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Mitos y verdades sobre los tratamientos del resfrío común: ¿Que dice la evidencia? (Parte 2/2)

El resfrío común es la enfermedad infecciosa aguda más frecuente del ser humano y, probablemente, una de las patologías que más tratamientos, suplementos y remedios caseros ha acumulado a lo largo de la historia. Sin embargo, muchas de las recomendaciones que todavía reciben los pacientes nacieron antes de la medicina basada en la evidencia. ¿Qué intervenciones realmente modifican la evolución del cuadro? ¿Cuáles ofrecen un beneficio modesto? ¿Y cuáles persisten más por tradición que por datos científicos? En esta segunda parte, abordamos el resto de los mitos, más allá de los antibióticos y la vitamina C.

Puntos Clave

  • El zinc es el suplemento con la evidencia clínica más sólida entre los productos no farmacológicos para el tratamiento del resfrío común. Cuando se inicia dentro de las primeras 24 horas desde el comienzo de los síntomas, podría acortar la duración del cuadro aproximadamente 2 días. Sin embargo, la certeza de la evidencia es baja debido a la heterogeneidad metodológica de los estudios y el beneficio absoluto es modesto.
  • El zinc no demostró prevenir de forma consistente la aparición del resfrío común en la población general, por lo que actualmente no se recomienda como estrategia preventiva de rutina.
  • Los efectos adversos del zinc, principalmente náuseas, disgeusia y sabor metálico, deben considerarse al momento de indicar el tratamiento. Las formulaciones intranasales dejaron prácticamente de utilizarse por el riesgo de anosmia.
  • La miel es uno de los pocos tratamientos no farmacológicos que ha demostrado beneficio clínico para aliviar la tos nocturna asociada al resfrío, especialmente en niños mayores de un año. Diversos ensayos clínicos mostraron mejoría de la intensidad de la tos y de la calidad del sueño tanto de los niños como de sus cuidadores.
  • La miel está absolutamente contraindicada en menores de 12 meses debido al riesgo de botulismo infantil.
  • Los descongestivos nasales producen una mejoría sintomática transitoria de la obstrucción nasal, pero no modifican la duración ni la evolución del resfrío común. Los preparados tópicos no deberían utilizarse durante más de 3 a 5 días por el riesgo de rinitis medicamentosa.
  • La evidencia disponible para Echinacea spp. continúa siendo inconsistente. La gran variabilidad entre especies, extractos, dosis y formulaciones impide establecer una recomendación clínica sólida para prevenir o tratar el resfrío.
  • La cúrcuma posee propiedades antiinflamatorias e inmunomoduladoras demostradas en estudios experimentales, pero hasta el momento no existen ensayos clínicos robustos que demuestren que reduzca la duración o la gravedad del resfrío común. Su utilización continúa basándose más en plausibilidad biológica que en evidencia clínica.
  • Algunos preparados específicos de Pelargonium sidoides y Andrographis paniculata mostraron resultados promisorios para aliviar síntomas de infecciones respiratorias agudas, aunque la calidad metodológica de los estudios y la heterogeneidad entre preparados impiden recomendar su uso sistemático.
  • La evidencia para ajo y jengibre es insuficiente para respaldar su indicación como tratamiento del resfrío común. Aunque presentan propiedades biológicas potencialmente beneficiosas, los estudios clínicos disponibles son escasos y de baja calidad.
  • Los probióticos podrían disminuir modestamente el riesgo de desarrollar infecciones respiratorias altas cuando se administran con fines preventivos, pero no existe evidencia convincente de que mejoren la evolución del resfrío una vez iniciado.
  • Corregir una deficiencia de vitamina D continúa siendo importante para la salud general, pero la suplementación sistemática con vitamina D no ha demostrado prevenir el resfrío común en la población general ni constituye un tratamiento del episodio agudo.
  • Las principales guías internacionales coinciden en que el tratamiento del resfrío común continúa siendo fundamentalmente sintomático. Los antibióticos no tienen indicación salvo evidencia de infección bacteriana concomitante y ningún suplemento ha demostrado modificar de manera importante la historia natural de la enfermedad.

Mito 3. “El zinc es el mejor tratamiento para el resfrío”

Si existe un suplemento que en los últimos años logró captar la atención de investigadores, clínicos y sociedades científicas, ese es el zinc.

