Puntos Clave
- El brote actual está causado por el virus Bundibugyo, una especie diferente del virus Ébola Zaire, para el que existe una vacuna aprobada.
- La letalidad histórica del virus Bundibugyo se sitúa entre el 30 y el 50 %, con brotes previos que registraron decenas de fallecimientos pese a afectar poblaciones relativamente pequeñas.
- Actualmente no existe ninguna vacuna aprobada ni tratamiento específico autorizado para esta especie viral.
- La vacuna Ervebo® (rVSV-ZEBOV) mostró una eficacia cercana al 100 % frente al virus Zaire en estrategias de vacunación en anillo, pero no existen evidencias suficientes que permitan extrapolar esa protección al virus Bundibugyo.
- Tres vacunas están en desarrollo.
- IAVI (International AIDS Vaccine Initiative) desarrolla una vacuna basada en la plataforma rVSV, la misma tecnología que permitió el desarrollo de Ervebo®, aprovechando la experiencia acumulada en fabricación y seguridad.
- La Universidad de Oxford impulsa una vacuna basada en la plataforma adenoviral ChAdOx1, ampliamente utilizada y estudiada durante la pandemia de COVID-19.
- Moderna desarrolla una vacuna basada en ARN mensajero y recibió financiamiento internacional por hasta 50 millones de dólares para acelerar su desarrollo.
- Ninguna de las vacunas candidatas dispone actualmente de resultados de eficacia clínica en humanos frente al virus Bundibugyo, por lo que su verdadero impacto todavía deberá demostrarse en ensayos clínicos.
No existe una única vacuna contra el ébola
Cuando se habla de “la vacuna contra el ébola”, suele olvidarse que el término ébola engloba varias especies virales diferentes.
La vacuna actualmente aprobada y utilizada durante brotes es la vacuna recombinante rVSV-ZEBOV (Ervebo®), desarrollada específicamente contra el virus Ébola Zaire, responsable de la devastadora epidemia de África Occidental de 2014-2016 y de varios brotes posteriores en la República Democrática del Congo (1).
Durante el ensayo de vacunación en anillo realizado en Guinea, la eficacia estimada de Ervebo® fue cercana al 100 % entre los contactos vacunados inmediatamente.
El análisis final publicado en The Lancet mostró que no se registraron casos de enfermedad por virus Ébola a partir de los 10 días posteriores a la vacunación en las personas que recibieron la vacuna de manera inmediata, un resultado que transformó la estrategia global de control de brotes (1).
Sin embargo, el brote actual no está causado por el virus Zaire: el responsable es el virus Bundibugyo, una especie diferente identificada por primera vez en Uganda en 2007.
Hasta el momento no existe ninguna vacuna aprobada específicamente para esta variante viral, ni tampoco tratamientos autorizados con eficacia demostrada (2).
La diferencia no es menor. Aunque estos virus pertenecen al mismo género, las proteínas virales que constituyen el principal objetivo inmunológico presentan diferencias suficientes como para que la protección cruzada no pueda asumirse automáticamente.
Por ese motivo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera prioritario desarrollar vacunas específicas para Bundibugyo antes de que la situación epidemiológica se amplifique.
¿Qué sabemos sobre el virus Bundibugyo?
El virus Bundibugyo fue identificado por primera vez durante un brote ocurrido en el distrito de Bundibugyo, Uganda, en 2007.
Aquella epidemia registró 131 casos confirmados y probables y 42 muertes, lo que representó una letalidad aproximada del 32 % (3).
Posteriormente, en 2012, la República Democrática del Congo notificó otro brote con 57 casos confirmados y 29 fallecimientos (4).
Si bien estas cifras son inferiores a las observadas en algunas epidemias causadas por el virus Zaire, la OMS estima que la letalidad histórica de Bundibugyo oscila entre el 30 y el 50 %.
Esa magnitud continúa ubicándolo entre los patógenos humanos más letales conocidos (2).
Una respuesta global coordinada
Detrás de los programas que hoy buscan desarrollar vacunas contra Bundibugyo participan algunos de los principales actores mundiales en preparación frente a epidemias.
Entre ellos se encuentra CEPI (Coalition for Epidemic Preparedness Innovations), una alianza internacional creada en 2017 tras la epidemia de ébola de África Occidental para acelerar el desarrollo de vacunas contra amenazas infecciosas emergentes.
Desde su fundación, CEPI financió programas de investigación sobre ébola, fiebre de Lassa, síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), COVID-19 y otros patógenos considerados prioritarios por la OMS.
Frente al brote actual, CEPI anunció una inversión inicial cercana a los 60 millones de dólares destinada a acelerar el desarrollo de vacunas y terapias específicas contra Bundibugyo.
El objetivo es reducir al máximo el tiempo entre la identificación de una amenaza emergente y el inicio de estudios clínicos en humanos, una capacidad que prácticamente no existía durante la epidemia de 2014-2016.
Las vacunas que hoy lideran la carrera
La OMS reunió recientemente a expertos internacionales para priorizar las plataformas con mayor potencial de desarrollo rápido.
Tres candidatas concentran actualmente la mayor atención.
1. La candidata basada en rVSV: la heredera de Ervebo®
La vacuna impulsada por IAVI (International AIDS Vaccine Initiative), una organización internacional sin fines de lucro fundada en 1996 para acelerar el desarrollo de vacunas contra enfermedades infecciosas, utiliza una plataforma basada en virus de la estomatitis vesicular recombinante (rVSV).
