Puntos Clave
- El bullying se define por intencionalidad, repetición y desequilibrio de poder, y debe diferenciarse de conflictos ocasionales.
- Un estudio recientemente publicado en una revista de psiquiatría, basado en una población de adolescentes europeos, analizó este fenómeno, centrándose en sus consecuencias.
- Más del 50% de los adolescentes que consultan en salud mental en muestras europeas refieren haber sufrido acoso escolar.
- Entre el 57 y el 78% de los adolescentes acosados presentan síntomas clínicamente relevantes de estrés postraumático (PTSS, por sus siglas en inglés).
- El bullying es un predictor independiente de PTSS, incluso al controlar otros eventos traumáticos.
- Las formas de acoso con amenaza explícita generan mayor impacto traumático.
- En Argentina, entre el 30 y 40% de los adolescentes refieren haber sufrido bullying, con aumento del ciberbullying en los últimos años.
- Explorar activamente el bullying debería formar parte de la evaluación clínica rutinaria en adolescentes.
De un problema escolar, a un problema clínico
Durante décadas, el bullying fue conceptualizado casi exclusivamente como un fenómeno educativo o social, abordado desde la escuela, la familia o las políticas de convivencia. Esta mirada, aunque necesaria, resultó insuficiente para comprender el impacto real que el acoso puede tener sobre la salud mental.
En la práctica clínica cotidiana, muchos adolescentes no consultan “por bullying”: lo hacen por ataques de pánico, conductas evitativas, irritabilidad persistente, síntomas depresivos, autolesiones o quejas somáticas recurrentes.
Recién cuando se indaga con tiempo y cuidado aparece el dato: meses y a veces años de hostigamiento repetido, vivido en soledad y con sensación de imposibilidad de escape.
Este desfasaje entre la magnitud del fenómeno y su reconocimiento clínico es el punto de partida del estudio que analizamos.
¿Qué es bullying y por qué no es un conflicto más?
Desde una perspectiva conceptual y clínica, el bullying se define por 3 características centrales:
1. Intencionalidad: el daño no es accidental.
2. Repetición en el tiempo: no se trata de un episodio aislado.
3. Desequilibrio de poder: real o percibido, que deja a la víctima en una posición de indefensión.
Esta tríada es clave para diferenciar el bullying de los conflictos habituales entre pares. En el bullying, el adolescente acosado suele sentir que no puede defenderse, que el hostigamiento es imprevisible y que no existe un adulto que pueda o quiera intervenir de manera eficaz.
El acoso puede adoptar múltiples formas: físico, verbal, relacional o digital.
El ciberbullying, en particular, agrega una dimensión cualitativa distinta: la agresión no se limita al espacio escolar ni al horario de clases, sino que puede continuar las 24 horas, amplificada por redes sociales y mensajería, con un público potencialmente ilimitado.
Desde el punto de vista psicológico, muchos de estos elementos se superponen con los criterios que definen una experiencia traumática.
El bullying como experiencia traumática
El estrés postraumático no se define solo por la magnitud objetiva del evento, sino por la vivencia subjetiva de amenaza, miedo e indefensión. En este sentido, el bullying crónico puede convertirse en una forma de trauma relacional.
La repetición sostenida, la anticipación del daño, la humillación pública y la sensación de no tener salida configuran un escenario que, en algunos adolescentes, desencadena síntomas clásicos de estrés postraumático: hipervigilancia, evitación, reexperimentación, alteraciones del sueño y cambios negativos persistentes en el estado de ánimo.
Un estudio publicado en el European Journal of Psychotraumatology parte de esta hipótesis y la pone a prueba con datos clínicos comparables entre países.
¿Cómo se estudió el problema?
Los autores analizaron muestras clínicas de adolescentes derivados a servicios de salud mental en Noruega, Países Bajos y Alemania, un punto clave: no se trata de encuestas escolares generales, sino de adolescentes que ya se encontraban en contacto con el sistema de salud.
En total se incluyeron:
- 3.370 adolescentes en Noruega (edad media 14 años).
- 952 en los Países Bajos (edad media 15.6 años).
- 707 en Alemania (edad media 13.3 años).
La evaluación se realizó mediante el Child and Adolescent Trauma Screen (CATS-2), una herramienta validada que permite relevar tanto experiencias de bullying como otros eventos potencialmente traumáticos y cuantificar la gravedad de los síntomas de estrés postraumático (PTSS).