A diferencia de la vitamina C, cuya popularidad nació principalmente de una hipótesis fisiológica impulsada por Linus Pauling, el interés por el zinc surgió a partir de ensayos clínicos que comenzaron a mostrar una posible reducción de la duración del resfrío común.

El fundamento biológico resulta plausible: el zinc participa en cientos de reacciones enzimáticas, interviene en la maduración y función de neutrófilos, macrófagos, linfocitos T y células NK, modula la producción de citocinas y, además, diversos estudios experimentales demostraron que concentraciones elevadas de zinc pueden inhibir la replicación de algunos rinovirus y reducir la adhesión viral al epitelio respiratorio (6).

Como ocurre con muchos tratamientos del resfrío, una hipótesis biológicamente razonable no necesariamente se traduce en un beneficio clínico relevante.

¿Qué mostró la evidencia más reciente?

La revisión sistemática más completa disponible fue publicada por la Colaboración Cochrane en 2024, liderada por Jennifer Hunter y colaboradores (7).

Los investigadores realizaron una búsqueda exhaustiva de ensayos clínicos aleatorizados que evaluaran zinc tanto para prevenir como para tratar el resfrío común.

Finalmente incluyeron 34 estudios, con 8.526 participantes, convirtiéndose en la revisión más amplia realizada hasta el momento.

Uno de los principales problemas identificados fue la enorme heterogeneidad entre los estudios.

No todos utilizaron la misma sal de zinc —acetato, gluconato o sulfato—, ni la misma dosis, ni la misma vía de administración. Algunos emplearon comprimidos para chupar, otros cápsulas y otros formulaciones nasales.

También variaron considerablemente la edad de los participantes, la definición de resfrío y los desenlaces evaluados.

¿Previene los resfríos?

La respuesta fue, en líneas generales, negativa.

La evidencia disponible no mostró una reducción consistente del riesgo de presentar un resfrío en personas sanas que consumían zinc regularmente.

Por ese motivo, actualmente no se recomienda indicar zinc con fines preventivos en la población general.

¿Y cuando el resfrío ya comenzó, sirve?

Aquí aparecen los resultados más interesantes.

Los ensayos en los que el zinc se administró durante las primeras 24 horas desde el inicio de los síntomas mostraron una reducción promedio de la duración del cuadro cercana a 2 días respecto del placebo.

Quienes recibieron zinc tendieron a recuperarse antes, aunque la certeza de la evidencia fue calificada como baja.

La prudencia se debe a la heterogeneidad metodológica de los estudios, el tamaño reducido de muchos ensayos y el riesgo de sesgo en varios de ellos.

Es decir, existe una señal de beneficio, pero todavía no puede considerarse una conclusión definitiva.

Los efectos adversos también cuentan

El zinc no estuvo exento de efectos adversos.

Las náuseas, el mal sabor metálico y las alteraciones del gusto fueron significativamente más frecuentes que con placebo.

En formulaciones intranasales también se describieron casos de anosmia persistente, motivo por el cual estas preparaciones prácticamente dejaron de recomendarse en numerosos países.

Por este motivo, incluso si el beneficio observado fuera real, siempre debe ponderarse frente a la aparición de eventos adversos.

La controversia posterior

Pocos meses después de publicada la revisión Cochrane, el investigador finlandés Harri Hemilä, uno de los mayores expertos mundiales en vitamina C y suplementos para infecciones respiratorias, publicó un análisis crítico cuestionando algunos aspectos metodológicos del metaanálisis (8).

Entre otras observaciones, sostuvo que combinar estudios con formulaciones muy diferentes de zinc podía diluir un eventual efecto beneficioso de determinados preparados, especialmente las pastillas de acetato de zinc utilizadas en dosis adecuadas.

La conclusión práctica parece razonable: el zinc podría acortar modestamente la duración del resfrío si se inicia muy precozmente, aunque la certeza de la evidencia sigue siendo limitada.

Mito 4. “La miel es solo un remedio casero sin evidencia científica”

Durante siglos, la miel fue utilizada para aliviar la tos asociada a las infecciones respiratorias.

Durante mucho tiempo esa práctica fue considerada únicamente un remedio tradicional. Sin embargo, en las últimas 2 décadas comenzó a evaluarse mediante ensayos clínicos controlados.

El estudio que cambió esta percepción fue publicado en 2007 por Ian Paul y colaboradores en Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine (9).

