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Mundiales de fútbol y eventos cardiovasculares: ¿puede la pasión mandarnos a una Unidad Coronaria?

El 30 de junio de 1998, Inglaterra y Argentina jugaron uno de los partidos más recordados de la historia de los mundiales. Fue 2-2 en los 120 minutos, con goles de Batistuta, Shearer, Owen y Zanetti, expulsión de David Beckham y definición por penales. Argentina ganó 4-3 y eliminó a Inglaterra. Cuatro años después, ese partido apareció en BMJ por una razón inesperada: en Inglaterra, las admisiones hospitalarias por infarto agudo de miocardio aumentaron 25% el día del partido y los 2 días posteriores. Desde entonces, múltiples estudios revisados por pares evaluaron si los partidos de fútbol pueden aumentar el riesgo de infarto, arritmias, paro cardíaco y muerte cardiovascular. Lo revisamos en INFOMED.

Puntos Clave

  • La derrota de Inglaterra frente a Argentina en el Mundial 1998 se asoció con un aumento del 25% en las internaciones por infarto agudo de miocardio durante el día del partido y los dos días posteriores.
  • El estudio más sólido fue el realizado durante el Mundial de Alemania 2006, que mostró una incidencia de emergencias cardiovasculares 2.66 veces superior durante los partidos de la selección alemana.
  • En Alemania 2006, el aumento fue más marcado en hombres (3.26 veces) que en mujeres (1.82 veces).
  • Casi la mitad de los pacientes que presentaron eventos coronarios durante los partidos de Alemania tenía enfermedad coronaria conocida.
  • Los eventos observados incluyeron infarto agudo de miocardio, angina inestable, arritmias sintomáticas y paro cardíaco.
  • En Brasil, la incidencia de infarto aumentó 9% durante los mundiales y 16% durante los días en que jugó la selección nacional.
  • Un estudio alemán que incluyó 71.844 pacientes mostró un aumento de las internaciones por infarto durante el Mundial 2014, especialmente en personas de 70 años o más durante los partidos decisivos.
  • Los metaanálisis muestran un aumento aproximado del 20% en el riesgo de infarto no fatal asociado a partidos de fútbol de alta carga emocional.
  • Los hombres, los pacientes con enfermedad coronaria conocida y los adultos mayores constituyen los grupos de mayor vulnerabilidad.
  • El mecanismo más probable involucra activación simpática aguda, liberación de catecolaminas, aumento de presión arterial, activación plaquetaria y desestabilización de placas ateroscleróticas vulnerables.

Cuando el fútbol deja de ser solamente un juego

El deporte moviliza emociones intensas. Alegría, ansiedad, frustración, euforia, miedo y tensión pueden coexistir durante 90 minutos y alcanzar niveles extremos durante una definición por penales o un partido eliminatorio.

Durante décadas, estas respuestas fueron consideradas simplemente parte del espectáculo. Sin embargo, desde finales del siglo XX comenzó a acumularse evidencia de que determinados eventos deportivos pueden comportarse como verdaderos desencadenantes cardiovasculares agudos.

La hipótesis es biológicamente plausible: el estrés emocional intenso activa el sistema nervioso simpático, aumenta la liberación de catecolaminas, eleva la frecuencia cardíaca y la presión arterial, incrementa el consumo miocárdico de oxígeno y favorece fenómenos protrombóticos.

En personas con enfermedad cardiovascular subyacente, estos cambios pueden precipitar infartos, arritmias, insuficiencia cardíaca aguda o incluso muerte súbita.

La pregunta es si este fenómeno puede detectarse a nivel poblacional. La literatura científica acumulada durante los últimos 25 años sugiere que sí.

Inglaterra-Argentina 1998: el partido que entró en la literatura médica

El partido tenía todos los ingredientes de un desencadenante emocional agudo: Inglaterra y Argentina se enfrentaban en octavos de final del Mundial de Francia 1998 en un contexto deportivo e histórico particularmente cargado. La rivalidad estaba atravesada por la memoria del Mundial de 1986, por “la mano de Dios”, por el inolvidable gol de Diego Maradona y por una carga simbólica que excedía largamente al deporte.

El encuentro comenzó con una intensidad poco habitual. Gabriel Batistuta abrió el marcador de penal a los 6 minutos. Alan Shearer empató también de penal apenas cuatro minutos después. A los 16 minutos, Michael Owen convirtió uno de los goles más recordados de la historia de los mundiales. Antes del descanso, Javier Zanetti empató tras una brillante jugada preparada de tiro libre. A los 47 minutos, David Beckham fue expulsado tras reaccionar ante Diego Simeone. Inglaterra disputó prácticamente todo el segundo tiempo y el alargue con un jugador menos. El marcador no volvió a modificarse. Argentina se impuso 4-3 en la definición por penales.

Ese desenlace fue el núcleo emocional de un estudio publicado por Carroll y colaboradores en BMJ en 2002 (1).

