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Hantavirus en Argentina: una enfermedad poco frecuente pero letal, y un riesgo que sigue vigente

El hantavirus rara vez domina la agenda sanitaria, pero todos los años vuelve a aparecer con la misma lógica inquietante: pocos casos, cuadros graves y una letalidad que se mantiene alta. En Argentina, esta zoonosis sigue circulando de manera endémica, con impacto clínico desproporcionado y una evolución que puede ser fulminante incluso en personas jóvenes y previamente sanas. El reciente fallecimiento de un adolescente en San Andrés de Giles, provincia de Buenos Aires, reavivó la atención sobre una enfermedad infrecuente, pero nunca erradicada. En INFOMED resumimos la situación epidemiológica actual.

Puntos Clave

  • En Argentina se notifican entre 60 y 100 casos de hantavirus por año.
  • La letalidad histórica se mantiene entre 20 y 30%, con picos regionales > 35%.
  • Más del 90% de los casos evolucionan como síndrome pulmonar por hantavirus.
  • El Virus Andes explica la gran mayoría de los cuadros en el país.
  • La transmisión interhumana existe, pero representa < 10% de los contagios.
  • El deterioro clínico suele ocurrir en 24–72 horas.
  • No existe tratamiento antiviral específico; el manejo es de soporte intensivo.
  • La prevención ambiental sigue siendo la estrategia más eficaz

Una enfermedad silenciosa, pero clínicamente desproporcionada

Desde una mirada poblacional, el hantavirus suele quedar relegado frente a eventos mucho más visibles como dengue o infecciones respiratorias. Sin embargo, cuando se analizan sus indicadores duros, el contraste es marcado: baja incidencia, alta gravedad y elevada mortalidad.

En Argentina, el hantavirus representa menos del 0.1 % de las notificaciones infecciosas anuales, pero explica una proporción significativamente mayor de las muertes asociadas a enfermedades virales agudas graves.

Cada caso confirmado implica, en promedio, internaciones prolongadas, requerimiento de cuidados críticos en más del 60-70% de los pacientes y un riesgo vital que no disminuyó de manera sustancial en las últimas décadas.

Situación epidemiológica actual en Argentina: los números detrás del problema

De acuerdo con los datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación y el análisis histórico del Boletín Epidemiológico Nacional, el hantavirus mantiene un patrón endémico estable, sin grandes picos epidémicos, pero tampoco con una tendencia descendente sostenida.

Las cifras de esta zoonosis son:

  • Casos anuales. En la última década, se notificaron entre 60 y 100 casos confirmados por año, con años de menor circulación (cerca de 50 casos) y otros con picos cercanos a 110–120 notificaciones.
  • Letalidad global. Se mantiene entre 20 y 30%, con registros históricos que en algunos brotes regionales superaron el 35%.
  • Forma clínica predominante. Más del 90–95% de los casos evolucionan como síndrome pulmonar por hantavirus (SPH).
  • Edad. Aproximadamente 80-85% de los casos ocurren en adultos jóvenes; entre 5 y 10% corresponden a niños y adolescentes, grupo en el que la evolución puede ser igual de severa.
  • Sexo. Los varones concentran alrededor del 65-70% de los casos, probablemente asociado a mayor exposición ambiental.

Durante 2025 y las primeras semanas de 2026, el número de casos notificados se ubicó dentro del rango histórico esperado, pero con una letalidad sostenida, sin señales claras de mejora en los desenlaces.

Distribución geográfica: una enfermedad más extendida de lo que solemos pensar

Durante años, el hantavirus estuvo fuertemente asociado en el imaginario sanitario a la Patagonia. Sin embargo, los datos acumulados muestran un mapa mucho más amplio:

  • Patagonia andina (Chubut, Río Negro, Neuquén). Continúa concentrando las tasas más altas de incidencia, con brotes vinculados a factores ambientales.
  • Región Centro (Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos). Aporta una proporción creciente del total nacional, con casos rurales y periurbanos.
  • NOA (Salta, Jujuy). Notifica casos todos los años, con menor volumen absoluto, pero cuadros clínicos comparables en gravedad.

