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Obesidad en jóvenes: GLP-1, menos cirugía y un cambio acelerado de paradigma

En apenas 4 años, el tratamiento de la obesidad en adolescentes y adultos jóvenes cambió radicalmente. Un estudio publicado en JAMA Pediatrics, con más de 200.000 pacientes de 13 a 25 años, encontró que el uso de agonistas del receptor GLP-1 creció hasta representar el 96.1 % de los tratamientos analizados, mientras que la cirugía metabólica y bariátrica cayó del 11.6 % al 3.7 %. ¿Estamos frente a un cambio definitivo en la forma de tratar la obesidad en los más jóvenes? (1). Lo resumimos en INFOMED.

Puntos Clave

  • En apenas 4 años, el tratamiento de la obesidad en adolescentes y adultos jóvenes cambió de manera acelerada.
  • El estudio incluyó 204.148 pacientes de 13 a 25 años, con un IMC promedio de 41,2 kg/m².
  • El 94,1 % recibió exclusivamente un agonista GLP-1, mientras que el 4,4 % recibió exclusivamente cirugía metabólica y bariátrica.
  • El uso exclusivo de GLP-1 aumentó del 88,2 % al 96,1 % entre 2022 y 2026.
  • La cirugía metabólica y bariátrica cayó del 11,6 % al 3,7 % en el mismo período.
  • El tratamiento combinado fue infrecuente, alrededor del 0,2 % en cada período analizado.
  • Entre quienes recibieron ambas estrategias, el 72,3 % comenzó primero con un agonista GLP-1 y luego recibió cirugía.
  • La adherencia farmacológica adecuada, definida como PDC ≥80 %, fue alcanzada por el 67,6 % de los jóvenes tratados con GLP-1.
  • Los adolescentes recibieron proporcionalmente más GLP-1 y menos cirugía que los adultos jóvenes.
  • El estudio demuestra un cambio en la utilización de tratamientos, pero no permite concluir que los GLP-1 sean superiores a la cirugía ni que la estén reemplazando causalmente.

Una nueva era en el tratamiento de la obesidad

Durante décadas, las opciones terapéuticas para adolescentes y adultos jóvenes con obesidad grave fueron limitadas.

Las intervenciones sobre alimentación, actividad física y conducta constituyeron, y continúan constituyendo, una parte fundamental del tratamiento.

El cambio no implica abandonar las intervenciones sobre el estilo de vida, sino incorporar nuevas herramientas dentro de una enfermedad crónica y compleja.

Sin embargo, cuando estas estrategias no eran suficientes, particularmente ante obesidad grave y sus complicaciones, la cirugía metabólica y bariátrica (CMB) se consolidó como una de las intervenciones capaces de producir pérdidas de peso importantes y sostenidas.

En los últimos años apareció un nuevo protagonista.

La llegada y rápida expansión de los agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1) modificó sustancialmente el escenario terapéutico.

Estos fármacos demostraron una elevada eficacia para reducir el peso corporal y comenzaron a incorporarse también al tratamiento de poblaciones pediátricas.

Una cosa es conocer la eficacia de un tratamiento en un ensayo clínico y otra observar qué ocurre cuando cientos de miles de pacientes llegan a los consultorios.

Eso es precisamente lo que intentaron responder Sarah Messiah y colaboradores en un estudio publicado online el 20 de julio de 2026 en JAMA Pediatrics (1).

Los investigadores utilizaron Epic Cosmos, una enorme base de historias clínicas electrónicas de Estados Unidos que reúne información de más de 300 millones de personas.

Analizaron adolescentes y adultos jóvenes de 13 a 25 años tratados por obesidad entre mayo de 2022 y enero de 2026.

El objetivo fue determinar cómo estaba cambiando la utilización de 2 estrategias terapéuticas centrales: agonistas GLP-1 y cirugía metabólica y bariátrica.

El estudio también exploró cómo ambas estrategias comenzaban a combinarse o secuenciarse en la práctica cotidiana.

El resultado muestra una transformación extraordinariamente rápida.

Más de 200.000 jóvenes tratados por obesidad

La cohorte incluyó 204.148 adolescentes y adultos jóvenes, con una edad media de 21,3 años y un índice de masa corporal (IMC) promedio de 41,2 kg/m².

