Toda la actualidad de la medicina en español. Escrita y revisada por médicos.

Leptospirosis: una zoonosis global que crece y exige alta sospecha clínica

La leptospirosis es la zoonosis bacteriana más difundida del mundo y continúa siendo un problema relevante de salud pública. Su distribución es global, su presentación clínica es variable y su diagnóstico requiere un alto índice de sospecha. En Argentina, los datos recientes del boletín epidemiológico nacional muestran un marcado aumento de casos en 2025, lo que vuelve clave repasar su epidemiología, manifestaciones clínicas, diagnóstico, tratamiento y estrategias de prevención. Lo resumimos en INFOMED.

Puntos Clave

  • La leptospirosis es la zoonosis más difundida del mundo, con más de 1 millón de casos anuales y alrededor de 60.000 muertes a nivel global.
  • En Argentina es una enfermedad endémica, con circulación sostenida y fuerte subdiagnóstico.
  • Entre 2020 y 2024 se notificó una mediana acumulada de 2.275 casos, con 62 confirmaciones, mientras que en 2025 se notificaron 2.288 casos, con 207 casos confirmados, lo que representa un aumento del 234% respecto a temporadas previas.
  • El principal reservorio son los roedores, que eliminan la bacteria por orina y contaminan agua y suelo.
  • La mayoría de los casos son leves o anictéricos, pero entre 5 y 10% evolucionan a formas graves, con falla renal, ictericia, hemorragia pulmonar y mortalidad elevada.
  • El diagnóstico requiere alta sospecha clínica y la combinación de PCR y serologías, según el momento evolutivo.
  • El tratamiento antibiótico precoz reduce la duración y las complicaciones; la prevención se basa en control ambiental, profilaxis en situaciones de riesgo y vigilancia epidemiológica.

Una zoonosis tan antigua como vigente

La leptospirosis, también conocida como enfermedad de Weil, fiebre del agua o enfermedad de las porquerizas, es una zoonosis bacteriana causada por espiroquetas del género Leptospira. Su distribución es universal, aunque la carga de enfermedad es mayor en regiones tropicales y subtropicales, donde confluyen lluvias intensas, inundaciones, urbanización precaria y contacto estrecho con animales.

A nivel mundial se estiman más de un millón de casos por año, con una mortalidad cercana a las 60.000 personas.

En Argentina, la enfermedad es endémica y se presentan casos todos los años, particularmente luego de lluvias intensas o inundaciones. Provincias como Buenos Aires se encuentran dentro de las zonas de endemicidad reconocida.

Los datos más recientes del Boletín Epidemiológico Nacional muestran un cambio llamativo: mientras que entre 2020 y 2024 se registró una mediana de 2.275 casos notificados con escasas confirmaciones, en 2025 se notificaron 2.288 casos con 207 confirmados, lo que representa un aumento del 234% respecto de temporadas anteriores. Este salto sugiere mayor circulación, mejor detección o ambas cosas, y obliga a reforzar la sospecha clínica.

Microbiología y reservorios: una bacteria adaptada al ambiente

La Leptospira es una bacteria aeróbica, delgada, en forma de espiral, con extremos curvados en “signo de interrogación”. Se tiñe pobremente con coloraciones habituales y se visualiza mejor mediante microscopía de campo oscuro, tinciones de plata o fluorescencia, lo que explica parte de la dificultad diagnóstica.

Existen múltiples especies patógenas, entre ellas L. interrogans, L. kirschneri y L. noguchii. Los mamíferos son su principal reservorio: más de 160 especies pueden portar la bacteria de forma crónica, especialmente los roedores. Los ratones se infectan tempranamente y eliminan la bacteria por la orina durante toda su vida, contaminando agua, barro y suelo.

La Leptospira puede sobrevivir hasta 6 meses en el barro y un año en el agua, lo que explica la asociación con inundaciones. Perros, vacas, cerdos y ovejas también pueden infectarse; en perros la mortalidad puede alcanzar el 10%, razón por la cual existe vacunación canina sistemática.

El ser humano es un huésped accidental y se infecta por contacto de piel lesionada o mucosas con agua o suelo contaminados, o por ingestión de alimentos contaminados. La transmisión entre humanos es excepcional.

Poblaciones de riesgo

La leptospirosis está estrechamente vinculada a la pobreza y a condiciones ambientales desfavorables. Presentan mayor riesgo los trabajadores rurales, veterinarios, personal de laboratorio y fuerzas armadas, así como personas que realizan actividades recreativas en contacto con agua dulce. A nivel domiciliario, la presencia de roedores, el almacenamiento de agua de lluvia y el hacinamiento aumentan el riesgo.

Las inundaciones y los desastres climáticos actúan como disparadores de brotes, especialmente en zonas endémicas, un fenómeno cada vez más frecuente en el contexto del cambio climático.