Los investigadores incluyeron 105 niños con infección respiratoria alta y tos nocturna.

Los niños que recibieron miel presentaron una mayor reducción de la frecuencia de la tos nocturna y una mejor calidad del sueño que aquellos tratados con dextrometorfano o sin tratamiento.

Desde entonces se publicaron nuevos ensayos clínicos y varias revisiones sistemáticas.

La revisión Cochrane concluyó que la miel podría aliviar la tos aguda mejor que la ausencia de tratamiento y, en algunos estudios, también mejor que determinados antitusivos de venta libre, aunque la certeza global de la evidencia continúa siendo baja a moderada debido al reducido tamaño de muchos estudios (10).

Una contraindicación que nunca debe olvidarse

Existe, sin embargo, una excepción absoluta.

La miel no debe administrarse a menores de 12 meses, debido al riesgo de botulismo infantil por esporas de Clostridium botulinum.

Fuera de esa situación, constituye una alternativa razonable para aliviar la tos nocturna en niños mayores y también en adultos, especialmente cuando el objetivo es mejorar el descanso durante los primeros días del cuadro.

Mito 5. “Los descongestivos destapan la nariz y aceleran la curación del resfrío”

La congestión nasal es, junto con la rinorrea y la tos, uno de los síntomas que más molestias genera durante un resfrío. No sorprende, entonces, que los descongestivos, tanto tópicos como orales, sean algunos de los medicamentos de venta libre más utilizados en el mundo.

Su mecanismo de acción es conocido: los agonistas alfaadrenérgicos, como la oximetazolina o la xilometazolina por vía intranasal, y la pseudoefedrina por vía oral, producen vasoconstricción de la mucosa nasal.

Ayudan a respirar mejor durante algunas horas, pero no modifican la historia natural del resfrío.

La revisión sistemática de la Colaboración Cochrane que comparó descongestivos con placebo en adultos con resfrío común observó que una dosis única producía una mejoría pequeña pero estadísticamente significativa de la obstrucción nasal (11).

No obstante, ese beneficio fue exclusivamente sintomático. Los descongestivos no redujeron la duración de la enfermedad, no disminuyeron la intensidad global del cuadro ni aceleraron la recuperación clínica.

¿Son completamente inocuos?

No, no lo son.

Los preparados orales pueden producir insomnio, nerviosismo, ansiedad, palpitaciones y elevación de la presión arterial, especialmente en personas mayores o con enfermedad cardiovascular.

En consecuencia, deben utilizarse con precaución en pacientes con hipertensión arterial no controlada, enfermedad coronaria, arritmias, hipertiroidismo o glaucoma de ángulo cerrado.

Los descongestivos tópicos presentan otro problema bien conocido: la rinitis medicamentosa.

Cuando se utilizan durante más de 3 a 5 días consecutivos, la vasoconstricción inicial es reemplazada por un fenómeno de rebote, con intensa vasodilatación y congestión persistente que lleva al paciente a utilizar el aerosol cada vez con mayor frecuencia.

Por este motivo, la mayoría de las guías recomienda limitar su uso a períodos muy cortos y únicamente cuando la obstrucción nasal afecta significativamente el descanso o las actividades cotidianas.

Mito 6. “La equinácea estimula el sistema inmunológico y previene los resfríos”

Pocas plantas medicinales alcanzaron tanta difusión como la equinácea.

Su utilización comenzó entre pueblos originarios de América del Norte y posteriormente fue incorporada a la fitoterapia europea. Hoy constituye uno de los suplementos herbarios más vendidos para la prevención de infecciones respiratorias.

Cuando se intenta analizar científicamente su eficacia aparece un problema importante: no existe una única equinácea.

Las especies más utilizadas son Echinacea purpurea, Echinacea angustifolia y Echinacea pallida. Además, algunos preparados utilizan únicamente la raíz, otros las hojas o las flores, mientras que las concentraciones de principios activos varían notablemente entre fabricantes.

La revisión Cochrane publicada por Karsch-Völk y colaboradores analizó 24 ensayos clínicos aleatorizados, con más de 4.600 participantes, evaluando tanto prevención como tratamiento del resfrío común (12).

Los autores encontraron resultados muy heterogéneos.

Algunos estudios mostraban pequeñas reducciones en la incidencia de resfríos, mientras que otros no encontraban diferencias respecto del placebo.

