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Arsénico en Argentina: un tóxico invisible que pone amenaza a millones de personas

El arsénico es, probablemente, el tóxico más viejo del que tengamos memoria. Acompañó a faraones y emperadores, protagonizó envenenamientos célebres en la Edad Media y se convirtió en una pesadilla sanitaria en Bangladesh a fines del siglo XX. En Argentina, su impacto es menos ruidoso, pero no menos profundo: se estima que entre 4 y 17 millones de personas podrían estar expuestas a niveles elevados en el agua de consumo, un número que coloca al país dentro de las regiones de mayor riesgo geológico del mundo. Revisamos en INFOMED por qué el arsénico sigue siendo un problema vigente, qué sabemos de sus efectos y cómo nos tenemos que manejar.

Puntos Clave

  • En Argentina, entre 4 y 17 millones de personas podrían estar expuestas a niveles elevados de arsénico en el agua de consumo, según datos combinados del ITBA, estudios provinciales y criterios de la OMS.
  • Las concentraciones detectadas en múltiples localidades alcanzan 50–150 microgramos por litro, y en algunos pozos rurales superan los 200 microgramos por litro, valores muy por encima del límite recomendado por la OMS (10 microgramos por litro).
  • La exposición crónica se asocia a un aumento significativo del riesgo de cáncer de piel (2 a 7 veces más frecuente), cáncer de vejiga (≈3 veces más), cáncer de pulmón (1,5 a 2 veces más) y, en menor medida, cáncer renal.
  • Los efectos cardiovasculares incluyen aumentos de 20–50% en riesgo de hipertensión y de 30–100% en enfermedad coronaria, además de mayor prevalencia de enfermedad vascular periférica.
  • Entre 20% y 40% de los adultos con exposición prolongada presentan neuropatías periféricas; en niños, se observan reducciones del 5–10% en parámetros cognitivos y mayor vulnerabilidad a infecciones.
  • Las manifestaciones cutáneas —hiperpigmentación y queratosis palmo-plantar— suelen aparecer tras 3 a 7 años de exposición sostenida y constituyen un hallazgo clínico típico del hidroarsenicismo crónico.
  • En embarazadas expuestas, aumenta el riesgo de bajo peso al nacer (10–15% más frecuente) y mortalidad perinatal; en la infancia, se observan mayores tasas de infecciones respiratorias e intestinales.
  • El Mapa de Arsénico del ITBA (2024–2025), con más de 350 muestras actualizadas, confirmó zonas de riesgo en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, La Pampa, Chaco, Santiago del Estero y otras provincias.
  • Las acciones sanitarias actuales incluyen ampliación de muestreos, mejoras en la capacidad analítica y nuevas plantas potabilizadoras, aunque persiste un déficit estructural en el control de pozos domiciliarios.
  • Para los médicos, la clave es preguntar por la fuente de agua, solicitar análisis cuando corresponda y considerar el arsénico en el diagnóstico diferencial de enfermedades dermatológicas, cardiovasculares, neurológicas y oncológicas en zonas endémicas.

El arsénico: un viejo conocido de la humanidad

El arsénico es tan antiguo como la Tierra. Está en las rocas, en las napas profundas, en el polvo que el viento arrastra desde hace miles de años.

Los griegos lo conocían, aunque no sabían que lo manipulaban; los romanos lo llamaban arsenikon, “masculino, enérgico, potente”.

Durante siglos fue el veneno perfecto: incoloro, insípido, difícil de detectar, siempre disponible. Solo recién en el siglo XIX, gracias a avances de la química forense, se empezó a entender su verdadera naturaleza.

Pero más allá de las intrigas históricas, el arsénico tiene una cara mucho más silenciosa: la de contaminante natural del agua subterránea, capaz de provocar daño crónico cuando se lo consume sin saberlo, día tras día, durante años.

Argentina: un país donde el suelo respira arsénico

Por razones geológicas, Argentina forma parte del grupo reducido de países donde el arsénico sube naturalmente, desde capas profundas hasta acuíferos utilizados para beber.

Desde hace más de un siglo se lo conoce en el país como Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico, una forma de intoxicación lenta y dañina que aparece en personas que consumen agua de pozos con altos niveles.

Hoy, con datos nuevos del Mapa de Arsénico del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA, 2024–2025) y mediciones provinciales, sabemos que la exposición es mucho mayor de lo que imaginábamos.

Los números son claros:

  • 4 millones de personas en zonas con mediciones directas por encima de los límites recomendados.
  • Hasta 17 millones, si se incluyen las áreas con riesgo geológico y registros históricos.

Esto equivale a entre el 9% y el 35% del país, dependiendo del criterio utilizado.

Las provincias más afectadas, de forma sostenida, son:

  • Buenos Aires (interior)
  • Córdoba
  • Santa Fe
  • Santiago del Estero
  • Chaco
  • La Pampa
  • Tucumán
  • Mendoza
  • Jujuy
  • Salta
  • San Luis.
  • Catamarca.

No se trata de un evento esporádico ni de un brote: es un rasgo estructural del territorio argentino.

Los números que importan: cuánto arsénico hay

A nivel internacional, la Organización Mundial de la Salud establece que el agua de consumo debe tener menos de 10 microgramos por litro.

En Argentina, el Código Alimentario aún permite hasta 50 microgramos por litro, 5 veces más.

