Puntos Clave
- El colapso del ejército napoleónico en 1812 no puede explicarse únicamente por el frío extremo, según hallazgos de una investigación recientemente publicada en Biorxiv, un sitio de prepublicación.
- El análisis de ADN conservado en dientes permitió identificar infecciones sistémicas activas en los soldados fallecidos. Esto tira por el suelo de que a Napoleón y sus ejércitos los derroto el “General invierno”.
- En 4 de 13 individuos se detectó Salmonella Paratyphi C, el agente infeccioso responsable de la fiebre paratifoidea.
- La fiebre paratifoidea es una infección transmitida por el agua y los alimentos contaminados. Esta es particularmente letal en contextos de desnutrición, una condición frecuente en las tropas del frente de esa época.
- También se identificó Borrelia recurrentis, el agente de la fiebre recurrente epidémica transmitida por el piojo corporal.
- Estos hallazgos explican de forma plausible los relatos históricos de fiebres altas que cedían y reaparecían.
- No se encontró evidencia genética concluyente de tifus epidémico en esta cohorte.
- La ausencia de ciertos patógenos obliga a abandonar explicaciones simplificadas y monocausales.
- Parece ser que las infecciones, el hambre, el agotamiento y el estrés térmico actuaron de manera sinérgica para diezmar a los ejércitos franceses.
- El estudio muestra el valor del ADN antiguo para reconstruir la historia de las enfermedades humanas.
- Este trata de un trabajo en etapa de prepublicación, pendiente de revisión por pares, no obstante, parece ser plausible que esta haya sido una de las causas que llevo a la caída de Napoleón en el frente ruso.
Un interrogante histórico que sigue abierto
La campaña rusa de 1812 marcó el inicio del derrumbe del proyecto imperial napoleónico. De los aproximadamente 600.000 soldados que integraron la Grande Armée, solo una fracción logró regresar.
Durante más de 200 años, la explicación dominante del desastre se apoyó casi exclusivamente en el invierno extremo, el hambre y el agotamiento físico: es así que algunos historiadores le atribuyeron la derrota napoleónica al “General Invierno”.
Sin embargo, los relatos contemporáneos describen algo más que frío: fiebres persistentes, diarreas prolongadas, recaídas febriles y un deterioro progresivo del estado general. Síntomas que hoy cualquier clínico reconoce, pero que durante décadas quedaron diluidos en una narrativa épica de derrota militar.
Desde principios del siglo XX se postuló que el tifus epidémico había sido el principal responsable infeccioso. Esa hipótesis, razonable para la época, se sostuvo sobre analogías históricas y observaciones indirectas, pero sin evidencia microbiológica directa.
La pregunta, en rigor, seguía abierta: ¿qué infecciones estaban realmente circulando entre los soldados que murieron durante la retirada?
Mirar 2 siglos atrás con herramientas del presente
El aporte central de este estudio es metodológico y conceptual. Los autores recurrieron al análisis de ADN antiguo, una estrategia que permite rastrear fragmentos de material genético que pueden persistir durante siglos cuando quedan protegidos en determinados tejidos.
La pulpa dental es uno de esos reservorios privilegiados. Durante la vida, está ricamente vascularizada; tras la muerte, queda aislada del ambiente. En ese espacio microscópico pueden quedar atrapados fragmentos del ADN de bacterias que circularon por el torrente sanguíneo en los días o semanas previos al fallecimiento.
A partir de 13 dientes humanos recuperados de una fosa común en Vilna (actual Vilnius, Lituania), un grupo de investigadores secuenció todo el material genético presente, sin buscar un patógeno en particular.
Luego, compararon esos fragmentos con bases de datos modernas y evaluaron si presentaban las características típicas del ADN antiguo, lo que permite distinguir señales auténticas de contaminación posterior.
Este enfoque permitió, por primera vez, identificar infecciones reales en individuos históricos concretos, y no solo inferirlas a partir de crónicas o descripciones clínicas indirectas.
