Puntos Clave
- Un estudio recientemente publicado en JAMA Network Open analizó la correlación entre el IMC con otras formas de medir la adiposidad corporal. El objetivo fue probar que puede haber obesidad más allá del peso corporal.
- Más del 40% de los adultos presentan obesidad, según IMC, pero esta cifra supera el 50-55% cuando se incorporan medidas de adiposidad central.
- Entre un 15 y 30% de los adultos con IMC < 30 kg/m² tienen obesidad central y alto riesgo cardiometabólico.
- La circunferencia de cintura aumenta la prevalencia estimada de obesidad en 10-20 puntos porcentuales.
- La relación cintura-altura ≥ 0.5 es uno de los criterios más sensibles para detectar obesidad clínicamente relevante.
- El riesgo cardiometabólico se asocia más a la distribución de la grasa que al peso total.
- Medidas simples y de bajo costo permiten reclasificar hasta 1 de cada 3 pacientes.
- Usar solo el IMC subestima la carga real de obesidad y sus consecuencias futuras.
- La obesidad debe entenderse como un continuo de riesgo, no como una categoría basada solo en el peso.
Un gran subdiagnóstico
La obesidad afecta a una proporción creciente de la población adulta y se asocia de manera consistente con diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, insuficiencia cardíaca, enfermedad renal crónica y mortalidad prematura.
En Estados Unidos, la prevalencia de obesidad definida por IMC ≥ 30 kg/m² supera el 40% en adultos, mientras que en muchos países de ingresos medios se acerca o supera el 30%.
En la práctica clínica diaria, el IMC continúa siendo el principal criterio diagnóstico, en gran parte por su simplicidad, reproducibilidad y estandarización. Sin embargo, desde hace años se reconoce que el IMC no discrimina entre masa grasa y masa magra ni aporta información sobre la distribución de la grasa corporal, un determinante clave del riesgo metabólico.
Numerosos estudios mostraron que la adiposidad central, particularmente la grasa visceral, se asocia con mayor resistencia a la insulina, inflamación crónica de bajo grado, disfunción endotelial y aumento del riesgo cardiovascular, incluso en personas con IMC en rango “normal” (18.5–24.9 kg/m²) o “sobrepeso” (25–29.9 kg/m²).
Este desfasaje entre el IMC y el riesgo real no es teórico: implica que una proporción significativa de personas con alto riesgo cardiometabólico no es identificada como obesa, lo que puede retrasar intervenciones preventivas y terapéuticas eficaces.
Un nuevo estudio (más allá del IMC)
Un estudio recientemente publicado en JAMA Network Open utilizó datos del National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES), una encuesta poblacional representativa de Estados Unidos que combina entrevistas, exámenes físicos y mediciones antropométricas estandarizadas.
El análisis incluyó a miles de adultos y comparó la prevalencia de obesidad según distintos criterios:
- IMC ≥ 30 kg/m².
- Circunferencia de cintura (CC): ≥ 102 cm en hombres y ≥ 88 cm en mujeres.
- Relación cintura-cadera (RCC): ≥ 0.90 en hombres y ≥ 0.85 en mujeres.
- Relación cintura-altura (RCA): ≥ 0.5
El objetivo fue cuantificar cuántas personas eran clasificadas como con obesidad según cada criterio y cuántas quedaban fuera cuando se utilizaba exclusivamente el IMC.
Los resultados principales: la obesidad que el IMC no ve
Los resultados mostraron discrepancias claras entre los métodos de clasificación.
El IMC fue el criterio que identificó la menor prevalencia de obesidad, mientras que las medidas basadas en adiposidad central detectaron sistemáticamente a más personas con exceso de grasa clínicamente relevante.
Entre los adultos con IMC < 30 kg/m², entre el 15 y el 30% presentaron circunferencia de cintura elevada o relación cintura-altura patológica. En términos prácticos, esto significa que 1 de cada 4 adultos considerados “sin obesidad” por el IMC, tenía en realidad obesidad central.
Cuando se utilizaron los puntos de corte de circunferencia de cintura, la prevalencia estimada de obesidad fue entre 10 y 20 puntos porcentuales mayor que la estimada por IMC. La relación cintura-altura ≥ 0.5 fue el criterio que identificó la mayor proporción de personas con obesidad y alto riesgo cardiometabólico.
Un hallazgo clínicamente relevante fue que los adultos con IMC < 30 kg/m², pero con obesidad central presentaron prevalencias de diabetes tipo 2, hipertensión arterial y dislipidemia similares a las observadas en personas con IMC ≥ 30 kg/m², con diferencias absolutas de riesgo que en algunos desenlaces superaron el 10-15%.
En otras palabras, el estudio confirma que el IMC subestima de manera sistemática la magnitud real de la obesidad cuando no se acompaña de medidas de adiposidad central.
Implicancias clínicas: ¿qué cambia en la consulta?
Desde el punto de vista clínico, estos hallazgos tienen consecuencias directas y concretas. Medidas simples, de bajo costo y fácilmente reproducibles, como la circunferencia de cintura, pueden:
- Identificar entre un 20 y 30% de pacientes con alto riesgo cardiometabólico que el IMC no clasifica como obesos.
- Mejorar la estratificación de riesgo cardiovascular y metabólico.
- Justificar intervenciones más tempranas en estilos de vida, tratamiento farmacológico o seguimiento más estrecho.
La relación cintura-altura se destaca como una herramienta particularmente atractiva: un único punto de corte (≥ 0.5), aplicable a ambos sexos y a distintos grupos etarios, fácil de calcular y de explicar al paciente en el consultorio.
Medir la circunferencia de cintura insume menos de 1 minuto, no requiere equipamiento sofisticado y aporta información clínica de alto valor.
Implicancias para la salud pública
A nivel poblacional, utilizar exclusivamente el IMC puede subestimar la carga real de obesidad en hasta un 20%.
Esta subestimación tiene implicancias directas en la planificación de políticas de prevención, en la asignación de recursos sanitarios y en la proyección futura de enfermedades como diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular e insuficiencia cardíaca.
Incorporar medidas de adiposidad central permitiría una estimación más realista del problema y una mejor focalización de las estrategias de salud pública.
Las conclusiones: ¿qué nos deja este estudio?
El IMC sigue siendo una herramienta útil y válida, pero claramente insuficiente como único criterio diagnóstico de obesidad.
La incorporación sistemática de medidas de adiposidad central permite detectar obesidad “oculta”, mejorar la evaluación del riesgo y alinear mejor el diagnóstico con las verdaderas consecuencias clínicas del exceso de grasa corporal.
Más que abandonar el IMC, el desafío es dejar de usarlo en soledad.









