Puntos Clave
- La obesidad afecta a más de 1.000 millones de personas en el mundo. En Argentina, 1/3 de los adultos tiene obesidad.
- El “ruido alimentario” describe pensamientos intrusivos sobre la comida, que afectan la calidad de vida y la adherencia a tratamientos.
- La semaglutida, agonista del receptor GLP-1, ya había demostrado eficacia en reducción de peso y eventos cardiovasculares.
- El estudio INFORM, presentado en el Congreso EASD 2025, evaluó el efecto de semaglutida sobre el ruido alimentario.
- Incluyeron a 550 adultos en Estados Unidos. La edad media fue de 53 años. El 86% fueron mujeres.
- Los indicadores de ruido alimentario se redujeron en 40-50 puntos porcentuales tras ≥ 4 meses de tratamiento.
- Más del 60% de los encuestados reportó mejoría en salud mental; el 76% adoptó estilos de vida más saludables.
- Entre los posibles mecanismos: acción central sobre circuitos de apetito y recompensa, saciedad prolongada y mejoras en autoestima.
- La semaglutida ofrece un beneficio adicional relevante al reducir el “ruido alimentario”, aportando bienestar subjetivo y facilitando el cambio conductual en pacientes con obesidad.
La obesidad: un problema que crece
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 1.000 millones de personas en el mundo viven con obesidad: 650 millones de adultos, 340 millones de adolescentes y 39 millones de niños. En los últimos 40 años, la prevalencia casi se triplicó.
En Estados Unidos, más del 42% de los adultos tiene obesidad, y se proyecta que esta cifra podría superar el 50% en la próxima década.
En Argentina, los datos de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR 2018) mostraron que el 61.6% de los adultos tiene exceso de peso, con un 32.4% en rango de obesidad, lo que refleja un incremento sostenido en comparación con encuestas previas.
El impacto clínico es enorme:
- La obesidad se asocia con un riesgo 7 veces mayor de diabetes tipo 2.
- Aumenta en un 60% la probabilidad de tener hipertensión arterial.
- Se vincula a más de 13 tipos de cáncer.
- Genera una reducción en la expectativa de vida de entre 5 y 20 años, según la gravedad y la presencia de comorbilidades.
Pero también hay un costo invisible: la carga psicológica y social. El estigma, la depresión, la ansiedad y la insatisfacción corporal son tan dañinos como las complicaciones físicas.
El “ruido alimentario”: un síntoma oculto
Hasta el 50% de los pacientes con obesidad no pueden dejar de pensar en la comida.
En este contexto surge un concepto que permite entender mejor la experiencia de quienes viven con obesidad: el “ruido alimentario” (“food noise”).
Se define como la presencia constante de pensamientos intrusivos relacionados con la comida, que pueden incluir:
- Pensar obsesivamente en qué y cuándo comer.
- Dificultad para concentrarse por la intrusión de pensamientos sobre alimentos.
- Anticipación ansiosa de comidas, incluso sin hambre real.
- Culpa o malestar emocional por comer o pensar en comida.
Este ruido mental no solo interfiere con la productividad y las relaciones sociales, sino que también constituye una barrera para sostener planes alimentarios o cambios de hábitos.
Los pacientes refieren que muchas veces sienten que “la comida los persigue”, generando una lucha constante que desgasta emocionalmente.
Semaglutida: más allá del control del peso
La semaglutida es un agonista del receptor de GLP-1, hormona intestinal que regula la saciedad y la secreción de insulina. Su mecanismo de acción combina:
- Efecto central. Actúa en el hipotálamo y otras áreas del cerebro reduciendo el apetito y modulando los circuitos de recompensa.
- Efecto periférico. Enlentece el vaciamiento gástrico, aumentando la sensación de plenitud.
- Efecto metabólico. Mejora el control glucémico y la sensibilidad a la insulina.
En los estudios clínicos STEP, semaglutida demostró reducciones de hasta un 15% del peso corporal inicial a 68 semanas, muy por encima de cualquier fármaco aprobado previamente.
Además, el ensayo SELECT evidenció una reducción del 20% en eventos cardiovasculares mayores en personas con obesidad y enfermedad cardiovascular establecida.
