Puntos Clave
- El brote asociado al crucero MV Hondius incluyó 6 personas afectadas, 3 fallecidas y al menos 1 caso confirmado de hantavirus, lo que reactivó la vigilancia internacional coordinada por la Organización Mundial de la Salud.
- El hantavirus es una zoonosis transmitida principalmente por inhalación de aerosoles contaminados con secreciones de roedores infectados, con una letalidad en el síndrome cardiopulmonar que suele ubicarse entre el 30 y el 40 % en América.
- En Argentina, el virus Andes presenta una característica diferencial: la posibilidad de transmisión interhumana, documentada en brotes como el de Epuyén (2018–2019), con 28 casos y 10 fallecidos.
- El período de incubación en casos secundarios por virus Andes se ha estimado entre 9 y 27 días, lo que obliga a un seguimiento prolongado de contactos estrechos en escenarios de sospecha.
- La fase inicial de la enfermedad es inespecífica y puede simular cuadros virales comunes, lo que retrasa el diagnóstico. La progresión hacia la fase cardiopulmonar puede ocurrir en pocas horas, con rápida evolución a insuficiencia respiratoria y shock.
- No existe actualmente un tratamiento antiviral específico eficaz para el síndrome cardiopulmonar por hantavirus; el manejo es de sostén y depende de la detección precoz y el acceso a cuidados intensivos.
- No hay vacunas aprobadas para los hantavirus del Nuevo Mundo, incluido el virus Andes, aunque existen desarrollos en curso y vacunas disponibles sólo para variantes del Viejo Mundo en Asia.
- El antecedente epidemiológico, es decir, el contacto con ambientes contaminados, la exposición en áreas endémicas o el vínculo con casos sospechosos, es central para la sospecha clínica y el manejo oportuno.
Un crucero, varios casos y una duda epidemiológica clave
El evento ocurrió a bordo del MV Hondius, un crucero de bandera holandesa que había partido desde Argentina, con itinerario por regiones australes y el Atlántico, rumbo a África y Europa.
De acuerdo con la información disponible al 3 de mayo de 2026, se notificaron 6 personas afectadas, de las cuales 3 fallecieron, 1 caso fue confirmado por laboratorio y otras personas permanecían bajo investigación o asistencia médica. Una de ellas fue internada en terapia intensiva en Sudáfrica (1,2).
La Organización Mundial de la Salud informó que se encontraba coordinando la investigación con autoridades nacionales, operadores del barco y equipos sanitarios de los países involucrados. La situación incluyó asistencia médica, evaluación de riesgo para las personas a bordo, seguimiento de contactos y estudios de laboratorio, incluido el análisis del virus identificado (1).
Todavía hay preguntas abiertas: dónde ocurrió la exposición, si el contagio se produjo antes del embarque, durante una escala, en contacto con ambientes contaminados por roedores, o si hubo algún mecanismo de transmisión posterior.
En hantavirus, esta distinción no es menor. La vía clásica es la exposición a aerosoles contaminados con orina, saliva o heces de roedores infectados. Pero en Argentina, y especialmente con el virus Andes, existe un antecedente bien documentado de transmisión de persona a persona (3,4).
En efecto, un brote de hantavirus en Epuyén, Chubut, entre finales de 2018 y principios de 2019, fue uno de los más graves en Argentina, con 28 casos confirmados y 10 fallecidos en esa localidad. Iniciado en una reunión social el 3 de noviembre de 2018, marcó un hito inusual por la confirmada transmisión interhumana del virus Andes.
Una historia que empieza en la guerra y redefine la infectología moderna
La historia de los hantavirus en la medicina moderna se remonta a la Guerra de Corea, donde más de 3.000 soldados desarrollaron un síndrome febril con compromiso renal severo, posteriormente denominado fiebre hemorrágica con síndrome renal (HFRS, por sus siglas en inglés).
El agente causal fue identificado recién en 1976 por Ho-Wang Lee, quien logró aislar el virus a partir de roedores cerca del río Hantaan, en Corea del Sur. Este hallazgo permitió entender un concepto clave: los hantavirus son virus zoonóticos altamente específicos, con reservorios definidos y sin transmisión cruzada entre especies.
Durante décadas, estos virus se asociaron al “Viejo Mundo” (Europa y Asia), donde producen HFRS, con letalidades variables: inferiores al 1 % en infecciones por virus Puumala, pero de hasta 5–10 % en infecciones por virus Hantaan o Dobrava (6,7).
El cambio conceptual ocurrió en 1993, cuando en Estados Unidos se describió un brote de insuficiencia respiratoria aguda en adultos jóvenes previamente sanos. Allí se identificó el virus Sin Nombre y se definió el síndrome cardiopulmonar por hantavirus.
Desde entonces, la distinción es clínica y epidemiológica. En el Viejo Mundo predomina el compromiso renal; en el Nuevo Mundo, el compromiso pulmonar; y en América se suma un elemento diferencial: la posibilidad de transmisión interhumana con virus Andes.
Argentina: una geografía que importa
Argentina no es un país periférico en la historia del hantavirus. Por el contrario, es uno de los territorios donde la enfermedad tiene mayor relevancia clínica y epidemiológica en la región.
Se han reconocido áreas endémicas en distintas zonas del país, con particular importancia en la Patagonia, el Noroeste, el Litoral y la región Centro.
El reservorio clásico en varias regiones es el ratón colilargo y otros roedores sigmodontinos.
La infección humana ocurre cuando una persona entra en contacto con ambientes contaminados por secreciones de roedores infectados, en especial en espacios cerrados, mal ventilados, rurales, periurbanos, galpones, cabañas, depósitos, campamentos o zonas con vegetación densa.
