Toda la actualidad de la medicina en español. Escrita y revisada por médicos.

Coqueluche: la vieja tos que nunca se fue

La coqueluche acompaña a la humanidad desde tiempos remotos. Nunca desaparece del todo, vuelve en oleadas, se esconde en adultos con tos leve y golpea con fuerza a los bebés. En plena era de vacunas, siguen habiendo brotes en distintos países, y Argentina no es la excepción. Resumimos la situación en nuestro país a partir del Boletín Epidemiológico Nacional.

Puntos Clave

  • La coqueluche tiene registros desde el siglo XVI y un impacto sostenido en la salud infantil.
  • La fisiopatogenia explica la severidad en bebés: la bacteria se adhiere firmemente al epitelio, y sus toxinas que dañan los cilios.
  • La inmunidad natural y la aportada por las vacunas disminuyen con el paso del tiempo, algo que permite las reinfecciones y la transmisión a través de los adultos.
  • En Argentina, los casos aumentaron en 2024-2025, en paralelo a la disminución de las coberturas de las vacunas. En el último año, hubo 3.989 casos sospechosos y 456 confirmados, principalmente en lactantes pequeños.
  • La PCR es hoy el método diagnóstico preferido; el cuadro clínico puede ser atípico en lactantes, por lo cual, la sospecha clínica es fundamental.
  • La vacunación de embarazadas es una medida crítica para prevenir muertes infantiles: la población más afectada son los lactantes de menos de 6 meses, una población que depende 100% de los anticuerpos transferidos por su madre.
  • La historia demuestra que la coqueluche resurge cuando la vigilancia y la vacunación se relajan.

Una larga historia: de los tratados renacentistas a la bacteriología moderna

Los relatos más antiguos describen síntomas que hoy resultan inconfundibles: accesos de tos repetitivos, vómitos pos-tusivos y una inhalación ruidosa que llenaba de espanto a las familias. En 1578, en un brote en París, Guillaume de Baillou dejó una descripción tan precisa que cualquier clínico actual reconocería la escena.

Durante siglos, sin antibióticos ni vacunas, la coqueluche fue una causa importante de mortalidad infantil, con epidemias que se repetían cada 3 o 4 años como un péndulo cruel.

Ese paisaje comenzó a cambiar recién en 1906, cuando Jules Bordet y Octave Gengou aislaron el microorganismo y demostraron que no se trataba de un “mal aire” ni de una congestión infantil, sino de una bacteria Gram negativa capaz de adherirse al epitelio respiratorio y producir toxinas potentes. Con ese hallazgo, nació la posibilidad de diseñar vacunas.

En los años 30 y 40 del siglo XX, la inmunización masiva empezó a disminuir drásticamente la mortalidad. Sin embargo, a pesar de ese logro gigantesco, la enfermedad nunca fue erradicada.

Como un eco histórico, en pleno siglo XXI seguimos viendo ciclos epidémicos: las curvas actuales se parecen, más de lo que nos gustaría, a las de hace 100 años, aunque hoy entendemos mucho mejor por qué.

La fisiopatogenia: una bacteria pequeña con un repertorio molecular sofisticado

Bordetella pertussis es un organismo especializado: no invade tejidos profundos ni genera bacteriemia.

Su poder reside en su capacidad de adherirse firmemente al epitelio respiratorio y en sus toxinas, que alteran la función ciliar y paralizan la primera línea de defensa del huésped.

Las adhesinas (como la hemaglutinina filamentosa y las pertactinas) actúan como “ganchos” que fijan la bacteria en la superficie bronquial. Una vez allí, la toxina pertussis modula señales intracelulares y altera la inmunidad innata, haciendo que la bacteria se multiplique sin demasiado ruido inflamatorio inicial.

La toxina traqueal, por su parte, daña el epitelio ciliado, lo que explica la tos paroxística y la duración prolongada del cuadro, que puede persistir aun cuando la bacteria ya ha sido eliminada.

El resultado es una infección localizada, pero con una capacidad enorme de producir síntomas severos en lactantes, que no tienen reservas fisiológicas para tolerar apneas prolongadas ni accesos que comprometen la ventilación.

La enfermedad en el siglo XXI: por qué sigue circulando

Los médicos suelen preguntarse por qué una infección que tiene vacuna desde hace casi un siglo sigue apareciendo. Las razones son varias y se potencian entre sí.

Primero, la inmunidad no es permanente. Tanto la natural como la conferida por las vacunas (especialmente las acelulares) disminuyen con los años. Esto convierte a adolescentes y adultos en reservorios silenciosos que, sin saberlo, llevan la bacteria a sus hogares, jardines maternales y salas de neonatología.

Segundo, la propia bacteria ha cambiado. Variaciones genéticas en algunas proteínas de superficie generan desafíos para la respuesta inmune. No es un fenómeno explosivo como el de la influenza, pero sí suficiente para afectar la duración de la protección.

Tercero, la caída de coberturas vacunales es un factor determinante. En Argentina, las coberturas de los refuerzos escolares, especialmente el de los 5-6 años, muestran altibajos. Y durante la pandemia se profundizó el déficit en los controles pediátricos.

Estos 3 elementos (inmunidad incompleta, evolución bacteriana y brechas en la vacunación) explican por qué la coqueluche sigue encontrando grietas para resurgir.

La situación internacional: la coqueluche en el mundo

A pesar de casi un siglo de vacunas, Bordetella pertussis sigue siendo una enfermedad endémica global.

La Organización Mundial de la Salud estima millones de casos anuales en menores de 5 años, con mortalidad concentrada en lactantes.