Cuando el ITBA relanzó su mapa, encontró:

  • Localidades completas con 50 a 150 microgramos por litro.
  • Muestras puntuales que superaban los 200 microgramos por litro.
  • Municipios bonaerenses donde más del 70% del territorio provincial podría tener pozos con niveles elevados.

Estos valores, sostenidos en el tiempo, explican por qué el problema sanitario sigue creciendo pese a sus raíces históricas.

Lo que le hace al cuerpo: intoxicación lenta y profunda

El arsénico entra al organismo casi siempre por el agua. Se absorbe, circula y se deposita en piel, hígado, riñones, vasos sanguíneos y sistema nervioso.

A diferencia de otros tóxicos, no produce síntomas inmediatos: su daño es silencioso, acumulativo y persistente.

La evidencia toxicológica es contundente:

1. Cáncer: la señal más fuerte.

El arsénico es un carcinógeno comprobado en humanos.

El cáncer de piel aumenta entre 2 y 7 veces después de años de exposición.

El cáncer de vejiga se vuelve 3 veces más frecuente en personas que consumen aguas con niveles superiores a 50 microgramos por litro.

El cáncer de pulmón puede aumentar entre 1.5 y 2 veces, incluso en no fumadores.

También se observan aumentos más modestos en cáncer de riñón.

En un estudio argentino donde el promedio de exposición era de 203 microgramos por litro, se estimó que, en una población de unas 57.000 personas, podían esperarse hasta 500 casos atribuibles a arsénico a lo largo del tiempo.

2. Corazón y sistema vascular

El arsénico daña el endotelio, altera la microcirculación y aumenta la inflamación crónica.

El riesgo de hipertensión arterial puede aumentar entre 20 y 50%.

Respecto a la enfermedad coronaria, su riesgo puede aumentar de 30 a 100%, según la duración de la exposición.

La enfermedad vascular periférica, incluida la clásica “enfermedad del pie negro”, está descrita en áreas rurales expuestas.

3. Sistema nervioso: una neurotoxicidad menos conocida

En adultos expuestos crónicamente, entre 20 y 40% puede presentar una neuropatía periférica caracterizada por parestesias, disminución de la sensibilidad, debilidad o dolor.

En niños, se observan reducciones del 5 al 10% en indicadores de desarrollo cognitivo, memoria y habilidades ejecutivas.

Además, se observa un riesgo de infecciones respiratorias e intestinales, y una mayor vulnerabilidad a la malnutrición y a la anemia.

4. La piel: la huella visible

La piel es la que más habla ante la exposición prolongada al arsénico.

  • Hiperpigmentación típica: manchas oscuras en forma de “salpicado”.
  • Queratosis en palmas y plantas, muchas veces dolorosas.

Estos cambios pueden aparecer a los 3-7 años de consumo crónico.

Es, a menudo, la primera pista para el diagnóstico clínico.

El problema materno-infantil: donde se juega el futuro

El arsénico atraviesa la placenta. Por eso, en embarazadas:

  • Aumenta el riesgo de bajo peso al nacer entre un 10 y un 15%.
  • Se ha asociado a mayor mortalidad perinatal en zonas con exposiciones elevadas.
  • Los niños expuestos presentan mayor riesgo de enfermedades respiratorias y gastrointestinales.

En zonas vulnerables, rurales o periurbanas, con acceso limitado a agua potable, este impacto se multiplica.

La foto 2024–2025: el arsénico vuelve al centro de la discusión sanitaria

En los últimos 2 años el Ministerio de Salud amplió los muestreos provinciales, y varias provincias incorporaron nuevos equipos de análisis.

Además, se instalaron plantas potabilizadoras en pequeños municipios del NOA y de Buenos Aires.

En línea con esto, el ITBA actualizó su mapa con 350 muestras nuevas, muchas de ellas enviadas por escuelas, municipios, centros de salud y vecinos.

El relanzamiento del mapa no solo expuso el problema con mayor precisión: permitió que las comunidades se conviertan en parte del diagnóstico.

¿Qué debe hacer el médico clínico frente a un paciente en zona de riesgo?

El abordaje empieza con la geografía: ¿De dónde toma agua este paciente?

Esa pregunta, tan simple, puede cambiar el curso de un diagnóstico.

Entre las recomendaciones prácticas, encontramos:

  • Preguntar por la fuente de agua (pozo, red, perforación).
  • Averiguar si la localidad tiene análisis recientes.
  • Solicitar arsénico en orina (exposición reciente) o en cabello/uñas (exposición prolongada).
  • Examinar piel, sistema nervioso periférico, función renal y presión arterial.
  • Indicar solo agua segura.
  • En caso de niveles elevados o síntomas, derivar a toxicología.

Las conclusiones: un problema antiguo que exige respuestas modernas

El arsénico es parte de nuestra geología, pero no debería ser parte de nuestra vida diaria.

Argentina convive con este tóxico desde hace siglos, pero hoy contamos con mejores herramientas para detectarlo, medirlo y actuar.

Los números, con la exposición de millones, niveles que superan ampliamente los límites recomendados, un aumento comprobado del riesgo de cáncer, enfermedad cardiovascular, daño neurológico y problemas materno-infantiles, son concluyentes: no estamos ante un problema ambiental, sino ante un problema de salud pública.

Para los médicos, es una oportunidad para mirar distinto, preguntar distinto y diagnosticar mejor.

Para el país, es un llamado urgente a políticas sostenidas que garanticen acceso universal a agua segura.

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  • La información NO reemplaza la consulta médica profesional.

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