La enfermedad tiene una dimensión estacional y ambiental. Las variaciones climáticas, la disponibilidad de alimento para roedores, los cambios en la densidad poblacional de estos animales y las actividades humanas al aire libre pueden modificar el riesgo de exposición.
En la práctica, esto significa que el antecedente epidemiológico es tan importante como el cuadro clínico.
¿Qué es el hantavirus y por qué puede ser tan grave?
Los hantavirus son virus zoonóticos mantenidos en la naturaleza por roedores silvestres.
En las Américas, la forma clínica más relevante es el síndrome cardiopulmonar por hantavirus, una enfermedad que puede comenzar con síntomas inespecíficos y progresar rápidamente hacia insuficiencia respiratoria, shock y muerte (5).
La infección suele iniciarse con un período prodrómico que se parece a muchos cuadros virales comunes:
- fiebre
- mialgias
- cefalea
- escalofríos
- náuseas y/o vómitos
- dolor abdominal
- diarrea
En esa etapa, puede no haber síntomas respiratorios altos evidentes, lo que dificulta la sospecha inicial (5).
Luego de esa fase inicial, algunos pacientes evolucionan hacia una etapa cardiopulmonar con aumento de la permeabilidad capilar, edema pulmonar no cardiogénico, hipoxemia, compromiso hemodinámico y shock.
En las formas graves, la ventana entre el deterioro respiratorio y la necesidad de soporte intensivo puede ser muy breve.
No existe un antiviral específico de eficacia demostrada para el síndrome cardiopulmonar por hantavirus.
El tratamiento es fundamentalmente de sostén: reconocimiento precoz, derivación oportuna, manejo en unidades con capacidad de soporte respiratorio y hemodinámico, y medidas estrictas de bioseguridad cuando corresponda.
El virus Andes: la excepción dentro de la familia Hanta que obliga a mirar los contactos
La mayoría de los hantavirus no se transmiten de persona a persona. Sin embargo, el virus Andes, que circula en Argentina y Chile, es una excepción relevante. La transmisión interhumana fue documentada en brotes argentinos, incluida la experiencia de Chubut entre 2018 y 2019, analizada en el The New England Journal of Medicine (4).
Ese brote mostró que la transmisión podía ocurrir en cadenas, con eventos de superdiseminación, y reforzó la necesidad de aislamiento, vigilancia de contactos y sospecha clínica temprana.
En ese trabajo, la letalidad del síndrome cardiopulmonar por virus Andes se describió como elevada, con …
Las conclusiones: ¿qué nos deja este episodio?
El episodio del crucero vuelve a poner en primer plano una infección que, aunque infrecuente, tiene un impacto clínico desproporcionado por su gravedad.
En primer lugar, refuerza que el hantavirus no es una entidad confinada a escenarios rurales clásicos o aislados. En un mundo globalizado, con alta movilidad internacional, eventos como este muestran que una exposición localizada puede tener consecuencias sanitarias en múltiples países, activando sistemas de vigilancia internacionales en tiempo real.
En segundo lugar, subraya la importancia crítica del antecedente epidemiológico. En una enfermedad que comienza con síntomas inespecíficos, cómo fiebre, mialgias, síntomas gastrointestinales, la sospecha clínica depende en gran medida de reconstruir exposiciones potenciales, incluso días o semanas antes del inicio del cuadro.
En tercer lugar, reintroduce una pregunta clave en el contexto argentino: la posibilidad de transmisión interhumana. Aunque no es el mecanismo predominante, la experiencia con virus Andes obliga a considerar esta hipótesis ante agrupamientos de casos, especialmente cuando existe proximidad temporal y geográfica entre ellos.
Por último, este episodio vuelve a evidenciar una limitación persistente: la ausencia de tratamientos antivirales específicos eficaces y de vacunas disponibles para los hantavirus del Nuevo Mundo. En este escenario, la estrategia sigue siendo esencialmente preventiva y de detección precoz.
En síntesis, más allá de la evolución puntual de este brote, el caso funciona como un recordatorio clínico y epidemiológico: frente a cuadros compatibles, en pacientes con antecedentes de exposición en áreas endémicas, el hantavirus debe formar parte del diagnóstico diferencial desde el inicio.
Referencias
1. Organización Mundial de la Salud. Hantavirus – Situation reports and outbreak news.
Disponible en: https://www.who.int/emergencies/disease-outbreak-news
2. Centers for Disease Control and Prevention. Hantavirus Pulmonary Syndrome (HPS).
Disponible en: https://www.cdc.gov/hantavirus/hps/index.html
3. Martínez VP, Bellomo CM, San Juan J, et al. Person-to-person transmission of Andes virus. Emerg Infect Dis. 2005;11(12):1848–1853.
Disponible en: https://wwwnc.cdc.gov/eid/article/11/12/05-0568_article
4. Martínez VP, Di Paola N, Alonso DO, et al. Andes Virus Transmission and Super-Spreading Events, Argentina. The New England Journal of Medicine. 2020;383:2230–2241.
Disponible en: https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa2009040
5. MacNeil A, Nichol ST, Spiropoulou CF. Hantavirus pulmonary syndrome. Virus Res. 2011;162(1–2):138–147.
Disponible en: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0168170211001629
6. Kruger DH, Figueiredo LT, Song JW, Klempa B. Hantaviruses—globally emerging pathogens. J Clin Virol. 2015;64:128–136.
Disponible en: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1386653215000206
7. Vaheri A, Strandin T, Hepojoki J, et al. Uncovering the mysteries of hantavirus infections. Nat Rev Microbiol. 2013;11:539–550.
Disponible en: https://www.nature.com/articles/nrmicro3066