El nuevo estudio INFORM va un paso más allá, mostrando que semaglutida no solo cambia el peso y los parámetros metabólicos, sino también la experiencia subjetiva del paciente frente a la comida.
Estudio INFORM: reduciendo el ruido alimentario
Un grupo de investigadores de Dinamarca y Estados Unidos llevó adelante una encuesta transversal en línea.
Incluyeron a 550 adultos en Estados Unidos tratados con semaglutida para manejo del peso (Wegovy®).
La edad media de los pacientes fue de 53 años; el 86% mujeres; la mayoría con peso inicial ≥ 92 kg.
El 81% llevaba ≥ 4 meses de tratamiento con semaglutida 2.4 mg semanales.
La herramienta usada fue el Food Noise Questionnaire, con 22 ítems validados.
El objetivo fue comparar la frecuencia e intensidad del ruido alimentario antes y durante el tratamiento.
Los resultados: ¿qué encontraron en este estudio?
Hubo una reducción significativa del ruido alimentario: los pensamientos constantes sobre la comida todo el día tuvieron una reducción del 62% de los pacientes, al 16% de estos.
El pasar demasiado tiempo pensando en comida paso de estar presente en el 63% de los pacientes, a estarlo en el 15% de estos.
Los pensamientos incontrolables sobre la comida, que estaban presentes en el 53% de los pacientes, persistieron solo en el 15% de estos.
El impacto negativo en la vida cotidiana de estos pasó del 60% de la población al 20%.
Las interferencias en actividades diarias de los alimentos, que estaban presentes en el 47% de los pacientes, pasaron a estarlo en el 15%.
Estas reducciones de entre 40 y 50 puntos porcentuales sugieren un beneficio subjetivo muy relevante para los pacientes.
El tratamiento tuvo beneficios en la salud mental y los hábitos, el impacto no se limitó al ruido alimentario:
- El 64% reportó mejoría en su salud mental global.
- El 76% afirmó haber adoptado un estilo de vida más saludable.
- El 80% refirió incorporación de hábitos más sanos.
- El 83% expresó satisfacción con el tratamiento.
Esto sugiere que semaglutida podría tener un rol como facilitador del cambio conductual, aliviando la carga psicológica que dificulta la adherencia.
Los posibles mecanismos del efecto sobre el ruido alimentario
Existen distintas teorías para tratar de explicar estos efectos:
1. Acción directa en el sistema nervioso central: el GLP-1 actúa en áreas del cerebro relacionadas con el control del apetito y la recompensa (hipotálamo, corteza prefrontal, núcleo accumbens).
2. Reducción de la hiperactividad dopaminérgica ligada a la comida: podría disminuir la saliencia de los estímulos alimentarios.
3. Mejoras en la saciedad: al enlentecer el vaciamiento gástrico y potenciar la plenitud, reduce la urgencia por comer.
4. Efectos indirectos: la pérdida de peso y la mejora en la autoestima pueden disminuir la ansiedad y, con ella, los pensamientos intrusivos.
¿Cuáles podrían ser las implicancias clínicas de esto?
El considerar y tratar el ruido alimentario podría implicar un cambio de paradigma: la obesidad no se trata solo de calorías y kilos, sino también de experiencias mentales que limitan la calidad de vida.
Al reducir el ruido alimentario, los pacientes pueden sostener más fácilmente dietas y cambios conductuales.
Vemos acá como los beneficios de semaglutida incluyen la salud mental, aspecto frecuentemente subestimado.
Explicar este potencial efecto puede mejorar la motivación y la percepción positiva del tratamiento.
Las conclusiones: ¿qué nos deja este estudio?
El estudio INFORM aporta evidencia real-world de que la semaglutida puede reducir de manera significativa el ruido alimentario en pacientes con obesidad. Esto representa un beneficio adicional, con potencial impacto en la adherencia, el bienestar mental y la calidad de vida.
Si bien los resultados deben interpretarse con cautela, abren una nueva dimensión en el abordaje de la obesidad: los tratamientos no deben evaluarse solo por el peso perdido o los eventos prevenidos, sino también por su capacidad de transformar la relación del paciente con la comida.