Aunque inicialmente concentró sus esfuerzos en la búsqueda de una vacuna contra el VIH, durante las últimas 2 décadas amplió significativamente su campo de acción hacia otras amenazas infecciosas prioritarias, incluyendo ébola, virus Sudán, fiebre de Lassa y enfermedades con potencial pandémico.
Actualmente trabaja en colaboración con la OMS, CEPI, gobiernos, universidades y centros de investigación de múltiples países.
No se trata de una tecnología nueva. Es la misma plataforma que permitió desarrollar Ervebo®.
Su principal ventaja es que ya existe una amplia experiencia sobre fabricación, inmunogenicidad y seguridad, por lo que los investigadores no parten desde cero.
Los estudios preclínicos mostraron respuestas inmunológicas robustas y protección en modelos animales. Sin embargo, todavía no existen resultados de eficacia clínica en humanos para Bundibugyo.
2. Oxford apuesta nuevamente por la plataforma ChAdOx1
La segunda candidata utiliza la plataforma adenoviral ChAdOx1, desarrollada por la Universidad de Oxford y ampliamente conocida por su utilización durante la pandemia de COVID-19.
Se trata de un adenovirus no replicativo modificado genéticamente para expresar proteínas del virus Bundibugyo y estimular la respuesta inmune.
La gran ventaja de esta estrategia es la enorme experiencia acumulada con esta plataforma.
Existen capacidades industriales instaladas, procesos regulatorios conocidos y abundantes datos de seguridad en humanos derivados de programas previos.
Según la OMS, esta vacuna podría convertirse en una de las primeras candidatas en ingresar a estudios clínicos.
3. La apuesta de Moderna: ARN mensajero para responder más rápido
La tercera candidata proviene de Moderna y utiliza tecnología de ARN mensajero (ARNm).
La plataforma es conceptualmente similar a la utilizada durante la pandemia de COVID-19. En lugar de administrar una proteína viral, se introduce ARN que permite al organismo producir temporalmente antígenos del virus Bundibugyo y generar una respuesta inmunológica.
CEPI anunció financiamiento de hasta 50 millones de dólares para acelerar este programa.
La principal ventaja del ARN mensajero es su velocidad de diseño. Una vez conocida la secuencia genética del patógeno, las vacunas pueden desarrollarse y adaptarse mucho más rápidamente que mediante plataformas tradicionales.
Sin embargo, actualmente tampoco existen datos clínicos de eficacia en humanos frente al virus Bundibugyo.
La pregunta clave: ¿qué eficacia tienen estas vacunas?
La respuesta hoy es simple: todavía no lo sabemos.
Ninguna de las vacunas candidatas dispone de resultados de eficacia clínica en humanos.
No existen datos que permitan afirmar cuál es su capacidad para prevenir infección, enfermedad grave, hospitalización o muerte.
Lo que sí existe son resultados preclínicos alentadores y una sólida base biológica que justifica continuar con los ensayos.
Esta diferencia es importante porque, en situaciones de emergencia sanitaria, suele aparecer una tendencia a equiparar “vacuna prometedora” con “vacuna eficaz”.
En realidad, la historia del desarrollo vacunal demuestra que muchas candidatas exitosas en laboratorio no logran confirmar esos resultados cuando son evaluadas en poblaciones humanas.
¿Puede utilizarse la vacuna Ervebo mientras tanto?
La pregunta surgió inmediatamente después de declararse el brote.
La respuesta actual de la OMS es prudente: existen algunos datos experimentales que sugieren una posible protección cruzada parcial entre distintas especies de ebolavirus.
Sin embargo, no hay evidencia clínica suficiente que permita asumir que Ervebo® protege frente al virus Bundibugyo.
Por ese motivo, la OMS recomendó que cualquier utilización de vacunas no específicas se realice únicamente dentro de protocolos de investigación cuidadosamente controlados.
Una nueva etapa en la estrategia contra el ébola
Hasta hace pocos años, la investigación se concentraba principalmente en el virus Zaire porque era responsable de la mayoría de los grandes brotes.
La situación actual refleja un cambio conceptual importante.
Los organismos internacionales buscan desarrollar plataformas capaces de responder rápidamente a múltiples especies virales: Zaire, Sudán, Bundibugyo y potencialmente otros ebolavirus emergentes.
En paralelo continúan avanzando los programas de vacunas contra el virus Sudán, otra especie para la que tampoco existe todavía una vacuna autorizada, aunque varios candidatos ya ingresaron en estudios clínicos durante los últimos años.
Las conclusiones: ¿qué nos deja esta situación?
El brote actual vuelve a poner de manifiesto que el ébola no es una única enfermedad causada por un único virus.
Las distintas especies presentan diferencias biológicas relevantes y las vacunas desarrolladas para una de ellas no necesariamente ofrecen protección frente a las demás.
La buena noticia es que la respuesta científica internacional está siendo extraordinariamente rápida.
En pocas semanas se movilizaron decenas de millones de dólares, redes globales de investigación y varias plataformas tecnológicas capaces de generar candidatos vacunales en tiempo récord.
La mala noticia es que ninguna de estas vacunas dispone todavía de evidencia clínica de eficacia en humanos frente al virus Bundibugyo.
Por el momento, las herramientas más importantes siguen siendo las medidas clásicas de salud pública: diagnóstico precoz, aislamiento de casos, rastreo de contactos, control de infecciones y vigilancia epidemiológica intensiva.









