Puntos Clave
- La temporada 2025 mostró una letalidad inusualmente elevada: entre 52 y 77 casos confirmados según el período analizado, se registraron entre 17 y 23 fallecimientos, lo que equivale a una letalidad aproximada del 29.8–32.7%. En términos prácticos, esto implica que cerca de 1 de cada 3 pacientes con hantavirosis confirmada falleció, por encima del promedio histórico cercano al 20% que se describe en series previas.
- El período de incubación del hantavirus es largo y variable (7–45 días; media ~21), lo que obliga a reconstruir exposiciones de hasta 6 semanas previas. Esta característica epidemiológica dificulta la identificación de un único evento de riesgo y exige una entrevista clínica cuidadosa, orientada a exposiciones ambientales (limpieza de galpones, ingreso a viviendas cerradas, actividades rurales) y a potenciales contactos estrechos en escenarios compatibles.
- La transmisión persona a persona es una particularidad del Cono Sur y no ocurre con todos los genotipos. En series históricas de Argentina, se estimó que alrededor del 2.5% de los casos entre 1995 y 2008 se vincularon a transmisión interhumana, principalmente con virus Andes y el genotipo Buenos Aires/Hu39694. Aunque representa una proporción baja, su impacto sanitario es alto por la necesidad de aislamiento específico y vigilancia de contactos.
- La fase de mayor riesgo para transmisión interhumana parece coincidir con el período prodrómico, cuando el cuadro es clínicamente inespecífico (fiebre, mialgias, malestar) y aún no se desarrolló el compromiso respiratorio. Esto favorece la diseminación intradomiciliaria antes de que el caso sea identificado como sospechoso, y obliga a una pesquisa epidemiológica activa en convivientes cuando hay genotipos implicados.
- Existen “perlas” de laboratorio que pueden orientar temprano: trombocitopenia, hematocrito elevado (hemoconcentración) e inmunoblastos en sangre periférica. En el contexto epidemiológico adecuado, este patrón debe interpretarse como señal de alerta por riesgo de progresión a síndrome cardiopulmonar, y debería acelerar decisiones de derivación y monitorización intensiva aun sin signos respiratorios floridos.
- La ventana para diagnóstico molecular es acotada. La RT-qPCR suele ser positiva solo durante los primeros 7–10 días desde el inicio de síntomas; luego el diagnóstico depende principalmente de serología (IgM en fase aguda y evolución de IgG). En la práctica, esto significa que el momento de la toma de muestra importa: sospechar temprano no solo mejora la atención, también mejora la confirmación diagnóstica.
- El aislamiento hospitalario es una “peculiaridad local” por la evidencia de transmisión interhumana. Para genotipos con transmisión persona a persona, se recomiendan medidas de aislamiento respiratorio estricto, N95, habitación individual y, en pacientes ventilados, filtros HEPA con eficiencia ≥ 99.9%. Para otros hantavirus sin transmisión interhumana, suelen alcanzar precauciones estándar y aislamiento por gotas. Diferenciar estos escenarios evita tanto el subaislamiento como el sobreuso innecesario de recursos.
- La lactancia materna permanece en zona gris. El caso reportado con síntomas maternos a los 6 días posparto, lactancia hasta el día 15 y leche positiva por RT-qPCR al día 16, con enfermedad grave y fallecimiento neonatal, sugiere plausibilidad biológica, pero no permite atribuir con certeza la vía de transmisión a la leche (no puede excluirse contacto respiratorio estrecho). Por ello, no hay recomendaciones universales y las decisiones deben individualizarse.
- En terapéutica, la evidencia es limitada y el soporte sigue siendo el pilar. El ensayo chileno de 60 pacientes (30 con metilprednisolona, 30 placebo) mostró tendencia a menor mortalidad sin significación estadística; los corticoides parecieron seguros, pero sin eficacia demostrada. Plasma de convalecientes y ribavirina permanecen como estrategias experimentales, condicionadas por disponibilidad y ausencia de estandarización.
- En Argentina, el diagnóstico diferencial clínicamente relevante incluye zoonosis endémicas como virus Junín y leptospirosis. En términos prácticos, la presencia de compromiso neurológico y hemorrágico con leucopenia marcada orienta a fiebre hemorrágica argentina, mientras que ictericia, insuficiencia renal y mialgias intensas (pantorrillas), con antecedente de exposición a agua contaminada, orientan a leptospirosis. El edema pulmonar no cardiogénico y la evolución rápida hacia shock, en contexto de exposición a roedores, sostienen la sospecha de hantavirus.