No existe evidencia suficientemente sólida para recomendar la equinácea como estrategia rutinaria para prevenir o tratar el resfrío común.

Esto no significa necesariamente que todos los preparados sean ineficaces. Significa que la calidad metodológica y la heterogeneidad de los estudios no permiten identificar con certeza si algún preparado específico ofrece un beneficio clínicamente relevante.

Mito 7. “La cúrcuma es un potente antiviral natural”

En los últimos años, pocos productos naturales alcanzaron tanta popularidad como la cúrcuma.

Impulsada por redes sociales, programas de televisión y numerosos sitios de internet, la curcumina, su principal compuesto activo, comenzó a atribuirse propiedades antiinflamatorias, antioxidantes, inmunomoduladoras e incluso antivirales.

Desde el punto de vista experimental, parte de estas afirmaciones tienen fundamento.

En modelos celulares y animales, la curcumina mostró capacidad para modular múltiples vías inflamatorias, entre ellas el factor nuclear kappa B (NF-κB), reducir la producción de diversas citocinas proinflamatorias e interferir con la replicación de algunos virus respiratorios en condiciones de laboratorio (13).

Pero un mecanismo biológico plausible no equivale a eficacia clínica demostrada.

Hasta la fecha no existen ensayos clínicos aleatorizados, de tamaño adecuado y buena calidad metodológica, que demuestren que la cúrcuma reduzca la duración, la intensidad de los síntomas o las complicaciones del resfrío común.

En consecuencia, ninguna guía clínica importante, incluyendo NICE, American Academy of Family Physicians o las revisiones Cochrane, recomienda actualmente la utilización de cúrcuma para tratar el resfrío.

Mito 8. “Los herbales respiratorios son todos iguales”

No todos los productos herbarios tienen el mismo nivel de evidencia.

Agruparlos bajo una misma etiqueta —“natural”, “herbal”, “fitoterápico” o “inmunoestimulante”— es demasiado impreciso.

Hay productos prácticamente sin estudios clínicos, otros con ensayos pequeños y algunos con señales de beneficio, aunque todavía insuficientes para una recomendación fuerte.

Pelargonium sidoides: una señal interesante, pero con dudas

Pelargonium sidoides es una planta originaria del sur de África. Su extracto estandarizado más estudiado es EPs 7630, comercializado en algunos países para infecciones respiratorias agudas.

La revisión Cochrane de Timmer y colaboradores evaluó ensayos clínicos aleatorizados sobre Pelargonium sidoides en infecciones respiratorias agudas.

La revisión identificó 10 ensayos, de los cuales 8 fueron considerados de calidad suficiente para el análisis. Tres estudios evaluaron bronquitis aguda en adultos y otros incluyeron niños o cuadros como rinosinusitis y resfrío común (14).

Los resultados mostraron una señal favorable para alivio sintomático, pero con heterogeneidad, dudas metodológicas y evidencia proveniente de preparados específicos.

En términos clínicos, Pelargonium sidoides podría aliviar síntomas en algunos pacientes con infecciones respiratorias altas, pero no debe presentarse como “antiviral natural” ni como tratamiento probado para acortar de manera robusta el resfrío común.

Andrographis paniculata: promesa fitoterápica con evidencia heterogénea

Andrographis paniculata es una planta utilizada en medicina tradicional asiática. Se la ha estudiado para infecciones respiratorias agudas por sus posibles efectos antiinflamatorios e inmunomoduladores.

Una revisión sistemática publicada por Hu y colaboradores evaluó la eficacia y seguridad de Andrographis paniculata para síntomas de infecciones respiratorias agudas (15).

Algunos preparados podían reducir la severidad de síntomas como tos, odinofagia y malestar general, especialmente cuando se iniciaban temprano.

Sin embargo, los ensayos diferían en formulación, dosis, duración, población y escalas de medición, lo que limita la certeza de las conclusiones.

La lectura práctica es similar a la de Pelargonium: puede haber una señal de beneficio, pero todavía no alcanza para recomendarlo de rutina en todos los pacientes con resfrío común.

Ajo y jengibre: mucha tradición, poca evidencia clínica

El ajo tiene estudios experimentales que sugieren efectos antimicrobianos e inmunomoduladores.

El jengibre también posee actividad antiinflamatoria en modelos preclínicos.

Pero, para el resfrío común, la evidencia clínica es débil.