Un dato que incomoda: la frecuencia del bullying en muestras clínicas
Uno de los primeros resultados que impacta es la altísima prevalencia de bullying en adolescentes que consultan en salud mental:
- Más del 50% de los adolescentes en los 3 países reportó haber sufrido bullying tradicional.
- En la muestra alemana, el 17% refirió haber sufrido ciberbullying.
Dicho de otro modo: en el consultorio de salud mental adolescente, el bullying no es la excepción, sino la norma.
Este dato obliga a repensar el lugar que le damos a esta variable en la anamnesis clínica.
Cuando el bullying se traduce en síntomas traumáticos
El hallazgo central del estudio es la asociación robusta entre bullying y síntomas de estrés postraumático.
Entre los adolescentes que habían sufrido acoso:
- Entre el 57 y el 73% de los adolescentes presentaban niveles clínicamente elevados de PTSS.
- En el caso del ciberbullying, este porcentaje superaba el 78%.
Estas cifras son difíciles de ignorar. No se trata de asociaciones débiles ni marginales: la mayoría de los adolescentes acosados que llegan a consulta presentan síntomas compatibles con trauma clínicamente significativo.
Además, las correlaciones entre bullying y gravedad de PTSS fueron consistentes y de magnitud moderada, reforzando la relevancia clínica del fenómeno.
El bullying como un predictor independiente del trauma
Un aspecto clave del análisis fue determinar si el bullying seguía siendo relevante al controlar por otros factores: los modelos ajustaron por edad, género y exposición a otros eventos potencialmente traumáticos.
Aun así, el bullying explicó entre el 3.8 y el 22.9% de la varianza de los síntomas de estrés postraumático, según la muestra analizada. Esto significa que el acoso escolar no es solo un marcador de vulnerabilidad, sino un factor de riesgo independiente para el desarrollo de síntomas traumáticos.
No todo bullying impacta igual
El estudio también muestra algo que los clínicos reconocen intuitivamente: no todo bullying es igual.
Las formas de acoso que incluyen amenazas explícitas, miedo intenso o daño físico se asociaron con mayor carga traumática.
Este hallazgo ayuda a comprender por qué algunos adolescentes desarrollan cuadros severos y otros no, aun estando expuestos a situaciones que, desde afuera, podrían parecer similares.
La situación en Argentina: un problema visible, pero subestimado
En Argentina, los datos disponibles provienen principalmente de encuestas escolares y estudios poblacionales. Según relevamientos del Ministerio de Educación y de UNICEF Argentina, entre el 30 y el 40% de los adolescentes refieren haber sufrido algún tipo de acoso escolar, y entre el 10 y el 15% describen situaciones de acoso reiterado.
El ciberbullying muestra una tendencia creciente, en paralelo con el aumento del uso de redes sociales desde edades cada vez más tempranas.
Desde el sistema de salud, muchos equipos clínicos describen un patrón similar al observado en Europa: adolescentes que consultan por síntomas emocionales o somáticos, en los que el bullying aparece como antecedente central solo cuando se interroga de manera específica.
Implicancias para la práctica médica
Para el médico que atiende adolescentes, este trabajo deja un mensaje claro: no preguntar por bullying es perder una pieza central del rompecabezas clínico.
Indagar de manera sistemática, respetuosa y no minimizante permite:
- Comprender mejor el origen de síntomas ansiosos, depresivos o traumáticos.
- Evitar diagnósticos fragmentados o parciales.
- Orientar intervenciones terapéuticas más adecuadas y oportunas.
Reconocer al bullying como posible experiencia traumática no implica patologizar la adolescencia, sino escuchar con más precisión lo que el paciente está viviendo.
Las conclusiones: ¿qué nos deja este estudio?
El acoso escolar no es solo un problema educativo ni una “etapa que pasa”. Para una proporción significativa de adolescentes, el bullying constituye una experiencia traumática con impacto clínico medible.
Integrar esta evidencia en la práctica médica cotidiana es un paso necesario para no subestimar un problema frecuente, silencioso y con consecuencias profundas.
Referencias
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41399328/
- https://www.unicef.org/argentina/media/25366/file/SITAN%20-%20Resumen%20Ejecutivo.pdf
- https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/informe_nacional_indicadores_
educativos_2021_2_1.pdf - https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/2023/10/abordaje_integral_de_
las_violencias_por_motivos_de_genero_2023.pdf - https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000378398









