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Cigarrillos electrónicos para dejar de fumar: ¿qué dicen las nuevas recomendaciones?

Los cigarrillos electrónicos con nicotina exponen a menos sustancias tóxicas que el tabaco combustible y pueden aumentar las probabilidades de abandonar el cigarrillo. Sin embargo, no son inocuos ni constituyen un tratamiento aprobado como medicamento. Una nueva recomendación publicada en JAMA propone incorporarlos a la conversación clínica mediante decisiones compartidas, especialmente cuando los tratamientos convencionales no son aceptados o no han funcionado (1). Lo resumimos en INFOMED.

Puntos Clave

  • La recomendación no es una aprobación terapéutica. El documento fue elaborado por un grupo de trabajo de especialistas y propone incorporar los cigarrillos electrónicos a la conversación clínica.
  • No los presenta como medicamentos aprobados ni como una opción obligatoria o universalmente superior.
  • Los dispositivos con nicotina pueden aumentar la cesación. Frente a la terapia de reemplazo de nicotina, la evidencia muestra una mayor probabilidad de abstinencia sostenida.
  • La diferencia absoluta es moderada: alrededor de 3 personas adicionales dejan de fumar por cada 100 que utilizan cigarrillos electrónicos.
  • El riesgo es menor que con el tabaco combustible, pero no desaparece. Al evitar la combustión disminuye considerablemente la exposición a muchas sustancias tóxicas.
  • El aerosol contiene nicotina y otros compuestos potencialmente dañinos, y persisten incertidumbres sobre sus efectos durante décadas.
  • El beneficio requiere abandonar completamente el cigarrillo. Vapear y continuar fumando puede reducir poco la exposición y perpetuar la dependencia.
  • La decisión debe ser compartida. El médico tiene que explorar los objetivos del paciente, sus tratamientos previos, sus preferencias y sus percepciones sobre el riesgo.
  • No deben recomendarse a quienes no fuman. El documento no se aplica a adolescentes, menores de 21 años, personas que nunca fumaron ni individuos que no consumen tabaco.
  • La regulación argentina cambió en 2026. La derogación de la prohibición previa abrió un nuevo régimen de registro y fiscalización, pero no equivale a una aprobación como medicamentos para dejar de fumar.

Un debate que llega al consultorio

El consumo de tabaco continúa siendo una de las principales causas prevenibles de enfermedad y muerte.

En los Estados Unidos, el 68 % de los adultos que fumaban en 2022 quería abandonar el cigarrillo y más de la mitad lo había intentado durante el último año, pero menos del 10 % consiguió dejarlo (1).

En este contexto, un grupo de trabajo de la Society for Research on Nicotine and Tobacco publicó en JAMA una serie de recomendaciones dirigidas a médicos estadounidenses sobre cómo abordar el uso de cigarrillos electrónicos con nicotina para dejar de fumar.

No se trata de una guía oficial de una agencia sanitaria ni de una aprobación de estos dispositivos como medicamentos. Es un documento de posición elaborado por 24 especialistas en dependencia del tabaco, cigarrillos electrónicos, epidemiología, salud pública, equidad sanitaria y participación comunitaria.

Su recomendación central es sencilla, aunque potencialmente controvertida: los cigarrillos electrónicos deberían formar parte de la conversación sobre las distintas alternativas disponibles para abandonar el cigarrillo.

La propuesta está dirigida exclusivamente a adultos que fuman.

No se aplica a menores de 21 años, personas que nunca fumaron ni individuos que no consumen productos de tabaco o nicotina.

¿Ayudan realmente a dejar de fumar?

La combustión es la principal responsable de las enfermedades relacionadas con el tabaquismo.

Al quemarse, el cigarrillo libera miles de compuestos químicos, entre ellos sustancias carcinógenas y tóxicas para el sistema cardiovascular y respiratorio.

Los cigarrillos electrónicos no queman tabaco. Calientan un líquido que suele contener nicotina, propilenglicol, glicerina vegetal y saborizantes, y producen un aerosol que el usuario inhala.

La ausencia de combustión reduce sustancialmente la exposición a muchas sustancias tóxicas, aunque no la elimina.