- La prevención sigue siendo ambiental. Ventilar, limpiar en húmedo con desinfectantes, controlar roedores y educar sobre riesgos rurales/peridomiciliarios continúan siendo las intervenciones más efectivas para reducir incidencia, especialmente en los meses de mayor riesgo estacional.
Epidemiología actual en Argentina: una temporada con variaciones notables
Según los informes del Boletín Epidemiológico Nacional del Ministerio de Salud de la Nación (corte temporada 2025–2026), se han confirmado al menos 52 casos de hantavirus desde la Semana Epidemiológica 27/2025 hasta la 53/2025, con 17 fallecimientos, lo que representa una letalidad aproximada del 32.7% en ese período.
En otro reporte nacional, se notificaron 77 casos confirmados durante 2025, de los cuales 23 resultaron fatales, representando una letalidad del 29.8% para el año completo.
La mayor parte de los casos se concentra en las regiones:
- Centro (mayor proporción)
- NOA (noroeste argentino)
- Sur
Se ven además patrones estacionales que muestran una mayor incidencia entre octubre y mayo, con picos habituales entre noviembre y enero.
Este panorama sitúa a Argentina en un umbral de alerta epidemiológica, con cifras de letalidad que superan los promedios históricos de la última década y que se mantienen elevadas en comparación con otras enfermedades virales de transmisión respiratoria o ambiental.
1. El hantavirus: reservorio, transmisión y período de incubación
Los hantavirus son virus zoonóticos cuya transmisión predominante al humano se produce por inhalación de aerosoles contaminados con excretas (saliva, orina, heces) de roedores silvestres infectados. Este mecanismo ambiental explica la asociación con actividades rurales o el ingreso a espacios cerrados con evidencia de roedores.
El período de incubación es particularmente amplio: tiene un mínimo de 7 días, y un máximo de 45. La media estimada es de 21 días.
Esta variabilidad complica la vigilancia y la identificación de exposiciones específicas, y obliga a considerar contactos en periodos de hasta 6 semanas antes del inicio de síntomas.
2. Transmisión entre personas: una excepción clínica con implicancias sanitarias
A diferencia de la mayoría de los hantavirus del mundo, en Argentina y Chile se ha documentado transmisión persona a persona de ciertos genotipos, especialmente:
- Virus Andes
- Genotipo Buenos Aires / Hu39694
En series históricas, este mecanismo representó aproximadamente 2.5% de los casos notificados entre 1995 y 2008.
Aunque bajo en proporción, este fenómeno clínico tiene implicancias significativas para el manejo hospitalario y la salud pública, porque obliga a considerar aislamiento respiratorio estricto en contextos específicos y a identificar contactos estrechos durante la fase inicial del cuadro clínico, incluso antes del compromiso respiratorio grave.
La transmisión interhumana suele darse en la fase prodrómica, cuando los pacientes presentan síntomas generales (fiebre, mialgias), lo que complica la detección temprana y el control de brotes.
3. Presentación clínica y progresión de la enfermedad
La infección por hantavirus inicia típicamente con síntomas no específicos:
- Fiebre
- Mialgias
- Cefalea
- Malestar general
En algunos casos pueden presentarse síntomas gastrointestinales. Esta fase prodrómica puede durar pocos días antes de progresar a un cuadro más severo caracterizado por:
- Edema pulmonar no cardiogénico
- Insuficiencia respiratoria aguda
- Hipotensión y shock
La transición puede ser rápida, y el deterioro respiratorio suele asociarse a cuadros severos que requieren hospitalización en unidades de cuidados intensivos.
4. Señales tempranas de gravedad: el rol del laboratorio
Existe un patrón hematológico que funciona como una alerta para los médicos tratantes:
- Trombocitopenia
- Hematocrito elevado (sugestivo de hemoconcentración)
- Inmunoblastos en sangre periférica
Estos hallazgos, en el contexto epidemiológico adecuado, son indicativos de riesgo de progresión hacia formas graves y deberían guiar decisiones como la derivación precoz a centros de mayor complejidad o el inicio temprano de monitoreo hemodinámico intensivo.
5. Diagnóstico etiológico: serología y PCR
El diagnóstico etiológico combina dos herramientas complementarias:
- Serología. Presencia de anticuerpos IgM específicos detectables en la fase aguda, e IgG que puede permanecer elevada durante largos períodos.
- PCR (RT-qPCR). La detección de ARN viral es más útil en la fase inicial. La ventana de positividad suele limitarse a los primeros 7–10 días desde el inicio de síntomas. La PCR temprana permite confirmar casos antes de la seroconversión completa, pero puede no estar disponible en todos los centros de salud, por lo que la serología sigue siendo fundamental.
6. Aislamiento hospitalario: una peculiaridad local
Una de las controversias más relevantes para los equipos de salud es el nivel de aislamiento apropiado, ya que existen genotipos con transmisión interhumana.