Manifestaciones clínicas: de un cuadro leve a la falla multiorgánica

La mayoría de las infecciones son leves o asintomáticas. Cuando hay síntomas, se distinguen dos grandes formas clínicas.

La leptospirosis anictérica es la más frecuente y suele comenzar con una fase aguda caracterizada por fiebre, cefalea, mialgias intensas, escalofríos y síntomas digestivos. Un hallazgo semiológico característico es la sufusión conjuntival bilateral, un “ojo rojo” sin secreción purulenta. En el laboratorio son comunes la elevación de transaminasas, CPK y alteraciones urinarias.

En algunos pacientes se desarrolla una fase inmune, con meningitis aséptica, uveítis y síntomas sistémicos, cuando la bacteria ya no está en sangre pero persiste en la orina.

Entre 5 y 10% de los casos evolucionan a la leptospirosis ictérica o enfermedad de Weil, una forma grave con ictericia, insuficiencia renal, hemorragia alveolar, miocarditis y shock.

La mortalidad global de estas formas es del 5–15%, pero puede superar el 50% cuando hay compromiso pulmonar severo.

En el embarazo, la leptospirosis puede simular patologías obstétricas graves y se ha asociado a aborto espontáneo y muerte fetal.

Diagnóstico: combinar sospecha clínica y laboratorio

El diagnóstico comienza con la sospecha ante un síndrome febril agudo inespecífico, especialmente si hay exposición ambiental de riesgo. La confirmación se basa en pruebas de laboratorio, utilizando sangre, orina o líquido cefalorraquídeo según la etapa de la enfermedad.

La PCR permite detectar el ADN bacteriano en fases tempranas y es el método confirmatorio más directo, aunque una PCR negativa no descarta la enfermedad. Las serologías, medidas en muestras pareadas, permiten demostrar seroconversión. El test de aglutinación microscópica (MAT) sigue siendo el estándar histórico, aunque se reserva para laboratorios de referencia.

¿Qué pruebas diagnósticas existen para leptospirosis?

Pruebas serológicas (basadas en anticuerpos)

MAT (microscopic agglutination test, test de aglutinación microscópica). Este es un test de referencia histórico para leptospirosis. Requiere microorganismos vivos y personal experto, por lo cual solo se hace en laboratorios de referencia. Pese a esto, en un meta-análisis se encontró que la sensibilidad es del 50 %, mientras que la especificidad, es del 99 %.

  • ELISA
  • Ensayo de inmunofluorescencia (IFA)
  • Pruebas de flujo lateral (lateral flow test)
  • Pruebas de hemaglutinación indirecta

Todas estas últimas están disponibles comercialmente. Algunas se pueden hacer en los puntos de atención.

Cultivos

La sensibilidad es subóptima (5-50 %). Puede crecer en 1-2 semana, aunque a veces puede tardar hasta 3 meses.

El laboratorio tiene que estar avisado de lo que se busca, ya que se usan medios de cultivos especiales.

Pruebas de antígenos

En muestras de sangre, se usa un anticuerpo monoclonal, y se “captura” por ELISA. Sirve detección en la etapa temprana de la infección. No está ampliamente disponible.

Frotis de sangre

Con microscopio de campo oscuro, puede mostrar las espiroquetas en los primeros días de infección.

La sensibilidad y especificidad son muy bajas. La cantidad de espiroquetas en sangre para poder ver una sola tiene que ser mayor a 104 por mililitro de sangre. En la práctica no se usa.

Histopatología

Se usan muy raramente. Se usan pruebas de inmunohistoquímica.

Tratamiento y prevención

El tratamiento combina medidas de sostén y antibióticos. En casos leves se utilizan doxiciclina o azitromicina por vía oral.

Las formas graves requieren antibióticos endovenosos como penicilina, ceftriaxona o cefotaxima, y soporte intensivo cuando hay compromiso orgánico.

No existe una vacuna ampliamente disponible para humanos.

La prevención se basa en el control de roedores, evitar el contacto con aguas estancadas, la vacunación animal y la profilaxis con doxiciclina en personas de alto riesgo durante inundaciones, estrategia que ha demostrado reducir la incidencia de enfermedad sintomática.

Conclusiones

La leptospirosis sigue siendo una zoonosis vigente, subdiagnosticada y estrechamente ligada a factores ambientales y sociales. El marcado aumento de casos confirmados en Argentina durante 2025 refuerza la necesidad de alta sospecha clínica, diagnóstico oportuno y fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica.

Reconocerla a tiempo permite iniciar tratamiento precoz, reducir complicaciones graves y evitar muertes prevenibles. En un contexto de mayor frecuencia de eventos climáticos extremos, la leptospirosis debe volver a ocupar un lugar central en la práctica clínica cotidiana.

Etiquetas

Disclaimer

  • No ofrecemos productos ni tratamientos.
  • Todo el contenido tiene fines informativos.
  • La información NO reemplaza la consulta médica profesional.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartí esta Nota