Puntos Clave
- La hantavirosis es una zoonosis de baja frecuencia en Argentina, pero con letalidad elevada y potencial de evolución fulminante, lo que la convierte en un evento sanitario de alto impacto aun con pocos casos.
- En 2025 se confirmaron 52 casos y 17 fallecimientos, con una letalidad del 32,7%, superior a la registrada en las dos temporadas previas, y con varias regiones ubicadas en umbral de brote respecto de sus valores históricos.
- La distribución geográfica mostró concentración en la región Centro y en el Noroeste Argentino, lo que confirma que el riesgo no se limita a zonas cordilleranas del sur, sino que incluye ambientes rurales y periurbanos de la región pampeana y del norte del país.
- Solo un pequeño grupo de especies de roedores silvestres actúa como reservorio eficiente. Estos animales cursan infección crónica sin enfermedad clínica, lo que permite la persistencia silenciosa del virus en los ecosistemas.
- En zonas endémicas, entre 5% y 15% de los roedores pueden portar el virus. Cuando esta prevalencia se combina con alta densidad poblacional y prácticas de limpieza inadecuadas en espacios cerrados, el riesgo humano aumenta de forma significativa.
- Las condiciones climáticas, la disponibilidad de alimento y los cambios ambientales influyen en los picos poblacionales de roedores y, de manera indirecta, en el riesgo de exposición humana.
- El inicio clínico es inespecífico, por lo que el interrogatorio epidemiológico dirigido es la principal herramienta para sospecha temprana.
- Dos errores clínicos aumentan la mortalidad: retrasar la sospecha y sobrecargar de líquidos en fases iniciales, lo que puede precipitar edema pulmonar e insuficiencia respiratoria.
- No existe tratamiento antiviral específico con eficacia demostrada; el manejo es de sostén, con monitoreo intensivo y derivación precoz.
- La prevención efectiva se basa en ventilación, limpieza húmeda con desinfectante y control ambiental sostenido de roedores.
Una zoonosis poco frecuente con una mortalidad elevada
La hantavirosis no figura entre los eventos más frecuentes del calendario sanitario argentino. Sin embargo, su relevancia no está dada por el volumen de casos, sino por una combinación que preocupa: cuadros clínicos potencialmente fulminantes, progresión rápida hacia compromiso respiratorio y cardiovascular, y una letalidad que se mantiene elevada incluso con acceso a cuidados intensivos.
En la temporada 2025, la letalidad del 32,7% superó claramente la observada en temporadas inmediatamente previas, que se ubicaban en torno al 22% en 2024–2025 y al 16% en 2023–2024, según datos del Boletín Epidemiológico Nacional. En términos operativos, esto significa que cada caso confirmado exige alta sospecha diagnóstica, capacidad de derivación rápida y manejo clínico extremadamente prudente, especialmente durante las primeras 48 a 72 horas de evolución.
La foto epidemiológica nacional: distribución geográfica y señal de brote
Durante el período comprendido entre las semanas epidemiológicas 27 y 53 de 2025 se confirmaron 52 casos en el país, con 17 fallecimientos (1).
En esta serie no se identificaron eventos compatibles con transmisión entre personas, lo que refuerza el patrón clásico de infección ambiental asociada al contacto con excretas de roedores infectados.
La distribución geográfica mostró un patrón que se repite con variaciones interanuales, pero en esta temporada cobró particular relevancia la región Centro:
- Provincia de Buenos Aires: 21 casos (tasa aproximada 0,11 por 100.000 habitantes).
- Provincia de Santa Fe: 7 casos (0,19 por 100.000).
- Provincia de Entre Ríos: 4 casos (0,28 por 100.000).
En el Noroeste Argentino:
- Provincia de Salta: 12 casos (0,79 por 100.000).
- Provincia de Jujuy: 3 casos (0,37 por 100.000).
Para varias jurisdicciones de la región Centro y del Noroeste, el comportamiento de los casos se ubicó durante parte del período en umbral de brote respecto de los valores históricos esperados, lo que indica que no se trató solo de notificaciones aisladas, sino de un aumento real de la incidencia en relación con el patrón basal.