En el caso del ajo, los ensayos son escasos, pequeños y con desenlaces variables. No hay base suficiente para recomendarlo como prevención o tratamiento.

En el caso del jengibre, la situación es similar: puede aliviar subjetivamente la irritación faríngea cuando se consume en infusiones calientes, pero eso no equivale a demostrar reducción de duración, carga viral o complicaciones.

Mito 9. “Los probióticos no tienen nada que ver con las infecciones respiratorias”

La relación entre microbiota e inmunidad respiratoria es uno de los campos más activos de investigación.

El concepto de eje intestino-pulmón dejó de ser una hipótesis marginal y hoy se estudia como un sistema de comunicación inmunológica entre mucosas.

La revisión Cochrane actualizada en 2022 evaluó probióticos para prevenir infecciones agudas del tracto respiratorio superior, incluyendo resfrío común (16).

Los probióticos podrían reducir la probabilidad de presentar al menos un episodio de infección respiratoria alta y probablemente reduzcan el riesgo de episodios recurrentes.

Esto no significa que cualquier yogur o cualquier cápsula “probiótica” prevenga resfríos.

El efecto depende de cepas, dosis, duración y población estudiada. Tampoco hay evidencia sólida de que iniciar probióticos una vez comenzado el resfrío acorte claramente el cuadro.

La utilidad potencial parece estar más del lado de la prevención, no del tratamiento agudo.

Mito 10. “La vitamina D previene los resfríos”

La vitamina D ocupa un lugar especial porque su rol inmunológico es biológicamente plausible.

Participa en la inmunidad innata, modula péptidos antimicrobianos y se asoció en estudios observacionales con mayor riesgo de infecciones respiratorias cuando sus niveles son bajos.

Pero la evidencia es compleja.

Metaanálisis previos sugirieron que la suplementación con vitamina D podía reducir modestamente el riesgo de infecciones respiratorias agudas, sobre todo en personas con deficiencia marcada y cuando se administraba en dosis diarias o semanales, no en megadosis intermitentes.

Análisis más recientes, que incorporaron grandes ensayos clínicos, atenuaron ese beneficio.

Un metaanálisis individual publicado en The Lancet Diabetes & Endocrinology y difundido en 2025, con casi 50 ensayos y más de 60.000 participantes, no encontró una protección significativa de la suplementación para prevenir infecciones respiratorias agudas en la población general (17).

La conclusión clínica debe ser prudente: corregir la deficiencia de vitamina D está indicado por salud ósea y por criterios metabólicos generales, pero no debería indicarse la vitamina D exclusivamente como “tratamiento” o “escudo” contra el resfrío común.

¿Qué recomiendan hoy las principales guías?

Las guías coinciden en un punto central: el resfrío común es una enfermedad autolimitada y el tratamiento debe orientarse al alivio sintomático.

Los antibióticos no están indicados salvo evidencia clara de infección bacteriana.

Los analgésicos y antipiréticos pueden utilizarse para aliviar dolor, odinofagia, cefalea o fiebre molesta.

Los descongestivos pueden mejorar transitoriamente la obstrucción nasal en adultos, pero deben usarse pocos días.

La miel puede considerarse para la tos nocturna en mayores de 1 año.

El zinc puede discutirse en adultos si se inicia precozmente, explicando beneficio modesto y efectos adversos.

Vitamina C, equinácea, cúrcuma, ajo, jengibre y otros herbales no deberían presentarse como tratamientos probados.

Las conclusiones: ¿qué nos deja esta revisión?

El resfrío común sigue siendo una enfermedad de alta frecuencia y baja letalidad, pero de enorme impacto sanitario.

También sigue siendo un terreno fértil para intervenciones de eficacia incierta.

La evidencia muestra que ningún tratamiento disponible “cura” el resfrío.

Los antibióticos no tienen lugar en cuadros virales no complicados.

La vitamina C no previene resfríos en la población general y solo acorta modestamente la duración cuando se consume en forma regular.

El zinc podría reducir algunos días de síntomas si se inicia temprano, pero la certeza de la evidencia es limitada.

La miel tiene un lugar razonable para la tos nocturna en mayores de 1 año.

Los descongestivos alivian, pero no curan.

La mayoría de los productos herbarios, incluida la cúrcuma, tienen más plausibilidad biológica o tradición que evidencia clínica robusta.

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