciones posteriores en Australia y Canadá reprodujeron resultados similares.

Todavía no sabemos si la vacunación previene realmente la demencia. Pero sí sabemos que 3 experimentos naturales independientes, realizados en 3 países diferentes y utilizando millones de registros sanitarios, apuntan en la misma dirección.

Etiquetas

disclaimer

  • No ofrecemos productos ni tratamientos.
  • Todo el contenido tiene fines informativos.
  • La información NO reemplaza la consulta médica profesional.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartí esta Nota