América Latina registró una caída sostenida de las coberturas de DTP3 (la tercera dosis), que pasó de alrededor del 93% en 2012 a cerca del 75% en 2021.

Europa y Norteamérica también han tenido resurgimientos en los últimos años, con ciclos epidémicos cada 3-5 años.

Durante la pandemia los casos bajaron, pero desde 2022-2023 la curva global volvió a ascender.

Uno de los motivos es que la circulación depende de la brecha de personas no protegidas: países con coberturas altas mantienen incidencia baja, pero cuando las coberturas caen, incluso en sistemas robustos, la coqueluche reaparece.

Pertussis y Parapertussis: ¿cuál es la proporción?

Aunque la enfermedad clásica está causada por Bordetella pertussis, existe también Bordetella parapertussis, que produce un cuadro similar, pero a menudo más leve.

Los estudios internacionales reportan que:

  • La proporción de B. parapertussis puede variar entre 1 y 35% de los casos detectados según vigilancia, país y método diagnóstico.
  • En estudios clínicos donde se investiga activamente a los pacientes con tos paroxística, B. parapertussis puede representar 10-30% de los casos.

Sin embargo, los cuadros más severos y las internaciones en lactantes están netamente dominados por B. pertussis.

Para la práctica clínica: lo que importa es que parapertussis existe, circula y puede generar epidemias menores, pero el peso en lactantes lo lleva pertussis.

El diagnóstico: entre la clínica clásica y las herramientas modernas

Aunque los médicos experimentados reconocen esta enfermedad casi sin dudar, la confirmación hoy se apoya en métodos más específicos.

La PCR de secreciones nasofaríngeas es el estándar actual: rápida, sensible y capaz de detectar Bordetella en fases tempranas.

El cultivo, si bien histórico, es menos sensible y más lento.

La serología tiene su lugar, pero sobre todo en etapas tardías o para estudios poblacionales.

En lactantes pequeños, el diagnóstico clínico es más difícil: muchas veces no presentan la tos típica y debutan con apneas, cianosis o episodios de desaturación. Para ellos, la sospecha precoz es clave.

La situación en Argentina: cuando los números cuentan una historia que ya conocemos

El Boletín Epidemiológico Nacional reflejó en su edición 782 un aumento sostenido de casos en 2025.

Hasta la semana epidemiológica 44, se registraron:

  • 3.989 casos sospechosos
  • 456 confirmados, con predominio en lactantes pequeños

Muchas provincias describen un escenario similar: niños menores de 6 meses que llegan a la guardia con accesos de tos, episodios de apnea o dificultad para alimentarse.

Este patrón no sorprende: es el grupo etario que depende casi por completo de la vacunación materna para su protección.

Y la epidemiología local muestra lo mismo desde hace años: cada vez que baja la vacunación en embarazadas, aumentan los brotes.

La cobertura de vacunación en Argentina: los números oficiales

Según el Ministerio de Salud de la Nación:

  • La cobertura oficial de dTpa en gestantes (vacunación en el embarazo) fue de 62.17% en el informe nacional 2023.
  • La cobertura nacional de DTP1 (primera dosis infantil) alcanzó casi al 90% en 2022.
  • La cobertura de DTP3 (tercera dosis infantil) fue de cerca del 83% en 2022.

Todas estas cifras están por debajo del ideal (> 90% para control óptimo detransmisión).

Para una enfermedad altamente contagiosa, estas brechas dejan espacio para que los brotes vuelvan.

¿Quiénes deben recibir la vacuna en Argentina?

El Calendario Nacional establece:

1. Embarazadas.

Una dosis de dTpa en cada embarazo, a partir de la semana 20. Esta es la medida más importante para prevenir muertes infantiles.

2. Niños.

Esquema primario a los 2, 4 y 6 meses, como parte de vacunas combinadas.

Refuerzo en el primer año / 15-18 meses.

3. Adolescentes.

Refuerzo con triple bacteriana acelular a los 11 años.

4. Adultos y personal de salud.

Se recomienda revisar esquema y mantener refuerzos en adultos, especialmente quienes tienen contacto con lactantes.

Estas recomendaciones oficiales son centrales porque los lactantes menores de 6 meses dependen casi totalmente de la inmunidad materna y del entorno inmediato.

La vacuna: una herramienta poderosa que necesita continuidad

La vacunación durante el embarazo garantiza la transferencia transplacentaria de anticuerpos, protegiendo al recién nacido hasta que inicia su propio esquema.

Los refuerzos en edad escolar y adolescencia son igualmente importantes para cortar la transmisión.

Y como siempre, el acceso universal es fundamental: la vacuna funciona, pero solo si llega a todos.

Las conclusiones: ¿qué nos deja esta historia que no termina?

La coqueluche no es un enemigo nuevo ni misterioso.

Es una bacteria estudiada, conocida, enfrentada desde hace más de un siglo. Sin embargo, su persistencia nos recuerda que las enfermedades infecciosas no desaparecen solo por tener una vacuna: necesitan estrategias continuas, coberturas altas y vigilancia sostenida.

Para los médicos en Argentina, la lección es clara:

  • No debemos subestimar a la coqueluche.
  • Tenemos que pensarla nuevamente en lactantes con apneas o tos paroxística.
  • Tenemos que revisar esquemas vacunales en cada consulta.
  • Tenemos que fomentar y reforzar la vacunación en el embarazo.

La historia lo demuestra una y otra vez: cuando la cobertura vacunal se debilita, la coqueluche vuelve a ocupar titulares.

Etiquetas

Disclaimer

  • No ofrecemos productos ni tratamientos.
  • Todo el contenido tiene fines informativos.
  • La información NO reemplaza la consulta médica profesional.

Compartí esta Nota