Mortalidad y perfil etario: una señal que merece atención
Desde el punto de vista clínico-epidemiológico, hay tres observaciones relevantes:
- La mediana de edad de los fallecidos fue cercana a los 40 años, mayor que en temporadas previas.
- La mayor letalidad se observó en el grupo de 50 a 59 años, donde se concentró alrededor del 75% de los fallecimientos.
- El único caso diagnosticado en menores de 10 años tuvo desenlace fatal.
Estos datos refuerzan que la hantavirosis no respeta perfiles clásicos de bajo riesgo y que la evolución grave puede presentarse en personas previamente sanas y sin comorbilidades conocidas.
El último caso que volvió a poner el tema en agenda: San Andrés de Giles
El 2 de enero de 2026, el municipio de San Andrés de Giles comunicó oficialmente la confirmación por laboratorio de un caso de hantavirosis en un adolescente de zona rural, internado en unidad de terapia intensiva en el Hospital San José de Pergamino. Días después, medios nacionales informaron el fallecimiento del paciente (2).
Desde el punto de vista epidemiológico, el caso no fue excepcional en su mecanismo de adquisición, pero sí tuvo alto impacto comunicacional por tratarse de una localidad bonaerense. Esto vuelve a subrayar que el riesgo no se limita a zonas cordilleranas o boscosas del sur, sino que también está presente en ambientes rurales y periurbanos de la región pampeana.
El eslabón central: el ratón reservorio y la persistencia ambiental del virus
Para comprender por qué los casos humanos siguen apareciendo año tras año, es imprescindible incorporar la dimensión ecológica.
En Argentina existen más de 100 especies de roedores silvestres, pero solo un número reducido —se estima entre 5 y 7 especies— actúa como reservorio eficiente de los hantavirus capaces de producir enfermedad grave en humanos (6,7). Entre ellas se destacan:
- Ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus), en regiones del sur y parte del centro del país.
- Otras especies del mismo género (Oligoryzomys flavescens, Oligoryzomys chacoensis).
- Especies de los géneros Calomys, Akodon y Abrothrix, con distribución regional variable.
Estos animales no desarrollan enfermedad clínica evidente. Desde el punto de vista virológico, la infección suele ser crónica, con eliminación intermitente o persistente del virus por orina, heces y saliva durante semanas o meses. Esta característica permite que el virus se mantenga de forma endémica y silenciosa en las poblaciones silvestres, sin afectar de manera significativa la supervivencia del reservorio.
¿Cuántos ratones están infectados? prevalencia y traducción en riesgo humano
Los estudios de campo realizados en distintas regiones de Argentina y del Cono Sur muestran que la proporción de roedores infectados no es homogénea, pero se mantiene dentro de rangos relativamente consistentes.
En áreas endémicas, la seroprevalencia de hantavirus en poblaciones de roedores suele ubicarse entre el 5 y el 15%, con valores frecuentes alrededor del 8 al 12%, dependiendo de la especie, el sitio y la época del año (7,8).
Aunque estos porcentajes puedan parecer bajos en términos absolutos, desde la epidemiología ambiental se considera que cuando la prevalencia supera aproximadamente el 5–10% y existe alta densidad poblacional, el riesgo de exposición humana se vuelve clínicamente relevante, sobre todo si hay conductas que favorecen la aerosolización de excretas en espacios cerrados.
Esto explica por qué el riesgo no depende solo de la presencia de ratones, sino de la combinación entre densidad poblacional, prevalencia de infección y comportamiento humano.
Dinámica poblacional del reservorio: por qué el riesgo cambia con el clima y el ambiente
La densidad de roedores reservorio no es estática. Diversos estudios ecológicos muestran que:
- Años con mayor disponibilidad de alimento vegetal favorecen picos poblacionales.
- Inviernos relativamente benignos aumentan la supervivencia invernal.
- La presión por refugio durante meses fríos favorece el ingreso de roedores a estructuras humanas.
- Los cambios en el uso del suelo, desmontes y actividades agrícolas modifican la interacción entre fauna silvestre y viviendas.
Estos factores no siempre se traducen en aumentos inmediatos de casos humanos, pero generan condiciones de base que elevan la probabilidad de exposición, especialmente en contextos rurales y periurbanos.
