Puntos Clave
- El PRP surgió a partir del conocimiento de que las plaquetas participan activamente en procesos de reparación tisular.
- No existe una formulación única de PRP, lo que constituye una de las principales limitaciones para interpretar la evidencia.
- Los beneficios en lesiones musculares agudas parecen modestos y se relacionan principalmente con una posible reducción del tiempo de recuperación.
- Las tendinopatías constituyen uno de los escenarios con resultados más favorables.
- La evidencia más sólida dentro de las tendinopatías corresponde a la epicondilitis lateral crónica.
- En tendinopatía aquílea los resultados han sido considerablemente menos consistentes.
- La osteoartrosis de rodilla es actualmente la indicación con mayor volumen de evidencia científica.
- Los metaanálisis muestran mejorías en dolor y función, especialmente en pacientes con enfermedad leve a moderada.
- El ensayo RESTORE obligó a moderar parte del entusiasmo inicial al mostrar beneficios más discretos frente a placebo.
- Consensos recientes de sociedades científicas reconocen al PRP como una opción válida en pacientes seleccionados con osteoartrosis sintomática de rodilla.
De dónde viene la idea: una breve historia del PRP
Aunque el PRP suele asociarse con la medicina deportiva moderna, sus orígenes se remontan varias décadas atrás.
Las primeras aplicaciones de concentrados plaquetarios aparecieron en hematología y medicina transfusional durante la década de 1970. Inicialmente, el objetivo no era regenerar tejidos sino corregir trastornos de la coagulación mediante la transfusión de plaquetas.
A medida que avanzó el conocimiento de la biología celular, los investigadores comenzaron a observar que las plaquetas cumplían funciones mucho más complejas que la simple formación del coágulo. Se descubrió que contenían múltiples factores de crecimiento capaces de intervenir en procesos de cicatrización, angiogénesis y reparación tisular.
Durante la década de 1990, diversas especialidades quirúrgicas comenzaron a explorar estas propiedades.
La cirugía maxilofacial fue uno de los primeros campos en incorporar concentrados plaquetarios para intentar mejorar la consolidación ósea y la reparación de tejidos blandos. Posteriormente, la técnica se expandió a la odontología, cirugía plástica, ortopedia y medicina deportiva.
El verdadero impulso mediático llegó durante la década de 2000, cuando numerosos deportistas profesionales comenzaron a recibir infiltraciones con PRP.
Casos ampliamente difundidos en el fútbol europeo, el tenis profesional y la National Football League estadounidense contribuyeron a popularizar la técnica. La idea de que una intervención biológica obtenida de la propia sangre pudiera acelerar la recuperación deportiva generó enorme interés tanto en la comunidad médica como en la población general.
Sin embargo, como ocurre con frecuencia en medicina, la adopción clínica avanzó mucho más rápido que la generación de evidencia científica sólida.
Una biología fascinante
El atractivo del PRP se basa en una fisiopatología plausible y relativamente bien comprendida: las plaquetas contienen cientos de proteínas bioactivas almacenadas principalmente en sus gránulos alfa. Cuando son activadas, liberan mediadores capaces de modular distintas fases de la reparación tisular.
Entre los mediadores plaquetarios más estudiados se encuentran:
- Factor de crecimiento derivado de plaquetas (PDGF).
- Factor de crecimiento transformante beta (TGF-β).
- Factor de crecimiento vascular endotelial (VEGF).
- Factor de crecimiento fibroblástico (FGF).
- Factor de crecimiento epidérmico (EGF).
- Factor de crecimiento similar a la insulina tipo 1 (IGF-1) (1).
Estos factores participan en fenómenos tan diversos como:
- Migración celular.
- Proliferación de fibroblastos.
- Angiogénesis.
- Síntesis de colágeno.
- Remodelación de matriz extracelular.
- Regulación inflamatoria.
Los estudios experimentales han demostrado aumento de proliferación de tenocitos, condrocitos y células satélite musculares expuestas a PRP. También se han observado efectos sobre la síntesis de colágeno tipo I y sobre la organización estructural de los tejidos durante la reparación (1).