Se recomiendan:
- Aislamiento respiratorio estricto.
- Uso de respiradores N95 por personal de salud.
- Habitación individual.
- Restricción de visitas.
- Filtros HEPA con eficiencia ≥ 99.9% en pacientes con ventilación mecánica.
En otros hantavirus de otras regiones, sin transmisión persona a persona, se considera suficiente:
- Precauciones estándar
- Aislamiento por gotas
Esta diferenciación permite la optimización de recursos sin comprometer la seguridad del personal y los demás pacientes.
7. Lactancia materna: ¿riesgo real o evidencia insuficiente?
Se describe un caso clínico en el que una madre desarrolló síntomas 6 días después del parto, amamantó hasta el día 15, y una muestra de leche materna obtenida el día 16 fue positiva por RT-qPCR. El recién nacido desarrolló infección grave y falleció.
Si bien este hallazgo sugiere la posibilidad biológica de transmisión a través de la leche, no se pudo establecer con certeza la vía de transmisión, debido al contacto respiratorio estrecho, por lo cual no existen datos suficientes para formular recomendaciones universales sobre lactancia en este contexto.
8. Manejo terapéutico: la evidencia y sus limitaciones
Corticoides.
Un ensayo clínico chileno incluyó 60 pacientes con síndrome cardiopulmonar por hantavirus:
- 30 pacientes con metilprednisolon
- 30 con placebo
Los resultados mostraron una tendencia a menor mortalidad en el grupo tratado, pero sin alcanzar significación estadística.
Los corticoides no mostraron eventos adversos graves atribuibles al tratamiento, lo que sugiere que son seguros, aunque su eficacia para reducir mortalidad no está demostrada.
Plasma de convalecientes
Considerado una alternativa teórica, pero con limitaciones claras:
- Necesidad de compatibilidad ABO
- Escasa disponibilidad de sobrevivientes como donantes
- Falta de productos estandarizados
- Ribavirina
Su uso se mantiene solo en contextos de investigación, particularmente en fases tempranas de la infección.
En la práctica clínica, el tratamiento principal sigue siendo soporte intensivo avanzado, incluido el manejo de la insuficiencia respiratoria y el choque en unidades de cuidados intensivos.
9. Diagnóstico diferencial y sospecha clínica
Debido a los síntomas iniciales inespecíficos, la hantavirosis puede confundirse con:
- Neumonías virales o bacterianas
- Influenza
- COVID-19
- Shock séptico
Otras zoonosis de presentación sistémica
En Argentina, el diagnóstico diferencial debería incluir al menos dos entidades endémicas con solapamiento clínico relevante: la fiebre hemorrágica argentina (virus Junín) y la leptospirosis.
La fiebre hemorrágica argentina suele presentarse con síndrome febril sostenido, compromiso neurológico (temblor fino, ataxia, somnolencia), sangrados mucosos y marcada leucopenia, con menor predominio de edema pulmonar en las fases iniciales. En cambio, la leptospirosis se asocia con mayor frecuencia a exposición a agua contaminada, mialgias intensas (particularmente en pantorrillas), ictericia, insuficiencia renal y compromiso hepático, con menor tendencia al edema pulmonar no cardiogénico típico del síndrome cardiopulmonar por hantavirus.
El antecedente epidemiológico (exposición a ambientes con roedores o contacto con casos confirmados) es clave para orientar la sospecha diagnóstica y activar la investigación específica.
10. Prevención: foco en el ambiente y la educación sanitaria
Dado que la mayoría de los casos se adquieren por exposición ambiental a excretas de roedores, las intervenciones preventivas más eficaces siguen siendo:
- Ventilación de espacios cerrados antes de ingresar
- Limpieza y desinfección con detergentes o lavandina
- Control de roedores domiciliarios y peri-domiciliarios
- Educación sanitaria sobre los riesgos asociados a actividades rurales
Estas medidas, aunque simples, son fundamentales para reducir la incidencia, especialmente durante los meses de mayor riesgo estacional.
Las conclusiones
La hantavirosis en Argentina continúa siendo una enfermedad con elevada letalidad y amplia variabilidad clínica, cuya vigilancia y manejo requieren tanto un enfoque epidemiológico como clínico. La presencia de genotipos con transmisión entre personas, aunque infrecuente, distingue a la región y plantea desafíos para el aislamiento hospitalario y las medidas de control.
Los datos nacionales recientes evidencian una temporada 2025–2026 con letalidades que superan los promedios históricos, lo que subraya la necesidad de diagnóstico oportuno, derivación temprana y estrategias de prevención robustas.