No se trataba de una población con exceso de peso leve, sino de una cohorte con alta carga de obesidad grave y comorbilidades asociadas.

Casi la mitad de los participantes, 98.442 pacientes, es decir el 48,2 %, presentaba obesidad clase III.

Otro 26,8 % tenía obesidad clase II, y el 25 %, obesidad clase I.

Las mujeres representaron el 73,5 % de la muestra.

La carga de enfermedad asociada también era considerable.

  • 21,3 % tenía prediabetes
  • 19 % presentaba hipertensión arterial
  • 12,4 % tenía hígado graso
  • 8,1 % presentaba síndrome metabólico
  • 45,9 % tenía registro de ansiedad
  • 37,9 % tenía registro de depresión

La obesidad en esta población no aparece como un problema aislado, sino asociada a carga cardiometabólica, hepática y de salud mental.

Dentro de esta población, la distribución de los tratamientos fue contundente.

De los 204.148 pacientes:

  • 192.013, el 94,1 %, recibieron exclusivamente un agonista GLP-1.
  • 9.060, el 4,4 %, fueron tratados exclusivamente mediante cirugía metabólica y bariátrica.
  • 3.075, el 1,5 %, recibieron ambas estrategias.

La fotografía global muestra un dominio claro del tratamiento farmacológico con agonistas GLP-1.

Pero la fotografía global no cuenta toda la historia.

Lo más interesante aparece cuando se observa cómo cambiaron esas proporciones con el tiempo.

De 88,2 % a 96,1 %: el avance de los GLP-1 en menos de 4 años

Entre mayo y noviembre de 2022, los agonistas GLP-1 representaban el 88,2 % de los tratamientos analizados.

Menos de 4 años después, entre junio de 2025 y enero de 2026, esa proporción había aumentado hasta el 96,1 %.

En menos de 4 años, los GLP-1 pasaron de ser predominantes a ocupar casi todo el espacio terapéutico registrado.

En paralelo ocurrió el movimiento inverso con la cirugía.

La proporción correspondiente a cirugía metabólica y bariátrica cayó desde el 11,6 % en 2022 hasta apenas el 3,7 % en el período más reciente.

La tendencia fue estadísticamente significativa.

En 2022, aproximadamente 1 de cada 9 tratamientos correspondía a cirugía. Para 2025-2026, era aproximadamente 1 de cada 27.

Al mismo tiempo, el tratamiento combinado permaneció prácticamente estable y fue extraordinariamente infrecuente: alrededor del 0,2 % en cada período analizado.

Este estudio pone en evidencia una rápida transformación de las vías terapéuticas de la obesidad entre adolescentes y adultos jóvenes, en las que la farmacoterapia estaría ocupando cada vez más el lugar de intervención inicial.

El dato es contundente, pero debe interpretarse con prudencia: el estudio demuestra una asociación temporal, no causalidad.

No permite saber si la caída de la cirugía ocurrió porque los GLP-1 la reemplazaron.

Tampoco puede establecer cuánto influyeron cambios en la cobertura de seguros de salud, las prácticas de derivación, la disponibilidad de tratamientos o las preferencias de pacientes y familias.

¿Medicamentos antes que cirugía?

Otro hallazgo permite observar cómo comienza a organizarse la secuencia terapéutica.

Entre quienes recibieron ambas estrategias, 2.106 pacientes, el 72,3 %, comenzaron primero un agonista GLP-1 y posteriormente fueron sometidos a cirugía bariátrica.

En cambio, 808 pacientes, el 27,7 %, iniciaron un GLP-1 después de la cirugía.

Entre los pacientes que finalmente recibieron ambas terapias, aproximadamente 3 de cada 4 utilizaron primero tratamiento farmacológico.

El intervalo también fue diferente.

La mediana desde el inicio del GLP-1 hasta la cirugía fue de 339 días, mientras que desde la cirugía hasta el inicio posterior de un GLP-1 fue de 434 días.

Estos datos no permiten definir cuál es la secuencia óptima.

Una de las principales preguntas que deja abierta el trabajo es cómo deberían integrarse ambas estrategias a largo plazo.

2 de cada 3 mantuvieron una buena adherencia

La disponibilidad de tratamientos eficaces no garantiza su utilización sostenida.

Los investigadores evaluaron la adherencia mediante la proporción de días cubiertos (PDC) y consideraron adherentes a quienes alcanzaban al menos un 80 %.