Sin embargo, uno de los grandes aprendizajes de los últimos años es que la reparación biológica observada en modelos experimentales no necesariamente se traduce en beneficios clínicos proporcionales.
El problema que explica gran parte de las controversias
Uno de los mayores desafíos del campo es que no existe una única formulación de PRP.
La concentración fisiológica de plaquetas suele oscilar entre 150.000 y 450.000/μL. Dependiendo del sistema utilizado, algunas preparaciones alcanzan concentraciones 2 veces superiores a las basales, mientras que otras superan 5 o 6 veces esos valores.
También existen diferencias relevantes respecto del contenido leucocitario: algunas formulaciones contienen leucocitos (PRP rico en leucocitos) mientras que otras intentan eliminarlos (PRP pobre en leucocitos).
A ello se suman distintas variaciones, siendo las principales:
- El número de centrifugaciones.
- El método de activación.
- El volumen infiltrado.
- El número de aplicaciones.
- El intervalo entre aplicaciones.
- La técnica de infiltración.
Como consecuencia, muchos estudios etiquetados como PRP en realidad están evaluando intervenciones biológicamente distintas.
Esta heterogeneidad es probablemente una de las principales razones que explican los resultados contradictorios observados en la literatura y constituye uno de los aspectos más señalados por los consensos internacionales recientes (10,11).
Lesiones musculares: una historia de expectativas moderadas
Las lesiones musculares fueron una de las primeras indicaciones estudiadas.
Los desgarros de isquiotibiales representan entre el 12 y el 26% de todas las lesiones en deportes que implican carreras de velocidad.
Además, presentan tasas de recurrencia cercanas al 30% durante el primer año posterior al retorno deportivo.
La posibilidad de acelerar la recuperación resultó particularmente atractiva.
Sin embargo, los primeros ensayos clínicos no lograron reproducir el entusiasmo generado por los estudios experimentales.
En una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Sports Medicine en 2018, Grassi y colaboradores analizaron la evidencia disponible y concluyeron que el PRP no demostraba beneficios consistentes sobre dolor, recuperación funcional, retorno al deporte ni recurrencia de lesiones musculares agudas (2).
Este trabajo marcó un punto de inflexión porque fue uno de los primeros análisis de alta calidad que cuestionó abiertamente la utilidad clínica del PRP en este contexto.
La evidencia más reciente es algo más favorable.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en British Journal of Sports Medicine en 2026 encontró que las infiltraciones percutáneas de PRP podrían acelerar el retorno al juego en lesiones agudas de isquiotibiales, particularmente cuando se realizan bajo guía ecográfica. Sin embargo, no observaron una reducción consistente de las recurrencias (3).
La conclusión actual es relativamente prudente: los beneficios parecen existir, pero son modestos y probablemente más relevantes para los deportistas profesionales que para la población general.
Tendinopatías: donde la evidencia parece más sólida
Las tendinopatías constituyen uno de los escenarios donde el PRP ha mostrado resultados más favorables.
Uno de los estudios experimentales más citados fue publicado por Bosch y colaboradores en Journal of Orthopaedic Research en 2010. Utilizando un modelo experimental de lesión tendinosa en caballos, los autores observaron mejor organización del colágeno, aumento de la actividad celular y mejores propiedades biomecánicas en los tendones tratados con PRP (1).
Aunque estos resultados no constituyen evidencia clínica directa, aportaron una importante base biológica.
Posteriormente comenzaron a aparecer ensayos clínicos y metaanálisis en humanos.
La evidencia más favorable corresponde a la epicondilitis lateral crónica. Diversos estudios sugieren que los corticoides proporcionan un alivio más rápido durante las primeras semanas, pero el PRP parece asociarse a mejores resultados funcionales y menor dolor a mediano y largo plazo (4).
La explicación fisiopatológica podría relacionarse con el hecho de que la epicondilitis lateral crónica se caracteriza más por fenómenos degenerativos que inflamatorios. En ese contexto, una estrategia dirigida a modular reparación tisular podría resultar más útil que una intervención puramente antiinflamatoria.