La evidencia acumulada indica que los dispositivos con nicotina pueden aumentar la probabilidad de abandonar el cigarrillo.

La revisión Cochrane citada por los autores encontró que, frente a la terapia de reemplazo de nicotina —parches, chicles o comprimidos—, los cigarrillos electrónicos con nicotina se asociaron con una mayor tasa de abstinencia a los 6 meses o más.

En efecto, estos dispositivos aumentaron las posibilidades de abstinencia al cigarrillo en un 59 % (riesgo relativo 1.59). En términos absolutos, esto representa aproximadamente 3 personas adicionales que dejan de fumar por cada 100 tratadas (1,3).

La revisión sistemática viva de Cochrane considera que existe evidencia de alta certeza de que los cigarrillos electrónicos con nicotina producen más abandonos que la terapia de reemplazo de nicotina.

También parecen ser más eficaces que los dispositivos sin nicotina, aunque para esta comparación la certeza es menor (3).

Este beneficio no implica que sean superiores en todas las situaciones ni que deban constituir la primera opción: vareniclina, bupropión y las diferentes formas de reemplazo de nicotina mantienen un papel central, especialmente combinados con apoyo conductual.

Además, el dispositivo utilizado, la concentración de nicotina, la frecuencia de uso, la experiencia previa del paciente y la rapidez con que se abandone por completo el cigarrillo combustible pueden modificar sustancialmente el resultado.

Menos dañinos no significa inocuos

El documento sostiene que los cigarrillos electrónicos son menos dañinos que los cigarrillos convencionales.

Los estudios de biomarcadores muestran reducciones importantes en la exposición a sustancias tóxicas; para algunos compuestos, la disminución puede alcanzar aproximadamente el 90 % (1).

“Menos dañino” no equivale a “seguro”.

El aerosol puede contener nicotina, partículas ultrafinas, aldehídos, metales y otras sustancias potencialmente perjudiciales.

La nicotina mantiene la dependencia y puede producir efectos cardiovasculares agudos.

También existen dudas sobre las consecuencias respiratorias, cardiovasculares y oncológicas de la exposición durante décadas.

Los cigarrillos convencionales están en el mercado desde hace más de un siglo, mientras que los electrónicos llevan alrededor de dos décadas. Por eso, todavía no es posible cuantificar con la misma precisión sus efectos a 30 o 40 años.

El beneficio potencial debe evaluarse frente al riesgo que enfrenta una persona concreta.

Para un adulto que fuma y logra sustituir completamente el cigarrillo combustible, el balance probablemente sea favorable.

Para un adolescente, una persona que nunca fumó o alguien que incorpora el vapeo sin abandonar el cigarrillo, la situación es completamente diferente.

Hartmann-Boyce, en el editorial que acompaña al documento, subraya que la evidencia científica y los valores personales deben diferenciarse.

La discusión suele mezclar 2 preguntas distintas: qué muestran los estudios sobre eficacia y riesgo, y qué posición se adopta frente a la reducción de daños como estrategia sanitaria (2).

Las tres recomendaciones clínicas

La primera recomendación es incluir los cigarrillos electrónicos dentro de las opciones que pueden discutirse para dejar de fumar, junto con vareniclina, bupropión y las terapias de reemplazo de nicotina.

Esto no significa indicarlos sistemáticamente. El médico debería presentar primero las alternativas cuya eficacia y seguridad están mejor establecidas y considerar las preferencias del paciente.

Si una persona no desea recibir un medicamento aprobado, no tuvo éxito con tratamientos previos o muestra una preferencia clara por el cigarrillo electrónico, el documento considera razonable discutirlo.

La segunda recomendación es explorar y corregir las percepciones equivocadas sobre beneficios y riesgos.

Muchos pacientes —y también muchos profesionales— creen que el vapeo es tan dañino como fumar o incluso más. Esa equivalencia no está respaldada por la evidencia disponible.

Al mismo tiempo, tampoco debería transmitirse que vapear es inocuo.

La tercera recomendación es utilizar preguntas que favorezcan una decisión centrada en el paciente.