Entre los jóvenes tratados con agonistas GLP-1, 131.818, el 67,6 %, alcanzaron ese nivel de adherencia.

Aproximadamente 2 de cada 3 jóvenes mantuvieron una cobertura farmacológica considerada adecuada.

La adherencia fue mayor en los varones que en las mujeres: 72,5 % frente a 65,8 %, respectivamente.

Es un dato particularmente relevante cuando hablamos de una enfermedad crónica.

La efectividad de estas terapias fuera de los ensayos dependerá no solo de cuánto peso permiten perder, sino de la posibilidad de sostener el tratamiento durante períodos prolongados.

Adolescentes y adultos jóvenes no se tratan exactamente igual

El estudio también encontró diferencias según la edad.

Entre los adolescentes de 13 a 18 años, el 97,2 % recibió exclusivamente GLP-1, frente al 93,3 % de los adultos jóvenes de 19 a 25 años.

La cirugía mostró el patrón inverso: fue realizada en apenas el 1,7 % de los adolescentes, pero en el 5,1 % de los adultos jóvenes.

La edad parece influir en la elección terapéutica: los adolescentes recibieron proporcionalmente más GLP-1 y menos cirugía que los adultos jóvenes.

También existieron diferencias según sexo y raza o etnia.

La cirugía fue más frecuente entre mujeres que entre varones, con 4,9 % versus 3,2 %.

También fue más frecuente entre pacientes hispanos o latinos, con 8,8 %, y negros no hispanos, con 4,7 %, que entre blancos no hispanos, con 2,5 %.

El tratamiento combinado también fue más frecuente entre hispanos o latinos y negros no hispanos, con 2,1 % en ambos grupos, que entre blancos no hispanos, con 1,2 %.

Estas diferencias no explican por sí solas las causas de elección terapéutica, pero muestran que edad, sexo y raza o etnia se asocian con distintos patrones de utilización.

Un cambio enorme, pero todavía con preguntas abiertas

El trabajo tiene varias limitaciones.

Es un análisis retrospectivo basado en historias clínicas electrónicas y se concentra específicamente en agonistas GLP-1 y cirugía metabólica y bariátrica.

No incluyó otros medicamentos utilizados para tratar la obesidad, como fentermina o topiramato.

Por este motivo, el estudio probablemente subestima el uso global de farmacoterapia antiobesidad.

Tampoco permite establecer por qué un paciente recibió una estrategia y no otra, ni demostrar que el aumento de los GLP-1 haya causado la reducción observada en la cirugía.

Existe otra cuestión central: este estudio analiza fundamentalmente utilización de tratamientos, no compara su eficacia.

Un 96,1 % de utilización de GLP-1 no significa que estos sean superiores a la cirugía para todos los adolescentes o adultos jóvenes con obesidad grave.

Lo que demuestra es algo diferente y probablemente igual de importante: la práctica clínica ya cambió.

En menos de 4 años, los agonistas GLP-1 pasaron a dominar ampliamente las estrategias terapéuticas registradas en esta enorme población estadounidense de adolescentes y adultos jóvenes con obesidad.

La próxima etapa será determinar cómo utilizar correctamente estas herramientas a lo largo de una enfermedad que puede acompañar al paciente durante décadas.

Conclusiones: ¿qué nos deja este trabajo de JAMA?

La expansión de los agonistas GLP-1 está modificando rápidamente el tratamiento de la obesidad también entre los más jóvenes.

En una cohorte de más de 204.000 pacientes de 13 a 25 años, el uso exclusivo de estos medicamentos aumentó del 88,2 % al 96,1 % entre 2022 y 2026.

Mientras tanto, la participación de la cirugía metabólica y bariátrica cayó del 11,6 % al 3,7 %.

El cambio es indiscutible; su explicación todavía no.

Los datos no permiten afirmar que los medicamentos estén reemplazando causalmente a la cirugía ni establecer cuál debería ser la secuencia ideal entre ambas estrategias.

La pregunta, entonces, empieza a cambiar.

Ya no se trata solamente de qué tratamientos tenemos para la obesidad grave en adolescentes y adultos jóvenes, sino de cómo combinarlos, secuenciarlos y sostenerlos durante décadas de enfermedad crónica.

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