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Café y té: ¿2 aliados contra la demencia?

Un estudio prospectivo publicado en JAMA en febrero de 2026, analizó más de 130.000 profesionales de la salud con hasta 43 años de seguimiento, y encontró que el consumo habitual de café cafeinado y té, se asoció con un menor riesgo de demencia y mejor desempeño cognitivo, mientras que el café descafeinado no mostró beneficio significativo. Lo resumimos y analizamos para INFOMED.

Puntos Clave

  • Un estudio prospectivo publicado en JAMA, en febrero de 2026, analizó 131.821 adultos con hasta 43 años de seguimiento para evaluar la relación entre consumo de café, té y riesgo de demencia.

  • Hubo una reducción relativa en el riesgo de demencia con el con café cafeinado. El mayor consumo de café cafeinado se asoció con un HR ajustada de 0.82, lo que implica una reducción relativa del 18% en el riesgo de demencia respecto a los niveles más bajos de consumo.

  • La relación no fue lineal: el beneficio fue más evidente con 2–3 tazas diarias. Incrementos superiores no mostraron reducciones proporcionales adicionales claras.

  • El té tuvo asociaciones similares: el consumo de 1–2 tazas diarias de té se asoció con menor riesgo de demencia y mejor función cognitiva subjetiva.

  • El café descafeinado no tuvo un beneficio significativo. Este no mostró asociación consistente con reducción de riesgo, lo que sugiere un posible rol de la cafeína en los efectos observados.

  • El mejor rendimiento cognitivo fue en mujeres: en la cohorte femenina, el mayor consumo de café se vinculó con mejores puntajes en pruebas cognitivas estandarizadas, aunque con magnitud modesta.

  • Existen distintos mecanismos que podrían explicar esto: el antagonismo de la adenosina, la reducción de inflamación, el menor estrés oxidativo y los efectos vasculares son hipótesis fisiopatológicas compatibles con los hallazgos.

  • Este fue un estudio observacional: no puede establecer causalidad. Siempre debe considerarse la posibilidad de confusión residual.

  • El consumo moderado de café o té parece seguro y podría integrarse dentro de un patrón de vida saludable asociado a menor riesgo cognitivo.

Un tema cotidiano con implicancias neurológicas mayores

Pocas exposiciones dietarias son tan universales como el café y el té. En la práctica diaria, rara vez interrogamos estas bebidas como posibles moduladores de riesgo cognitivo. Sin embargo, la creciente evidencia epidemiológica sugiere que podrían tener un rol más relevante del que imaginábamos.

Un nuevo estudio publicado en JAMA aporta algo poco frecuente en este campo: tamaño muestral amplio, seguimiento extremadamente prolongado y evaluación repetida de exposición dietaria.

La pregunta es concreta: ¿el consumo habitual de café o té modifica el riesgo de demencia y la función cognitiva a largo plazo?

El nuevo estudio

Se trata de un análisis prospectivo de 2 grandes cohortes estadounidenses:

  • Nurses’ Health Study (NHS)
  • Health Professionals Follow-up Study (HPFS)

En total se incluyeron 131.821 participantes libres de demencia, cáncer o enfermedad de Parkinson al inicio del análisis.

El seguimiento alcanzó hasta 43 años, con evaluación periódica de la ingesta de café (cafeinado y descafeinado) y té, mediante cuestionarios validados de frecuencia alimentaria.

Durante el período de seguimiento se documentaron miles de casos incidentes de demencia, permitiendo estimaciones robustas de riesgo ajustadas por múltiples factores de confusión: edad, tabaquismo, actividad física, IMC, comorbilidades, dieta global, entre otros.

 

Los resultados: ¿Qué encontraron en este estudio?

1. Café cafeinado y un menor riesgo de demencia

El hallazgo más consistente fue la asociación entre mayor consumo de café cafeinado y menor riesgo de demencia.

Comparando el grupo de mayor consumo frente al de menor consumo, el hazard ratio (HR) ajustada fue 0.82. Esto implica que, en el grupo de mayor consumo, el riesgo relativo de desarrollar demencia fue 18% menor respecto al grupo de referencia, tras ajustar por múltiples variables.

La relación no fue lineal. El mayor beneficio se observó con un consumo aproximado de 2 a 3 tazas por día, sin que cantidades mayores mostraran una reducción proporcional adicional clara.

2. Té y riesgo cognitivo

El consumo de té mostró asociaciones similares en dirección y magnitud. El beneficio más evidente se observó en quienes consumían alrededor de 1 a 2 tazas diarias.

Si bien la magnitud del efecto fue comparable a la del café cafeinado, los intervalos de confianza fueron algo más amplios en algunos análisis estratificados.

3. Café descafeinado: ausencia de asociación significativa

El café descafeinado no mostró una asociación consistente con menor riesgo de demencia.

Este punto es particularmente interesante desde el punto de vista fisiopatológico, porque sugiere que la cafeína podría ser uno de los componentes activos relevantes, aunque no necesariamente el único.

4. Función cognitiva objetiva y subjetiva

En la cohorte femenina (NHS), el mayor consumo de café cafeinado se asoció con mejores puntajes en pruebas cognitivas telefónicas estandarizadas (TICS). El efecto fue modesto en magnitud absoluta, pero estadísticamente significativo.

Además, tanto el café cafeinado, como el té se asociaron con menor deterioro cognitivo subjetivo reportado por los participantes.

 

¿Qué mecanismos podrían explicar estos hallazgos?

Desde el punto de vista biológico, varias hipótesis son plausibles:

  • La cafeína actúa como antagonista de los receptores de adenosina, modulando neurotransmisión y posiblemente reduciendo neuroinflamación.
  • Los polifenoles y antioxidantes presentes en café y té podrían disminuir estrés oxidativo.
  • Distintos efectos vasculares beneficiosos podrían mejorar la perfusión cerebral.
  • Estudios experimentales han sugerido impacto sobre el agregación de proteínas patológicas.

Es fundamental subrayar que este estudio es observacional. No puede establecer causalidad. Siempre existe la posibilidad de confusión residual: quienes consumen café o té pueden diferir en múltiples conductas saludables.

 

Las conclusiones: ¿qué nos deja este estudio?

Este análisis de más de 4 décadas sugiere que el consumo moderado de café cafeinado y té se asocia con menor riesgo de demencia y mejor función cognitiva.

No se trata de una intervención terapéutica ni de una recomendación formal de prevención primaria. Pero sí refuerza la noción de que ciertas exposiciones dietarias habituales podrían integrar el entramado de factores modificables vinculados al riesgo cognitivo.

Desde el punto de vista clínico, no hay evidencia para desalentar el consumo moderado de café o té en personas sin contraindicaciones específicas. Tampoco hay evidencia suficiente para prescribirlos como una estrategia preventiva formal.

El mensaje prudente es que, dentro de un estilo de vida saludable integral, el consumo moderado de café o té no solo parece seguro, sino potencialmente asociado a menor riesgo cognitivo.

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