  • ¿Quiere abandonar por completo el cigarrillo o solamente reducirlo?
  • ¿Desea continuar consumiendo nicotina?
  • ¿Qué situaciones o síntomas hacen más difícil dejar de fumar?
  • ¿Qué tratamientos intentó anteriormente y qué ocurrió?
  • ¿Qué opción le resulta más aceptable?
  • ¿Cuenta con apoyo familiar o social?

El objetivo no es convencer al paciente de utilizar un determinado producto, sino comprender sus prioridades y construir una estrategia viable.

Si se elige el cigarrillo electrónico

La recomendación de JAMA propone algunas pautas prácticas.

El paciente debería utilizar un producto regulado o autorizado dentro del sistema correspondiente.

En los Estados Unidos, ningún cigarrillo electrónico está aprobado por la FDA como medicamento para dejar de fumar.

Algunos productos, sin embargo, cuentan con autorización para su comercialización como productos de tabaco después de una evaluación regulatoria.

No es lo mismo una autorización de venta que una aprobación terapéutica.

No existe evidencia suficiente para elegir una marca, formato, sabor o concentración universalmente superior.

El dispositivo debe aportar suficiente nicotina para controlar la abstinencia y los deseos intensos de fumar.

En algunos pacientes puede ser necesario probar más de una alternativa.

El reemplazo debe ser completo y lo más rápido posible.

Mantener simultáneamente el cigarrillo convencional y el electrónico —el llamado consumo dual— puede reducir poco la exposición tóxica e incluso, en algunas circunstancias, aumentar la cantidad total de sustancias inhaladas.

Fumar solamente algunos cigarrillos por día continúa asociado con un riesgo cardiovascular relevante.

El cigarrillo electrónico debería acompañarse con apoyo conductual, planificación de la fecha de abandono y seguimiento clínico.

Si el paciente continúa fumando después de un período razonable, es necesario revisar la estrategia y considerar otro tratamiento.

Una vez conseguida la abstinencia del cigarrillo convencional, el objetivo de largo plazo debería ser abandonar también el cigarrillo electrónico.

Sin embargo, si existe un riesgo alto de recaída, puede ser preferible mantenerlo transitoriamente antes que volver al tabaco combustible.

Una recomendación estadounidense y un escenario argentino diferente

El documento fue elaborado específicamente para los Estados Unidos, por lo que no puede trasladarse automáticamente a otros sistemas sanitarios.

En la Argentina, el escenario regulatorio cambió recientemente.

La Disposición ANMAT 3226/2011, que prohibía la importación, distribución, comercialización y publicidad de los cigarrillos electrónicos y sus accesorios, fue derogada en mayo de 2026.

Paralelamente, el Ministerio de Salud aprobó un nuevo marco de registro, comercialización y fiscalización para productos de tabaco y nicotina (4,5).

Este cambio no convierte a los cigarrillos electrónicos en medicamentos aprobados para dejar de fumar ni demuestra que cualquier dispositivo disponible tenga calidad, seguridad o una concentración de nicotina confiables.

La recomendación clínica debe considerar qué productos están efectivamente registrados, su composición y el cumplimiento de la regulación nacional.

También persiste una preocupación de salud pública: evitar que una estrategia destinada a adultos fumadores facilite la iniciación entre adolescentes, jóvenes y personas que nunca consumieron tabaco.

Conclusiones: ¿qué nos deja esta recomendación?

La nueva publicación de JAMA no afirma que los cigarrillos electrónicos sean inocuos ni propone reemplazar los tratamientos convencionales para dejar de fumar.

Su planteo es más específico: frente a un adulto que fuma, el médico debería poder discutir la evidencia disponible sin exagerar los riesgos ni minimizar las incertidumbres.

Los cigarrillos electrónicos con nicotina parecen aumentar las probabilidades de abandonar el cigarrillo y exponen a menos sustancias tóxicas que el tabaco combustible.

Su beneficio depende, sin embargo, de que la sustitución sea completa.

El consumo dual prolongado no debería considerarse un resultado satisfactorio.

La decisión debe integrarse a una conversación clínica individualizada, con información equilibrada, apoyo conductual y seguimiento.

El objetivo final continúa siendo el mismo: abandonar el cigarrillo, prevenir las recaídas y, cuando sea posible, interrumpir posteriormente toda exposición a productos de tabaco y nicotina.

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