¿Qué infecciones aparecen en los soldados napoleónicos?
Dos parecen ser las infecciones que dominaron en estos eventos históricos catastróficos:
# Fiebre paratifoidea: una infección entérica en el centro del desastre
En 4 de los 13 individuos analizados, se detectó ADN de Salmonella enterica subespecie enterica, serovar Paratyphi C, el agente causal de la fiebre paratifoidea.
Se trata de una infección sistémica transmitida por el agua o los alimentos contaminados, caracterizada por fiebre prolongada, compromiso gastrointestinal, deshidratación y una mortalidad elevada en contextos de desnutrición.
En el escenario de la retirada napoleónica, con cadenas de suministro rotas, alimentos en mal estado y acceso precario al agua, su impacto potencial resulta evidente.
Un dato no menor es que Paratyphi C era mucho más frecuente en Europa en el siglo XIX que en la actualidad, lo que refuerza la plausibilidad epidemiológica del hallazgo.
Las descripciones históricas de diarrea persistente, debilidad extrema y colapso progresivo encajan de manera notable con este diagnóstico.
# Fiebre recurrente: el rol silencioso del piojo corporal
El segundo hallazgo relevante fue la identificación de Borrelia recurrentis en al menos uno de los individuos, con señales compatibles en un segundo caso.
B. recurrentis es el agente causal de la fiebre recurrente epidémica, una enfermedad transmitida por el piojo corporal, típica de escenarios de guerra, hacinamiento y pobreza extrema.
Clínicamente se caracteriza por episodios repetidos de fiebre alta, escalofríos intensos, cefalea y postración marcada.
Las condiciones de la retirada, es decir, ropa infestada, imposibilidad de higiene, soldados debilitados y hacinados, constituyen un escenario casi paradigmático para este tipo de transmisión.
La detección de este patógeno aporta una explicación biológicamente sólida a los relatos de fiebres que cedían y reaparecían en ciclos, un patrón clínico característico de esta infección.
Lo que no aparece también importa
Un aspecto central del trabajo es la ausencia de evidencia genética concluyente de otros patógenos históricamente señalados como protagonistas del desastre:
- Rickettsia prowazekii, agente del tifus epidémico.
- Bartonella quintana, asociada a la fiebre de las trincheras.
Esto no permite descartar completamente su circulación, ya que la preservación del ADN no es uniforme, pero sí cuestiona la idea de que el tifus haya sido el único o principal responsable infeccioso en esta cohorte.
El hallazgo obliga a matizar una explicación simplificada que dominó durante décadas la historiografía médica.
Más que frío: una catástrofe sanitaria compleja
Leído desde la medicina actual, el colapso del ejército napoleónico se asemeja más a una crisis humanitaria de gran escala que a una derrota exclusivamente militar o climática.
Infecciones sistémicas, desnutrición severa, estrés térmico, agotamiento físico y ausencia de cuidados básicos actuaron de manera simultánea y sinérgica.
Las infecciones identificadas no explican por sí solas la magnitud del desastre, pero ayudan a comprender como enfermedades prevenibles en contextos sanitarios estables pueden transformarse en causas masivas de mortalidad cuando colapsan las condiciones de vida.
Las conclusiones: ¿qué nos deja este estudio?
Este trabajo aporta evidencia directa de que infecciones bacterianas graves estuvieron presentes entre los soldados que murieron durante la retirada de Rusia en 1812.
Sus hallazgos refuerzan una lectura multicausal del evento y muestran cómo las herramientas actuales permiten revisar episodios históricos desde una perspectiva sanitaria basada en evidencia.
El estudio fue difundido como prepublicación, por lo que sus conclusiones deberán confirmarse en series más amplias y tras revisión por pares. Aun así, los resultados son coherentes desde el punto de vista clínico, epidemiológico e histórico.