Transmisión entre personas: posible, pero no dominante
En el continente americano, el virus Andes es el único con evidencia consistente de transmisión entre personas, documentada en brotes asociados a contacto estrecho y prolongado, especialmente en contextos familiares (5).
Sin embargo, incluso en regiones donde circula este virus, la transmisión interhumana no constituye el mecanismo predominante: la mayoría de los casos continúa asociándose a exposición ambiental a excretas de roedores.
En la serie argentina correspondiente a 2025 no se identificaron cadenas de transmisión entre personas, lo que refuerza la necesidad de focalizar la prevención en el ambiente y las conductas de riesgo.
La clínica que se ve en Argentina: pródromos inespecíficos y deterioro rápido
En los casos con datos clínicos disponibles, los síntomas iniciales más frecuentes fueron:
- Fiebre mayor de 38,5 grados, 94%.
- Dolores musculares, 69%.
- Dolor de cabeza, 56%.
- Dolores articulares, 52%.
- Vómitos, 38%.
En cuanto a los antecedentes epidemiológicos:
- Contacto con roedores o con sus excretas, 63%.
- Excursión a áreas rurales o silvestres, 37%.
- Residencia habitual en vivienda rural, 26%.
El desafío clínico es que los pródromos se confunden fácilmente con cuadros virales comunes. El diagnóstico temprano depende casi por completo de interrogar activamente por exposición ambiental y de no subestimar un síndrome febril con mialgias intensas cuando existe antecedente compatible.
Diagnóstico y manejo: dos errores con impacto directo en la evolución
Las recomendaciones clínicas coinciden en dos puntos críticos:
1. Retrasar la sospecha diagnóstica, lo que posterga la derivación y el monitoreo estrecho.
2. Administrar volúmenes elevados de líquidos, lo que puede agravar el edema pulmonar característico y precipitar insuficiencia respiratoria en la fase cardiopulmonar.
El tratamiento continúa siendo de sostén, con vigilancia respiratoria y hemodinámica estricta, y derivación temprana a centros con capacidad de cuidados intensivos cuando aparecen signos de progresión.
Prevención: intervenir sobre el mecanismo real de transmisión
En hantavirosis, la prevención efectiva actúa directamente sobre el eslabón ambiental:
- Ventilar siempre antes de ingresar a galpones, depósitos o viviendas cerradas.
- Para limpiar, no barrer ni aspirar en seco; primero humedecer y desinfectar utilizando la dilución recomendada de lavandina (una parte en nueve de agua) y dejar actuar antes de remover suciedad.
- Control ambiental sostenido: eliminar refugios, evitar acumulación de cartones o leña, sellar accesos a viviendas, manejo adecuado de basura y alimentos.
Desde la perspectiva de salud pública, estas medidas son tan relevantes como cualquier intervención hospitalaria, porque previenen la infección antes de que ocurra.
Las conclusiones: ¿qué nos deja este brote?
El escenario actual no se define por grandes números, sino por una combinación de concentración regional, aumento relativo de incidencia y letalidad elevada.
El caso de San Andrés de Giles volvió a instalar el tema en la agenda pública, pero para el sistema de salud el mensaje es más estructural: el riesgo persiste mientras el virus circule en poblaciones de roedores silvestres, y la prevención depende tanto de políticas ambientales como de la capacidad clínica de sospechar temprano y manejar con prudencia los primeros días del cuadro.
La vigilancia integrada entre epidemiología humana y monitoreo ambiental del reservorio debería ser parte central de las estrategias de control, especialmente en regiones con antecedentes reiterados de casos.
Referencias
- https://www.argentina.gob.ar/salud/epidemiologia/boletin-epidemiologico
- https://www.infobae.com/salud/2026/01/05/hantavirus-en-provincia-de-buenos-aires-murio-un-adolescente-de-14-anos-en-san-andres-de-giles/
- https://www.paho.org/es/temas/hantavirus
- https://www.cdc.gov/hantavirus
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/16485469/
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/18069057/
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/10603213/
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/9866733/
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/20375360/