Los investigadores analizaron las admisiones hospitalarias de emergencia en Inglaterra durante el Mundial de 1998 y compararon la incidencia de infarto agudo de miocardio alrededor del partido con períodos de control.

El resultado fue llamativo: las internaciones por infarto aumentaron 25% durante el día del partido y los dos días posteriores a la eliminación inglesa.

El hallazgo resultó particularmente interesante porque no se observó un aumento similar para otros desenlaces analizados, incluidos accidente cerebrovascular, accidentes de tránsito o autolesiones.

La señal parecía concentrarse específicamente en los eventos coronarios, lo que reforzaba la plausibilidad biológica de la asociación.

Alemania 2006: la evidencia más sólida

La evidencia más robusta llegó durante el Mundial de Alemania 2006. Wilbert-Lampen y colaboradores publicaron en The New England Journal of Medicine uno de los estudios más citados sobre el tema (2).

Los investigadores analizaron prospectivamente 4.279 emergencias cardiovasculares registradas en la región de Múnich durante la Copa del Mundo y compararon la incidencia observada durante los partidos de Alemania con distintos períodos control.

Los resultados fueron contundentes: durante los encuentros de la selección alemana, la incidencia de emergencias cardiovasculares fue 2.66 veces superior a la observada en los períodos de referencia. En términos relativos, esto representa un aumento aproximado del 166%.

El efecto fue especialmente marcado en los hombres. En los varones, la incidencia aumentó 3.26 veces respecto de los períodos control. En las mujeres también se observó un incremento, aunque menor, de 1.82 veces.

Además, casi la mitad de los pacientes que sufrieron eventos coronarios durante los días de partido tenía antecedentes de enfermedad coronaria conocida. Este hallazgo resulta particularmente relevante porque sugiere que el estrés emocional asociado al fútbol no genera enfermedad cardiovascular nueva, sino que precipita eventos sobre una enfermedad ya existente.

Otro dato importante fue que el aumento no se limitó al infarto agudo de miocardio. También se registró un incremento de angina inestable, arritmias sintomáticas, síndromes coronarios agudos y paro cardíaco. El fenómeno parecía involucrar múltiples mecanismos fisiopatológicos relacionados con la activación simpática y la inestabilidad cardiovascular.

El pico máximo de eventos ocurrió durante el partido de cuartos de final entre Alemania y Argentina, definido por penales. Nuevamente aparecía un patrón recurrente: partidos decisivos, carga emocional extrema y aumento de eventos cardiovasculares.

Brasil: efectos más modestos, pero en millones de personas

El estudio brasileño publicado en Arquivos Brasileiros de Cardiologia aportó una perspectiva poblacional diferente (3).

Utilizando registros hospitalarios nacionales, los autores analizaron la incidencia de infarto durante distintos mundiales y evaluaron específicamente los días en los que jugaba Brasil.

Los resultados mostraron aumentos más modestos que los observados en Alemania 2006. Durante los períodos mundialistas, la incidencia de infarto aumentó 9%. Cuando se analizaron exclusivamente los días de partido de la selección brasileña, el incremento alcanzó 16%.

La mortalidad intrahospitalaria, sin embargo, no mostró diferencias significativas.

Estos resultados sugieren que el efecto existe, pero que su magnitud depende de la intensidad emocional de la exposición analizada. Cuando se estudia todo el torneo, el efecto se diluye; cuando se analiza específicamente el día en que juega la selección nacional, la señal se vuelve más evidente.

Brasil 2014: más infartos, pero no más mortalidad

Un análisis posterior publicado en Scientific Reports en 2021 evaluó el comportamiento de los infartos durante el Mundial de Brasil 2014 (4).

El estudio incluyó 71.844 pacientes hospitalizados por infarto agudo de miocardio.

Durante el período mundialista se registraron 18.479 internaciones por infarto. Esto representó 2.1% más casos que en 2013, 3.7% más que en 2015 y 5.4% más que en períodos posteriores al torneo.

Al igual que en Brasil, la mortalidad intrahospitalaria no aumentó significativamente.

Un hallazgo particularmente interesante fue la distribución por edad. Durante los encuentros más importantes de Alemania (cuartos de final, semifinal y final) se observó una proporción especialmente elevada de pacientes de 70 años o más entre los hospitalizados por infarto. Este dato sugiere que los adultos mayores constituyen uno de los grupos de mayor vulnerabilidad frente a este tipo de desencadenantes emocionales.

¿Quiénes son los más vulnerables?

Más allá de las diferencias metodológicas entre los estudios, existe una conclusión consistente: el exceso de riesgo cardiovascular no afecta a todos por igual.

Los hombres concentran la mayor parte del aumento de eventos descrito por la literatura. En el estudio alemán de 2006, el incremento observado en los varones fue casi el doble del registrado en las mujeres.

También parecen particularmente vulnerables las personas con enfermedad coronaria conocida: casi la mitad de los pacientes que presentaron eventos cardiovasculares durante los partidos de Alemania tenía antecedentes de cardiopatía coronaria.