En conjunto, la región centro explica hoy cerca del 30-40% de los casos anuales, un dato que obliga a ampliar el radar diagnóstico fuera del eje patagónico clásico.

El caso fatal de San Andrés de Giles: cuando el riesgo se vuelve cercano

A comienzos de enero de 2026 se confirmó el fallecimiento de un adolescente de 14 años, residente en una zona rural de San Andrés de Giles, provincia de Buenos Aires, con diagnóstico confirmado de hantavirus.

Según la información publicada por portales periodísticos nacionales y medios locales, el paciente inició un cuadro febril inespecífico, fue atendido inicialmente en el hospital local y luego derivado a un centro de mayor complejidad, donde evolucionó desfavorablemente y falleció pocos días después del inicio de los síntomas.

Desde el punto de vista epidemiológico, este caso funciona como un evento centinela:

  • Confirma circulación viral activa en áreas rurales bonaerenses.
  • Refuerza que el hantavirus no es una enfermedad confinada a regiones cordilleranas.
  • Ilustra la velocidad de progresión del SPH, con un margen terapéutico extremadamente corto.

Tras la confirmación, se activaron las medidas habituales de investigación epidemiológica, seguimiento de contactos estrechos y refuerzo de las recomendaciones preventivas comunitarias.

El agente predominante en Argentina: Virus Andes

En nuestro país, el principal agente etiológico es el Virus Andes, cuyo reservorio predominante es el ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus).

Este virus presenta 2 particularidades clave:

  • Es responsable de más del 90% de los casos de SPH en Argentina.
  • Es uno de los pocos hantavirus con transmisión interhumana demostrada, especialmente en contextos de contacto estrecho durante la fase prodrómica, aunque este mecanismo explica menos del 10% de los contagios totales.

Clínica: una enfermedad que no concede tiempo

El mayor desafío del hantavirus no es su complejidad diagnóstica, sino la escasa ventana temporal para sospecharlo.

La enfermedad tiene distintas fases:

1. Fase prodrómica

  • Fiebre.
  • Mialgias intensas, muchas veces desproporcionadas.
  • Cefalea marcada.
  • Náuseas, vómitos o dolor abdominal (hasta 50-60% de los pacientes).

2. Fase cardiopulmonar

  • Disnea de instalación rápida.
  • Edema pulmonar no cardiogénico.
  • Hipotensión y shock.
  • Requerimiento de asistencia respiratoria mecánica en 60-80% de los casos graves.

En la mayoría de las series clínicas argentinas y regionales, el pasaje entre ambas fases ocurre en 24-72 horas, es decir, muy rápidamente.

Diagnóstico y tratamiento: lo que hoy sí sabemos

La confirmación diagnóstica se realiza mediante serología o PCR, disponibles en laboratorios de referencia.

No existe un tratamiento antiviral específico que haya demostrado reducir la mortalidad.

El manejo es exclusivamente de soporte, con cuidados intensivos precoces, manejo hemodinámico y respiratorio estricto.

En la práctica, la derivación oportuna a terapia intensiva sigue siendo el factor pronóstico más importante.

Prevención: donde realmente se gana la batalla

En ausencia de vacunas y terapias específicas, la prevención ambiental sigue siendo la herramienta más eficaz:

  • Ventilar ambientes cerrados al menos 30 minutos antes de limpiarlos.
  • Humedecer superficies con soluciones desinfectantes para evitar aerosolización.
  • Uso de guantes y barbijo en tareas rurales o de riesgo.
  • Control sistemático de roedores en viviendas, galpones y depósitos.

Estas medidas cobran especial relevancia durante primavera y verano, cuando aumenta la actividad de los reservorios y la exposición humana.

Las conclusiones: ¿qué nos deja este escenario?

El hantavirus en Argentina no muestra un crecimiento explosivo, pero tampoco retrocede. Sigue presente, con una letalidad elevada y una distribución geográfica más amplia de lo que muchas veces se percibe.

Tenemos que considerar esta entidad en pacientes con una enfermedad grave, rápidamente evolutiva hacia una Insuficiencia respiratoria y shock, en particular en adultos jóvenes en contacto con el medio rural.

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