Los resultados son menos consistentes en otras localizaciones.
En tendinopatía aquílea crónica, el ensayo aleatorizado de de Vos y colaboradores publicado en JAMA no encontró diferencias significativas entre PRP y placebo cuando ambos grupos realizaron un programa adecuado de ejercicios excéntricos (5).
Los estudios sobre manguito rotador, tendinopatía rotuliana y fascitis plantar muestran resultados variables, aunque varias revisiones recientes sugieren beneficios potenciales en pacientes seleccionados.
La principal enseñanza es que las tendinopatías no deben considerarse una entidad única. La respuesta al PRP parece depender del tendón afectado, la duración de los síntomas y las características biológicas del tejido comprometido.
Osteoartrosis de rodilla: la indicación que cambió el debate
Ninguna enfermedad ha contribuido tanto a la expansión del PRP como la osteoartrosis de rodilla.
La artrosis afecta a más de 500 millones de personas en el mundo y constituye una de las principales causas de discapacidad asociada al envejecimiento. Frente a una enfermedad para la cual no existen tratamientos farmacológicos capaces de modificar claramente su evolución estructural, el interés por terapias biológicas fue enorme.
Durante la última década se publicaron decenas de ensayos clínicos y múltiples metaanálisis.
Gran parte de estas revisiones mostraron beneficios sobre el dolor y la función, particularmente en pacientes con osteoartrosis leve a moderada (6).
Un metaanálisis publicado en 2021 encontró que el PRP se asociaba con mejores resultados funcionales y reducción del dolor en comparación con ácido hialurónico en varios desenlaces clínicos (6).
Posteriormente, una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 concluyó que las infiltraciones de PRP producían mejorías clínicamente relevantes en dolor y función que podían mantenerse hasta 12 meses después del tratamiento (7).
Además, los autores observaron que las preparaciones con mayores concentraciones plaquetarias parecían asociarse con beneficios más duraderos.
Estos resultados contribuyeron significativamente a modificar la percepción de las sociedades científicas sobre el PRP.
El estudio RESTORE: una evidencia que obliga a la prudencia
Si los metaanálisis representan el principal argumento a favor del PRP, el estudio RESTORE constituye probablemente el principal llamado a la cautela.
Publicado en JAMA en 2021, este ensayo incluyó 288 pacientes con osteoartrosis sintomática de rodilla tratados con tres infiltraciones de PRP pobre en leucocitos o placebo (8).
Los resultados fueron menos favorables de lo esperado.
Después de 12 meses, tanto el grupo PRP como el grupo placebo mostraron mejorías clínicas. Sin embargo, las diferencias entre ambos grupos no alcanzaron significación clínica relevante.
Además, no se observaron beneficios sobre la pérdida de volumen cartilaginoso medida mediante resonancia magnética.
RESTORE no demostró que el PRP fuera ineficaz, pero sí sugirió que los beneficios podrían ser considerablemente más modestos de lo que muchos esperaban.
La coexistencia de metaanálisis favorables y ensayos rigurosos con resultados más discretos explica gran parte de las controversias actuales.
Lo que dicen las sociedades científicas
La evolución de las recomendaciones internacionales refleja claramente cómo cambió la percepción sobre el PRP.
Durante gran parte de la década pasada, la mayoría de las guías clínicas consideraba insuficiente la evidencia disponible.
Una revisión sistemática publicada en 2021 mostró que 9 de 11 guías clínicas evaluadas consideraban que no existían datos suficientes para recomendar o rechazar el uso de PRP en osteoartrosis de rodilla (9).
Sin embargo, la acumulación progresiva de estudios comenzó a modificar esta situación.
# La posición de la AAOS
La American Academy of Orthopaedic Surgeons reconoce actualmente que el PRP puede mejorar dolor y función en algunos pacientes con osteoartrosis sintomática de rodilla.
No obstante, clasifica la recomendación como limitada debido a la heterogeneidad metodológica de la evidencia disponible (10).
Esto implica que la organización reconoce beneficios potenciales, pero considera que la certeza global sigue siendo moderada.