La edad constituye otro factor importante. Aunque los estudios disponibles no permiten establecer un punto de corte exacto, la mayor parte de los eventos ocurre en personas de mediana edad y adultos mayores. Los hallazgos de Alemania 2014 sugieren que el riesgo podría ser especialmente relevante a partir de los 70 años, probablemente debido a la mayor prevalencia de aterosclerosis, hipertensión arterial, diabetes, insuficiencia cardíaca y arritmias.

En términos prácticos, el perfil de mayor riesgo corresponde a hombres mayores de 50 a 60 años con enfermedad coronaria previa, infarto previo, angina, insuficiencia cardíaca, hipertensión arterial, diabetes mellitus, enfermedad renal crónica, tabaquismo u otros factores de riesgo cardiovasculares acumulados.

¿Qué dicen los metaanálisis?

La evidencia agregada apunta en la misma dirección.

En 2019, Lin y colaboradores publicaron un metaanálisis en Journal of Sports Sciences que incluyó los principales estudios disponibles hasta ese momento (5).

El análisis mostró que mirar partidos de fútbol se asoció con un aumento significativo del riesgo de infarto agudo de miocardio no fatal, con un incremento relativo cercano al 20%.

Para mortalidad cardiovascular, el efecto fue considerablemente menor, con un aumento aproximado del 6%.

Además, la asociación fue más consistente para los eventos coronarios que para los accidentes cerebrovasculares.

En otras palabras, la literatura sugiere que el fútbol funciona mejor como desencadenante de infartos y síndromes coronarios agudos que como desencadenante de ACV.

¿Qué significa realmente un aumento de riesgo de 2.66 veces?

Este punto merece una aclaración.

Cuando un estudio informa que las emergencias cardiovasculares fueron 2.66 veces más frecuentes durante determinados partidos, esto no significa que una proporción importante de los espectadores vaya a sufrir un infarto.

Incluso en los escenarios de mayor riesgo descritos por la literatura, el número absoluto de eventos adicionales continúa siendo pequeño en comparación con los millones de personas expuestas.

Desde la perspectiva individual, el riesgo absoluto sigue siendo muy bajo para una persona joven sin enfermedad cardiovascular conocida. Desde la perspectiva poblacional, en cambio, un pequeño incremento absoluto puede traducirse en decenas o cientos de eventos adicionales cuando la exposición involucra a millones de espectadores.

Por eso los efectos son visibles en registros nacionales y bases de datos hospitalarias.

La fisiopatología: cómo una emoción puede transformarse en un infarto

El modelo fisiopatológico más aceptado es el de desencadenante cardiovascular agudo.

Durante situaciones de estrés emocional intenso aumenta la actividad simpática y se produce una liberación masiva de catecolaminas. Como consecuencia, aumentan la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la contractilidad miocárdica y el consumo de oxígeno por parte del corazón.

Paralelamente pueden aparecer vasoconstricción coronaria, aumento de la agregabilidad plaquetaria, alteraciones endoteliales transitorias y fenómenos protrombóticos.

En una persona con una placa aterosclerótica vulnerable, este escenario puede favorecer la ruptura de placa, la formación de un trombo y el desarrollo de un síndrome coronario agudo.

Las arritmias también encuentran una explicación plausible. El aumento de catecolaminas reduce el umbral arrítmico y favorece la aparición de extrasístoles, fibrilación auricular, taquicardias supraventriculares o arritmias ventriculares en individuos predispuestos.

A estos mecanismos biológicos se suman factores conductuales frecuentes durante los partidos: alcohol, tabaco, comidas copiosas, exceso de sal, privación de sueño, estrés interpersonal, suspensión de medicación y demora en la consulta médica.

La conclusiones: ¿qué nos deja la evidencia?

La evidencia disponible muestra que los partidos de fútbol de alta carga emocional pueden actuar como desencadenantes de eventos cardiovasculares agudos.

La señal más consistente se observa para el infarto agudo de miocardio, las emergencias cardiovasculares y determinadas arritmias. La asociación con mortalidad cardiovascular existe, pero es menos uniforme y más dependiente del contexto.

Los aumentos de riesgo observados se concentran principalmente en hombres, pacientes con enfermedad coronaria conocida y adultos mayores. En personas jóvenes y sin enfermedad cardiovascular conocida, el riesgo absoluto continúa siendo muy bajo.

Los mayores incrementos aparecen durante partidos de eliminación directa, definiciones por penales o encuentros protagonizados por la selección nacional, es decir, situaciones de máxima carga emocional.

La recomendación no es dejar de mirar fútbol. El mensaje práctico es evitar que el partido se convierta en una tormenta perfecta: mantener la medicación habitual, evitar el exceso de alcohol, no fumar, moderar las comidas copiosas y consultar rápidamente ante dolor torácico, disnea, síncope, palpitaciones sostenidas o síntomas neurológicos agudos.

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