# El consenso ESSKA-ICRS
En 2024, la European Society of Sports Traumatology, Knee Surgery and Arthroscopy (ESSKA) y la International Cartilage Regeneration & Joint Preservation Society (ICRS) publicaron un consenso internacional basado en metodología RAND/UCLA (11).
Tras evaluar múltiples escenarios clínicos, los expertos concluyeron que las infiltraciones de PRP son apropiadas en pacientes con osteoartrosis grados Kellgren-Lawrence 0 a III que permanecen sintomáticos pese a medidas conservadoras.
Por el contrario, consideraron inapropiado su uso en artrosis avanzada grado IV y como tratamiento inicial.
# El consenso ORBIT
Ese mismo año, el grupo europeo ORBIT publicó un documento específico sobre productos ortobiológicos.
Los expertos alcanzaron un acuerdo fuerte en considerar al PRP una opción válida dentro del tratamiento no quirúrgico de pacientes con osteoartrosis leve a moderada (12).
Estos consensos representan probablemente el cambio más importante ocurrido en los últimos años: el paso desde una actitud predominantemente escéptica hacia una aceptación cautelosa y selectiva.
La seguridad
Uno de los aspectos más consistentes del PRP es su perfil de seguridad.
Al tratarse de un producto autólogo, el riesgo de reacciones inmunológicas es extremadamente bajo.
Los eventos adversos suelen limitarse a dolor transitorio, inflamación local y molestias posteriores a la infiltración. Las complicaciones graves son infrecuentes cuando se respetan las medidas habituales de asepsia y selección de pacientes (11).
Las conclusiones: ¿qué nos deja esta revisión?
La historia del plasma rico en plaquetas ilustra perfectamente cómo evoluciona la medicina basada en evidencia.
Una intervención con fundamentos biológicos sólidos, resultados experimentales prometedores y una rápida adopción clínica que precedió durante años a la generación de evidencia robusta.
Hoy sabemos que el PRP no es una terapia milagrosa ni una estrategia capaz de regenerar cartílago, revertir la osteoartrosis o acelerar de manera uniforme la recuperación de cualquier lesión musculoesquelética. Tampoco existe evidencia sólida de que modifique la historia natural de la artrosis o reduzca la necesidad futura de reemplazo articular (8).
Sin embargo, también sabemos que determinadas indicaciones cuentan con evidencia cada vez más consistente.
La osteoartrosis de rodilla leve a moderada y algunas tendinopatías crónicas representan actualmente los escenarios donde los resultados parecen más favorables (4,6,7).
En lesiones musculares agudas, los beneficios existen pero son más modestos y probablemente más relevantes en contextos deportivos de alta competencia (2,3).
La evolución de las recomendaciones internacionales refleja este cambio de paradigma. Consensos recientes impulsados por ESSKA, ICRS y ORBIT ya consideran al PRP una opción terapéutica válida en pacientes seleccionados con osteoartrosis de rodilla que permanecen sintomáticos pese a las medidas conservadoras (11,12). Al mismo tiempo, ninguna guía relevante recomienda su utilización indiscriminada ni lo considera un tratamiento universal.
La principal pregunta para los próximos años ya no parece ser si el PRP funciona o no funciona. El verdadero desafío consiste en determinar qué formulación utilizar, en qué enfermedad, en qué paciente y en qué momento de la evolución clínica.
En definitiva, el PRP parece estar encontrando finalmente un lugar en la práctica: no como una promesa regenerativa capaz de resolver cualquier problema musculoesquelético, pero tampoco como una intervención sin utilidad clínica. Su verdadero valor reside en una indicación adecuada, una selección cuidadosa de pacientes y expectativas acordes con lo que la evidencia científica permite sostener en la actualidad.
Referencias
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/19714688/
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29363053/
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41708276/
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/27268111/
- https://jamanetwork.com/journals/jama/fullarticle/185200
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32302218/
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39751394/
- https://jamanetwork.com/journals/jama/fullarticle/2786501
- https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8414628/
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35383651/
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38961773/
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38436492/









